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Una publicación de la asociación SER

¿Quo Vadis Martín?

Lo de Tamar Arimborgo en la comisión de educación en el Congreso es de terror, pero es solo una muestra más de lo podrida que está la política. La cosa es más grave aún, estamos rozando la vacancia presidencial, con el peligro de que Mercedes Aráoz sea la nueva presidenta. Sí, corremos el riesgo de que esta señora que nunca ha respondido a la justicia por todas las muertes en Bagua y que acaba de decir que lamenta sobre todo la muerte de los policías (denostando así la vida de los indígenas asesinados), podría estar en unos días gobernando de la mano con Pedro Olaechea como presidente del Congreso. Hay fiesta en el Club Nacional.

No busquemos algún rastro de coherencia en la vicepresidenta, acá lo que hay son las ganas desesperadas de gobernar.

Hace poco más de un año empezó esta montaña rusa política y aún seguimos en ella. Lo peligroso es que, si en algún momento íbamos cuesta arriba con la esperanza de cambiar todo este sistema político que le permitió al fujimorismo y al aprismo enquistarse en el poder, hemos empezado a ir desde hace poco en caída libre, y la esperanza del tan necesario cambio se nos escapa. Pensamos que la teníamos tan cerca.

El último talón de Aquiles del ejecutivo fue su terca decisión de sacar el proyecto Tía María Es cierto que con el EIA ya aprobado en el gobierno de Humala tenían muy poco margen de acción. Pero no supieron responder bien, no dieron la cara a una ciudadanía que aún no conoce si el acuífero se verá afectado o no, o si la planta desalinizadora realmente se construirá, y la ciudadanía no sabe porque hasta ahora ese EIA no ha podido afirmar esos pequeños -inmensos a la vez- requisitos esenciales para continuar con la agricultura.

Y no dar la cara les ha costado caro. Porque enterarse por la misma Southern molestó aún más a la gente en Islay. Pero hay que reconocer que, a diferencia de los gobiernos de García y Humala, esta vez no hubo un solo muerto producto de la represión. Este cambio sustancial lo saludamos. Pero al querer quedar bien con todos no ha contentado a nadie, y lo que ahora le juega más en contra: ha enojado a la CONFIEP y afines. Además, con el audio filtrado el fujiaprismo ha visto un salvavidas y se ha ensañado cual perro hambriento dispuesto a no dejar por nada su presa. Ardió Troya. Se lo dijo la calle: presidente, con la mafia no se dialoga, no se negocia, pero usted sigue dándole largas al asunto.

Ahora, tres congresistas, Aráoz, Choquehuanca y Bruce, han renunciado. Nadie les cree cuando dicen que la renuncia se debe a que no están de acuerdo con el rumbo económico del ejecutivo. Sobre todo si se fueron a minutos del cierre de la instalación de comisiones. Se van por que no quieren perder sus privilegios, sea la presidencia de una comisión o la inmunidad que perderán si las elecciones se adelantan. No hay que olvidar que Bruce está siendo investigado por su relación con una banda delincuencial en Chiclayo, sin inmunidad podría terminar de compañero de celda de varios políticos.

La situación cada vez se le pone más difícil, presidente. Y en las regiones la cosa no mejora. En el sur andino hay paro en Cusco y Apurímac. En Puno acaban de sentenciar al gobernador regional Walter Aduviri. Y no lo han condenado por un acto de su actual gestión, lo han sentenciado a 6 años por ejercer su legítimo derecho a la protesta, por ser uno de los representantes de su pueblo. Esta sentencia es peligrosa, porque al sentenciar a Aduviri se está sentenciando también a todo el pueblo Aymara que se movilizó el 2011 (en el gobierno de García). Y porque esta sentencia podría generar un pésimo precedente para tantos casos dónde se continúa criminalizando la protesta social. En Bagua, en Cajamarca, en Andoas, en Chumbivilcas, en Espinar, en Áncash y así podríamos enumerar cientos de lugares y miles de líderes, defensores de derechos humanos, que están investigados y procesados por defender sus derechos, la vida y la salud de sus pueblos. El miedo, pero también el hartazgo, está más vivo y a punto de estallar.

Las víctimas de las esterilizaciones forzadas aún no ven avances en sus derechos a la justicia y reparación, ni que decir de las víctimas del conflicto armado interno a quienes la justicia les es cada vez más inalcanzable (y ahora solo queda una sala resolviendo sus casos en el Poder Judicial), en la Amazonía el oleoducto sigue derramando petróleo debido a que no tiene el mantenimiento adecuado, los derechos laborales se ven cada vez más reducidos y esta nueva política de productividad y competitividad juega aún más en contra. En fin, las violaciones a los derechos humanos continúan.

Y si volteamos a mirar la lucha anticorrupción, ese disparador de la esperanza que tuvimos el 2018, vemos que esta también se estanca junto a la trunca reforma del sistema de justicia. Para muestra un botón, Pedro Chávarry y Tomás Galvez, esos fiscales involucrados con los “cuellos blancos del puerto” siguen golpeando al equipo de Rafael Vela y José Domingo Pérez. Quieren repetir la arremetida del 31 de diciembre del año pasado ¿los dejaremos esta vez?

Tome una posición clara presidente. La salida de elecciones adelantadas ahorita es la única posible. Cierre este Congreso. Aún queda tiempo de ver hacia adelante, de salir de este entrampamiento.

Es indispensable sacar de los lugares en dónde se toman las decisiones políticas a personajes que sirven a este modelo político y económico podrido basado en mafias. Necesitamos sacarlos, porque son estas mafias las que han imperado y se han enraizado en el país desde la década de los noventa. Si queremos cambiar la forma de cómo se ha venido manejando la justicia, la política y la economía en nuestro país, y si queremos instituciones de verdad sólidas, tenemos que sacar a esos personajes que se han levantado en peso nuestras vidas a punta de prebendas ilícitas y del extractivismo exacerbado que desprecia los derechos humanos de la ciudadanía.

Si no los sacan ahora no los sacarán nunca, es el momento de cambiar las reglas de juego completas, de generar instituciones sólidas y una democracia fuerte. Es ahora o nunca Presidente. No siga el camino de la mafia.

PD. Tampoco vale quedarse parado mirando como todo pasa.