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Una publicación de la asociación SER

Nuestro problema, nuestra responsabilidad: la sobrepoblación de perros y gatos

Estamos acostumbrados a ver perros y gatos en nuestras calles. A algunos les preocupa que les puedan morder, a otros que puedan ser atropellados o sufrir otros perjuicios; y a no muy pocos, les preocupa hacer algo para que la situación cambie. Lo cierto es que cada vez está más claro que no es bueno para nadie (incluyendo para los animales desde luego) que su población crezca y que como sociedad no seamos capaces de evitarlo.

Cuando hablamos de sobrepoblación de perros y gatos nos referimos a la enorme cantidad de estos animales que transitan en las calles sin supervisión. Ya sea porque originalmente fueron abandonados, extraviados y/o se reprodujeron en la calle; o porque viven en situación de semi abandono por una práctica de “crianza en calle” que algunas familias mantienen[1]. Entonces, esta situación, no solo no solo no es buena sino que constituye un problema público y por ende una responsabilidad colectiva. Necesitamos, pues, una estrategia integral, sostenible (por ende eficiente) y coherente con lo que aspiramos a ser como sociedad.

En primer lugar, la sobrepoblación es un problema de salud pública. La alta densidad poblacional es un riesgo de transmisión de enfermedades entre animales y personas (zoonosis). Pudiéndose haber contagio de parásitos o hasta del conocido virus de la rabia. El propio Ministerio de Salud ha identificado como una de las causas del riesgo epidemiológico para rabia humana en el Perú a las insuficientes acciones de los gobiernos locales en el control de la población canina (MINSA 2017). Una población de animales esterilizados, más bien, constituye una factor positivo, junto a medidas de tenencia responsable, para el control de dicho virus (Belo et al.).

En segundo lugar, es un problema de educación ambiental, porque estamos demasiado “acostumbrados” a ver el sufrimiento animal como algo normal. Y especialmente a mantener formas de crianza de perros y gatos que perjudican el ambiente, a las personas y a los propios animales. Las gente (aunque cada vez menos) no se escandaliza porque alguien les cuenta que sus animales solo ingresan o dormir en los techos, o que regularmente tengan que adquirir uno nuevo porque el anterior fue envenenado o algo similar. Se perpetúa, en ese sentido, una cultura de desatención a los animales domésticos que se basa en no reconocerlos como parte del hábitat urbano y de buscar formas más saludables de convivencia con ellos. Al respecto, que no es insulso que la Política Nacional de Educación Ambiental señale que uno de sus fundamentos es el respeto y protección a toda forma de vida.

En tercer lugar, es un problema público porque la sobrepoblación de perros y gatos permite, agrava y legitima la violencia contra los animales de compañía. Los animales se vuelven, de hecho, en un “objeto contenedor de violencia social” (Del Pomar 2018). Estas prácticas, sin embargo, en nuestro país ya están penada a través de la Ley 30407, que en su Artículo 1 los reconoce como seres sensibles y además dispone que “merecen  gozar de buen trato por parte del ser humano y vivir en armonía con su ambiente”. Cuando los perros están en la calle consumen alimentos en descomposición, adquieren enfermedades, son atropellados y hasta fallecen sin ningún de atención médica. Además, al no estar castrados participan de peleas de control territorial y se reproducen bajo condiciones paupérrimas. Esto, a su vez, genera una relación tensa con las personas, que los envenenan, agreden, alejan de sus casas con métodos con métodos violentos y que abandonan/eliminan a las crías sin mayor consecuencia legal.

Conocer esta problemática desde sus distintas aristas nos puede llevar a afrontarla de mejor manera. No solo se trata, pues, de tener estrategias de vacunación contra la rabia, ni de una retórica amigable con los animales, ni lamentarnos por su sufrimiento. Sino de asumir que la complejidad del problema y su íntima relación con nuestras prácticas cotidianas, requiere de políticas públicas integrales que vean en la sobrepoblación de perros y gatos el síntoma de las relaciones poco saludables que venimos manteniendo con ellos.

Cómo se afronta. En principio, asumiendo que es nuestra responsabilidad[2]. Que no es un problema privado de una familia que “trata mal a los animales”. Sino, parte de una cultura ambiental (que ya hemos explicado) y política, en tanto las autoridades aún no abordan con la seriedad del caso el tema.

En segundo lugar, y siguiendo con la idea anterior, que necesitamos de una política de convivencia saludable saludable con los animales domésticos, a la que se articulen los diversos esfuerzos que vienen realizando los municipios locales, el Ministerio de Salud, el Ministerio de Educación, las asociaciones civiles, las asociaciones de vecinos, los colegios profesionales, etc.

En tercer lugar, se requiere promover e implementar lo antes posible programas estatales de esterilización permanente, de calidad, masivos y de bajo costo y/o gratuitos a nivel nacional. La esterilización, que es la extirpación de las glándulas sexuales del animal mediante un procedimiento quirúrgico, se hace una sola vez y evita el celo, la ansiedad sexual y la reproducción, cortando la cadena de abandono y mejorando notablemente la actitud del animal. Su eficiencia como método de control poblacional sostenible en el tiempo, acompañado de medidas de educación ambiental por ejemplo, ha sido demostrada por numerosos estudios (Spehar y Wolf 2018, Kisiel et al. 2018), incluyendo a países latinoamericanos como Argentina (Zumpano et al. 2011). Sacrificarlos, valga la aclaración, más bien ha sido rechazo como método eficiente de control población y hacerlo, más bien, genera condiciones para la expansión de virus como la rabia canina y humana (Castillo-Neyra et al. 2016).

No nos acostumbremos, podemos vivir en una mejor ciudad si es que aceptamos que los perros y gatos, desde el momento en que nuestra especie los domesticó, han pasado a ser parte de nuestros hábitats urbanos. Son nuestra responsabilidad, como personas y como ciudadanas/os que le exigimos a los gobiernos que garanticen un ambiente sano y sin violencia.

 

Esta semana la columna de Comadres cuenta con la colaboración especial de Diana Flores. La Plataforma Comadres es un espacio que busca posicionar el trabajo de las mujeres en el análisis de la política nacional e internacional.

 

Referencias:

Castillo-Neyra, Ricardo; Levy, Michael Z & Náquira, Cesar. (2016). Efecto del sacrificio de perros vagabundos en el control de la rabia canina. Rev Peru Med Exp Salud Pública 33(4): 772- 779. doi: 10.17843/rpmesp.2016.334.2564

Kisiel LM, Jones-Bitton A, Sargeant JM, Coe JB, Flockhart DTT, Canales Vargas EJ, et al. (2018) Modeling the effect of surgical sterilization on owned dog population size in Villa de Tezontepec, Hidalgo, Mexico, using an individual- based computer simulation model. PLoS ONE 13 (6): e0198209.

Del Pomar, Manuel. (2018). Política Pública y animal de compañía abandonado: una aplicación práctica de la Ley 30407, de protección y bienestar animal, en Lima entre 2016 y 2017. Tesis de Maestría en Gobierno y Gestión Pública. Instituto de Gobierno y Gestión Pública de la Universidad San Martín de Porres.

Ministerio de Salud del Perú. (2017). Programa presupuestal enfermedades metaxénicas y zoonosis. Anexo 2 (MINSA). Ver en: http://bit.ly/2oZTSdt.

Spehar, D. and Wolf, P.J. (2018) A Case Study in Citizen Science: The Effectiveness of a Trap-Neuter-Return Program in a Chicago Neighborhood. Animals, 8, 14; doi:10.3390/ani8010014

[1]             Chomel B, Chappuis G, Bullon F, Cardenas E, David de Beublain T, Maufrais MC, et al. (1987) Serological results of a dog vaccination compaign against rabies in Peru. Rev - Off Int Epizoot. Mar 1; 6(1): 97–113. Por su parte Del Pomer (2018), también reconoce esta situación al distinguir entre animales de compañía con dueño y sin dueño definido.

[2]             Al respecto se puede revisar la tesis de Del Pomar (2018, xiv) que propone pasar de una idea de dominancia hacia una de responsabilidad ante los animales de compañía.

Foto: Internet