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Una publicación de la asociación SER

Reforma electoral requiere apoyo de la gente

La manera como  se desenvolvió el proceso de revocatoria en Lima hizo evidente el conjunto de falencias que debilitan la razón de ser de este mecanismo y ha permitido que exista un consenso mayoritario, tanto entre políticos como ciudadanos,  respecto a la necesidad de su reforma, al punto que, apenas pasados dos meses, existe  una propuesta presentada por los organismos electorales para hacerla realidad.

Lamentablemente, este proceso no ha sido el mismo en el caso de otras instituciones de la democracia, como son los partidos políticos y el sistema electoral,  que de manera más cotidiana muestran los serios problemas que atraviesan. Más de una vez se han presentado y han sido discutidas en el Congreso propuestas de reforma; la mayoría de ellas no llegó a ser agenda del Pleno y, por consiguiente no fueron aprobadas.

No faltan propuestas técnicamente consistentes, cuyo resultado positivo ha sido comprobado en el funcionamiento de las democracias y los partidos  en otros países. El principal problema ha sido   más bien la débil voluntad y decisión de los actores políticos encargados de aprobar las reformas, posiblemente porque  no sintieron que existiera  una seria exigencia ciudadana para acometerlas o porque su implementación  no iba a redundar en un mayor respaldo. En pocas palabras, al parecer,  en el corto plazo los costos de las reformas para los actores políticos serían más altos que los beneficios alcanzados.

Si lo dicho hasta aquí estuviera bien encaminado, la posibilidad de contar con cambios normativos dirigidos por ejemplo, a promover el fortalecimiento de la democracia interna en los partidos, su financiamiento público,  la eliminación del voto preferencial, la representación equitativa por género en las listas electorales  o competencias más fuertes del JNE y ONPE para la fiscalización en el cumplimiento de las normas, seguirá siendo un deseo insatisfecho de un sector minoritario de ciudadanos.

Tal vez un aspecto a tener en cuenta para intentar romper con el ciclo fallido de discutir propuestas que generalmente no llegan a aprobarse,  sea el de incluir a los ciudadanos de manera más efectiva en la discusión y presión a los actores políticos en favor de las reformas. Claro, para que esto suceda es necesario de acciones sostenidas en el tiempo,  dirigidas a informar y explicar los beneficios que traerá a la sociedad el que las cosas se hagan de un modo distinto al actualmente imperante.