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Una publicación de la asociación SER

Prioridad para Lima: Plan de gestión cultural

En el mensaje de inicio de su gestión municipal, el electo alcalde de Lima reiteró los convencionales ofrecimientos para la ciudad y que de hecho atraen a un buen sector de la población: puentes, pistas y otros proyectos de infraestructura a manera de un listado de obras que, pudiendo ser necesarias, están lejos de constituir un mensaje de gestión a la altura de una ciudad capital como Lima, que concentra un tercio de la población y en la que podríamos encontrar a “todas las sangres” representadas, conviviendo y compartiendo la situación de desorden, inseguridad, crecimiento sin planificación, contaminación, entre otros problemas que afectan severamente la calidad de vida de la gente.

Justamente de lo que ha carecido la campaña y el discurso de esta administración municipal, ya conocida por cierto, es de una visión de ciudad metropolitana que debiera tener como prioridad la construcción de una ciudadanía no solo urbana sino que responda por origen a una diversidad de culturas, con lo que ello implica en cuanto a valores, simbolismo, creencias, comportamientos, en base a los cuales se genera determinada identidad.

Precisamente porque se trata de una realidad compleja es que Lima requiere ser gobernada por líderes políticos que comprendan esta realidad e implementen las acciones que ayuden a crear las condiciones de una ciudad que incluya a todos estos grupos sociales en un contexto de permanente diálogo intercultural. La Lima de los últimos cincuenta años es muy distinta a la ciudad señorial que quizás aún añoren muchos limeños, y los cambios sociales generados conllevan nuevas estrategias de desarrollo metropolitano.

Es así que la vida en comunidad que Lima requiere no debiera limitarse a realizar obras de fierro y cemento, que pueden ser necesarias en determinados sectores, sino que necesita poner en marcha acciones que logren comunicar a los hombres y mujeres entre sí en un clima de comprensión y tolerancia de la diversidad de formas de realización de las personas. Falta llegar a esos niveles de respeto, orgullo, cariño por la ciudad, cuidándola y valorándola. Ello será posible en la medida en que la misma ciudad considere a las personas como ciudadanos plenos en derechos y obligaciones, incluyendo el respeto a las diversas representaciones culturales.

El desarrollo del territorio ya no puede ir desligado de la identidad cultural y parece que esos enfoques aun no son bien comprendidos por las actuales autoridades municipales. Cuán preocupante es esta problemática que lo ya exiguo del presupuesto invertido en cultura por la administración saliente fue mayor que lo que se invirtió antes en este prioritario componente del desarrollo. Aun cuando han sido importantes los esfuerzos realizados por la anterior administración, expresados en la salvaguarda del patrimonio cultural material e inmaterial, y en la participación y movilización social en torno a actividades artísticas diversas, falta mucho por hacer para que la riqueza milenaria que atesora la capital permita construir una convivencia multicultural con inclusión y vida digna para los millones de hombres y mujeres que aspiran a lograrlo. El retraso de Lima es preocupante, tan solo comparando las inversiones que realizan las capitales de países vecinos como Bogotá y Quito.

Finalmente, serán estas medidas de inclusión social y cultural las que tengan resultados más exitosos en la lucha contra la inseguridad generada por sectores sociales, mayormente jóvenes, cuyas aspiraciones no son consideradas por los gobernantes. El desarrollo entendido como expansión de capacidades, potencialidades y oportunidades, requiere de ciudadanos y ciudadanas viviendo con tolerancia, respeto, espíritu crítico y emprendedor, y no simplemente de multitudes, como decía Jorge Basadre, o de consumidores de programas enlatados adormecedores de conciencia. Lima necesita un plan de gestión cultural, entendido como prioridad de inversión y no como simple gasto corriente. En posteriores artículos compartiremos propuestas más específicas que contribuyan a una mejor gestión cultural para Lima que requerirá de una mayor participación de la sociedad civil y de la iniciativa privada si se pretende lograr cambios en el enfoque de gobierno municipal que actualmente conduce Lima.