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Una publicación de la asociación SER
Cusqueño de nacimiento. Con estudios de Filosofía y Ciencias Religiosas en el Instituto Libre de Filosofia y la Universidad Ibero Americana (México,D.F). Diplomado en Antropología en la PUCP.

No hay buena educación sin compromiso

Hablar de la educación es hablar de algo muy importante para las personas como para las sociedades. En el Perú llevamos años hablando de ella de diversas maneras, pero parece que hemos llegado a tocar fondo ya que los índices de la calidad de nuestra educación nos muestran que debíamos declararla en emergencia. Pero esto tampoco es nuevo ya que en durante el gobierno del presidente García, e incluso antes, fue declarada así, pero fue una voz en el desierto, nadie hizo caso a la declaratoria, era como que se hubieran dicho ¡Incendio, incendio¡ y nadie corriera ni hiciera nada.

Como muchos retos que tiene el Perú no es nada sencillo el tema y por lo tanto no se lo debe tomar  a la ligera, involucra muchas cosas, personas, recursos y sobre todo la necesidad de tomar decisiones acertadas y sostenidas. Todos estamos de acuerdo en que debe mejorar la calidad de la educación pero el problema se presenta en la manera de plantear su solución. Nadie puede negar que todos queremos que los maestros mejoren sean mejores personas y mejores profesionales, que lean más y preparen bien sus clases, que sus sueldos se incrementen, etc.

Todos también sabemos que se tiene que mejorar -de manera urgente- la infraestructura educativa: salones, baños, bibliotecas, laboratorios, campos deportivos, equipos de cómputo, etc  para que mejoren las condiciones en las que se da el proceso educativo. La educación no mejorara sin el aporte clave de los padres y madres que tenemos hijos educándose, sin el afecto ni el tiempo, ni los recursos para cumplir sus tareas.

Pero  ¿si ya tenemos varios diagnósticos (PEN, PER, PEL) por qué no se pasa a la ejecución de las políticas educativas? Donde esta el problema? Pareciera que se entrampa en el terreno económico, que es el que establece las decisiones y prioridades en el Estado Peruano. Dicen que el infierno esta empedrado de buenas intenciones y no precisamente de acciones buenas y concretas. Creo que es hora de pasar de los diagnósticos y propuestas a la inversión de manera seria y sostenida en la educación, ya que mientras no se incremente el presupuesto público en educación estaremos en el terreno de las intenciones solamente. Pero para que esto suceda tenemos los padres de familia y los ciudadanos mas lucidos políticamente encontrar las maneras y formas de que se haga esto,  imitando el ejemplo de otros países donde pacifica pero decididamente han logrado que las autoridades competentes hagan lo que tienen que hacer.

No podemos esperar que la bonanza económica que tiene el país se vaya por otros lados, el futuro de nuestros niños y jóvenes se juega en la calidad de todos los niveles de nuestra educación. Evidentemente que la primera infancia (0 a 5 años) tiene que ser prioridad sin embargo no debemos descuidar los otros niveles ya que en todos ellos hay necesidades que no pueden ser escamoteadas. La  revolución educativa tan esperada tiene que darse ya. Para lograrlo nos tenemos que poner de acuerdo, todos y todas, superando posiciones políticas, fe religiosa y condición social. Nadie que tenga dos dedos de frente puede decir “es algo que no me interesa”, todos tenemos que poner algo en este momento clave de nuestra vida nacional. Un pueblo educado es un pueblo libre, un pueblo educado tiene futuro.

Pero como decíamos al principio la realidad es compleja y dura, por lo tanto requiere no solo diagnosticar se requiere compromiso.  El desarrollo de las competencias de nuestros hijos en su proceso de aprendizaje en las distintas áreas del saber tiene que mejorar pero para ello se necesita mejores docentes, mejores escuelas, mejores padres y madres y mejores autoridades que apoyen desde los gobiernos locales las acciones que el ministerio puede y de hecho esta haciendo.

Los mismos niños y niñas, los adolescentes y jóvenes tienen que descubrir la alegría de aprender, de descubrir, de saber. No basta que el docente este mejor motivado y mejor preparado, o que los padres demos más tiempo a nuestros hijos para ayudarles en sus tareas y búsquedas, hace falta que toda la comunidad educativa se renueve.

Estamos en un proceso continuo de nuevas formas de aprender y de contenidos del saber, sin embargo pareciera que muchos docentes no se dieran cuenta de ello. Hoy los niños y las niñas aprenden de otra manera, les interesan otras cosas, tienen fortalezas y deficiencias distintas a las que tuvimos nosotros cuando éramos de su edad. Hoy las tecnologías de la comunicación tienen una importancia formidable en los saberes e intereses y necesitamos estar atentos para que nuestra educación sea pertinente y real.

Para terminar la educación es un asunto que nos importa a todos y que tiene que ver con nuestras concepciones de la vida, con los modelos de sociedad que tenemos, con los valores que vivimos o deseamos tener. Por eso desde esta columna seguiremos aportando a que el Proyecto Educativo Nacional se vaya convirtiendo en una realidad ya que su meta es llegar al segundo centenario de nuestra independencia en mejores condiciones de las que nos encontramos. El esfuerzo de tantas personas que participaron en él no puede quedarse en el papel  o solo en deseos y buenas intenciones.