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Una publicación de la asociación SER

PUCP: ¿De regreso a una concepción amplia?

“Somos una Universidad Católica gobernada por leyes católicas, si lo que esperan es pluralismo deben buscar en otra Universidad”
Sandra Ires, estudiante de ingeniería industrial de la PUCP (2)


No es la primera vez que escucho una opinión como la de Sandra, que cito en el epígrafe, sobre el conflicto entre la PUCP y la Iglesia, aunque quizá no siempre sea expresada de forma tan cruda y directa. Lo mismo nos dijo una compañera en una de mis últimas clases de pre-grado, recomendando a los católicos “aceptar la autoridad del Papa o buscarse otra religión” y a los no católicos que tuviéramos algo que decir, “buscarse otra universidad”. Es en el fondo lo mismo que defiende el cardenal Juan Luis Cipriani y compañía, así como el decreto del cardenal Bertone y sus cartas al rector de la PUCP y al presidente de la Conferencia Episcopal. En ese sentido, considero que vale la pena, tomar en cuenta estas posiciones y debatir con ellas en base a argumentos.

Convengamos en caracterizar esta postura como una concepción “amplia” del papel de la Iglesia en la educación, una en la que el conocimiento sólo puede ser generado en la medida que no entre en conflicto con la verdad religiosa revelada. Esta era la postura preponderante en la baja Edad Media; sin embargo, como estudió Luis Bacigalupo, “incluso la universidad medieval mostraba ya en los siglos XII y XIII un ejemplar ejercicio de la libertad de cátedra y de pensamiento respecto de las ortodoxias ideológicas de entonces: de aquellos tiempos data, por ejemplo, la saludable separación curricular de los estudios de filosofía y teología” (Gamio, 2007). Con el liberalismo, la separación entre esfera educativa y esfera religiosa es mucho más tajante porque “el liberalismo es un mundo de muros, y cada uno de ellos engendra una nueva libertad” (3). Así, como John Locke abogó por la separación entre Estado e Iglesia, medida que una vez aplicada permitió acabar con las guerras religiosas dando paso a la libertad de creencias, y así como  Adam Smith postuló distinguir el mercado del Estado dando paso a libertades económicas, trazar el muro que separa Universidad de Iglesia (así como de otras esferas) resulta una condición necesaria para “engendrar” la libertad académica e intelectual. Convengamos en llamar esta segunda postura -propia de la modernidad en el que se usa el “arte de la separación”  y ya no se entiende a la sociedad como una totalidad orgánica, integrada y uniforme– una concepción “limitada” del papel de la Iglesia en la universidad.

Quiero hacer énfasis que estas dos concepciones no son parte de una dicotomía, sino que son los polos de un continuo. Es decir, existen matices y la separación no es nada sencilla como lo ejemplifica la disputa sobre la PUCP y el hecho de que existan “universidades católicas”. No obstante, al menos a partir del Concilio Vaticano II y claramente en la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae del Papa Juan Pablo II sobre universidades católicas (que, paradójicamente, ahora se cita para exigir lo contrario), la Iglesia Católica pareció encontrar el lugar entre estos polos para este tipo de universidades. En este documento, Juan Pablo II separa por un lado lo que les corresponde en tanto universidad y, en tanto católica (4). Es decir, en todo momento reconoce lo que concierne a uno y otro ámbito, entendiendo que cada unos tiene sus exigencias y criterios, no siendo irreconciliables. Esto queda claro en su énfasis en que la relación entre fe y razón es de diálogo, es decir que una no tiene porqué subordinar a la otra. Juan Pablo II tiene plena confianza en que Dios es a la vez Dios-Logos por lo que la búsqueda de la verdad no tiene que contradecirse con el hecho de que ya se conoce la Verdad Suprema.

Desde mi punto de vista, a la luz de estos documentos se podría reconocer que el adjetivo de “católica” no puede, ni debe, hacer claudicar a la PUCP de ser una verdadera universidad, porque jamás la lógica clasificatoria per genus et differentiam ha implicado que la especie (en este caso “católica”) elimine el género (en este caso “universidad”) sino únicamente la adición de ciertas características. Como universidad, no puede renunciar a la excelencia académica, a la discusión de diferentes posturas, la pluralidad, la autonomía, la libertad de pensamiento o la libertad intelectual como la propia Ex Corde Ecclesiae reconoce. No obstante, lo que ha sucedido con la PUCP muestra el intento de imponer nuevamente una “concepción amplia” por parte del principal defensor de esta postura en el Perú, Juan Luis Cipriani (5), demostrando una vez más su gran poder no sólo como jefe de la Iglesia Católica en Lima (formalmente) y cabeza de la iglesia a nivel nacional (de facto), sino como actor político en el país (6), haciendo uso de sus influencias en Roma apoyado en “el viraje conservador del Vaticano, que cambió el curso progresista inaugurado dos décadas antes con el papa Juan XXIII y el magisterio del Concilio Vaticano II”(7).  Para muestra un botón: algunos de los que hoy celebran el desenlace del conflicto de la PUCP y la Santa Sede, muestran su rechazo a estos años de cambio en la Iglesia Católica con afirmaciones como la siguiente: “el proceso de “autodemolición” que la Iglesia sufrió tras el Concilio Vaticano II, como lo denunció el Papa Paulo VI; un proceso que hoy desemboca en lo que Benedicto XVI con toda propiedad ha denominado dictadura del relativismo” (8). 

El Decreto del Cardenal Tarciso Bertone en que se prohíbe a la PUCP usar las denominaciones de “Pontificia” y “Católica” aduce dudosamente (y precisamente por eso sigue sin poder establecer claramente en qué aspecto) que no ha adecuado sus estatutos al Ex Corde Ecclesiae y afirma que la que quizá sea la mejor universidad del Perú y una de las mejores en América Latina “persiste en seguir orientando sus iniciativas institucionales según criterios que no son compatibles con la disciplina y la moral de la Iglesia”. Sólo se entiende lo dicho en vista de que lo que están buscando los sectores conservadores que actualmente ocupan las cúpulas de poder en la Iglesia Católica es un regreso a la “concepción amplia” de la relación entre religión y educación propia de la Edad Media. Es una concepción que atenta contra la libertad académica y la libertad intelectual necesarias en toda universidad incluyendo las universidades católicas, porque hemos mostrado que lo que venía sucediendo progresivamente desde hace 10 siglos no hacía que para la PUCP sea necesario enfrentarse al dilema de escoger entre la “P” y la “C” o la “U” que se presentó como inevitable (9).

Notas:


1)  Egresado de Ciencia Política de la PUCP.

2) Willian Neuman y Andrea Zárate (2012). “Catolic Churh and University In Peru fight over name”. The New York Times, 02 de Agosto. Traducción libre del Inglés: “We’re a Catholic school that’s governed by Catholic laws(…) If people want pluralism, they should look for it at another school.” Disponible en: http://www.nytimes.com/2012/08/02/world/americas/catholic-church-and-university-in-peru-fight-over-name.html?pagewanted=2&_r=3&ref=todayspaper

3)  Walzer, Michael. El liberalismo y el arte de la separación. En: Guerra, Política y Moral. Barcelona: Paidós, 2001.

4)  En tanto universidad dice que “goza de aquella autonomía institucional que es necesaria para cumplir sus funciones eficazmente y garantiza a sus miembros la libertad académica, salvaguardando los derechos de la persona y de la comunidad dentro de las exigencias de la verdad y del bien común” entendiendo por autonomía institucional que el auto-gobierno y libertad académica es “la garantía, dada a cuantos se ocupan de la enseñanza y de la investigación, de poder indagar, en el ámbito del propio campo específico del conocimiento y conforme a los métodos propios de tal área, la verdad por doquiera el análisis y la evidencia los conduzcan, y de poder enseñar y publicar los resultados de tal investigación”. En tanto católica menciona, entre otros aspectos, la importancia de la participación de Obispos en la comunidad académica pero aceptando que la mayoría serán laicos católicos y aclarando que muchos miembros también serán de otras iglesias, comunidades religiosas o personas que no profesan ninguna fe reconociendo en ellos “contribuyen con su formación y su experiencia al progreso de las diversas disciplinas académicas o al desarrollo de otras tareas universitarias”; la necesidad de una Facultad de Teología o al menos una cátedra; la Filosofía y sobre todo Teología guiando las implicaciones éticas de las investigaciones; tener un centro pastoral; y estar  comprometida a un diálogo entre fe y razón.

5)  Ver, por ejemplo: http://www.diario16.com.pe/noticia/15329-en-la-pucp-solo-estudiaraan-quienes-respeten-normas-de-la-iglesia

6)  Quienes tengan dudas pueden revisar la Encuesta de Poder elaborada por Apoyo año a año desde 1981.

7)  Manrique, Nelson (2011). La batalla por la PUCP. Diario La República, 20 de Septiembre. Disponible en: http://www.larepublica.pe/columnistas/en-construccion/la-batalla-por-la-pucp-20-09-2011

8)  http://www.tradicionyaccion.org.pe/tya/spip.php?article199#nb5

9) Ver también: http://diario16.pe/columnista/32/pablo-quintanilla/1873/el-caso-pucp-a-quia-n-pierde