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Una publicación de la asociación SER

Reforma de bicameralidad: ¿mejoraremos la representación?

La propuesta de reforma del Congreso apunta a levantar la calidad de la labor legislativa, devolviéndole su estructura bicameral. Una estructura que, hasta 1992 y salvo muy breves periodos, fue la que tuvo el Congreso peruano a lo largo de su historia republicana.

Ahora bien, reinstaurar el Senado conlleva varias decisiones y muchas de ellas tendrán efectos significativos. El primero, ya lo hemos señalado, el número. Un tema esencial, dado que, por su población, el país está subrepresentado en 130 congresistas. Es lo primero que hay que cambiar. Crear soluciones que no lo hagan, como veremos, no sólo difícilmente mejoraría la representación, sino que puede afectarla aún más.

El reparo de la ciudadanía es por el elevado costo del Congreso peruano, y tiene razón. Como expresamos en nuestro artículo anterior, puede costar menos un Congreso Bicameral que el Unicameral actual, siempre que la reinstauración del Senado venga acompañada de una “reingeniería” a fondo (y necesaria, por cierto, haya o no otra Cámara).  Por ejemplo, reduciendo el número de asesores por despacho (fortaleciendo la asistencia técnica de bancadas y comisiones), revisando los ingresos adicionales de los congresistas, como los de representación, además de gastos superfluos, etc. se puede llegar a una reducción significativa de su presupuesto. De este modo, se podría aumentar el número de congresistas elegidos para mejorar la proporcionalidad de la representación. Así, la pregunta simple del referéndum podría ser si estamos o no de acuerdo con sacar el número fijo de congresistas de la Constitución (un absurdo), para crear un Senado, con la condición de que no genere más gasto al país.

Al aumentar (sin más gasto) el tamaño del Congreso, se evitaría la inconveniente opción de restar curules para el nuevo Senado, del ya pequeño Parlamento nacional. Se hubiera evitado de esta manera la solución planteada en el proyecto del Ejecutivo: pasar a tener distritos electorales binominales, a los que llaman “micro distritos”, para la elección de los Diputados. Con ello, se está afectando la capacidad de representar proporcionalmente a la diversidad de posiciones políticas, cual ha sido la tradición moderna republicana peruana y de América Latina. Además, siendo tan centralista no sólo a nivel nacional, sino en la relación dentro de los mismos departamentos, podemos imaginar que, con binominales, la tendencia no se revertirá precisamente.

Ciertamente, es positiva la propuesta de presentar listas paritarias, es decir, de igualdad entre mujeres y hombres. Ahora, aplicado en distritos binominales, en principio, nada garantizaría ni siquiera los resultados electorales del presente (con cuota del 30%). Si hay 2 puestos, la tendencia es a poner a las mujeres en el segundo lugar. Por cifra repartidora, lo más probable es que salgan las cabezas de lista del partido ganador y el segundo. Ahora bien, habiendo Voto Preferencial, es posible que habría ayude a obtener el efecto deseado.

Pero en el caso del Senado, la cosa no está nada clara. Se habla de “macro distritos” y que todos los departamentos tendrán un senador. Intuimos que el resto se sumarán a los departamentos grandes. Es decir, distritos uninominales y binominales.  En los distritos uninominales, es decir, donde s elegirá sólo  un/a representante, la paridad anunciada entre mujeres y hombres, como está definida en el proyecto de ley, no se aplicaría. Letra muerta, salvo que se incorpore el mecanismo de la “paridad horizontal”. Si es binominal y sin voto preferencial, ocurrirá lo que señalamos más arriba: la propuesta de paridad para mujeres y hombres perdería su efecto de manera considerable.

En resumen, no nos parece buena idea el no afrontar un problema esencial: la necesidad de ampliar el número de congresistas. Es posible, siempre que esté condicionado a otro cambio sustantivo: reducir el gasto del Congreso, inflado ineficientemente desde 1993. De otro modo, tarde o temprano llevará también al Senado a esa misma dinámica negativa.

En vez de pullas, el Congreso, tan desprestigiado, haría bien en ser propositivo a fin de hacer suya la reforma, y abrir un debate productivo para consensuar ajustes.