Skip to main content
Una publicación de la asociación SER

Neoliberales y neoconservadores

En la elección de segunda vuelta del 5 de junio, los peruanos tendremos que escoger entre opciones que a grandes rasgos podemos clasificar como una neoliberal (PPK) y otra neoconservadora (el fujimorismo). Más allá de los temas de coyuntura que muestran una asociación recurrente del fujimorismo con el crimen organizado, es importante reflexionar conceptualmente sobre estas categorías, que, como era de esperarse, tienen fuertes matices al aplicarlas a los proyectos políticos peruanos. Valga aclarar que con esta reflexión no pretendo explicar ni predecir el voto, ni recomendarle estrategias de campaña a nadie. Sí me parece, sin embargo, que a la luz de estos conceptos encontramos razones adicionales para preferir un eventual gobierno de PPK que del fujimorismo.

Veamos. En la definición de David Harvey (Oxford, 2005) el neoliberalismo es, en primera instancia, una teoría de prácticas político-económicas que propone que el mejor camino para alcanzar el bienestar humano es darle rienda suelta a las libertades y talentos emprendedores individuales, en un marco institucional caracterizado por derechos de propiedad sólidos, mercados desregulados y comercio libre. El rol del Estado en este modelo es crear y garantizar este marco institucional, pero no ir más allá. En la práctica, el neoliberalismo –siempre con Harvey– se manifiesta como un proyecto de restauración de poder económico en favor de una élite pequeña. El neoliberalismo no existe en estado puro y como todo proyecto, se construye políticamente y se adecúa a condiciones locales. De ahí su carácter híbrido y la justificación permanente de que los problemas bajo el neoliberalismo se dan precisamente porque el modelo no se ha profundizado lo suficiente.

Pero el neoliberalismo, en teoría, no se limita a la discusión económica sino que se extiende a las libertades políticas. Además de que la libertad económica es la condición básica para incrementar el bienestar material, el modelo defiende también la libertad de expresión, de pensamiento, de religión, de opción sexual, etc., es decir, las libertades individuales. El neoliberalismo (siempre en teoría) se opone ferozmente a cualquier forma de tiranía (sobre todo aquella que viene desde el Estado). Pero en la práctica, en muchos casos el énfasis en las libertades individuales, el desmantelamiento del Estado, el mercado dejado a su libre albedrío y en general los lazos sociales reducidos a meras transacciones de mercado, generan caos. El fetichismo del mercado autorregulado, parafraseando a Polanyi, destruye la sociedad. Y es ahí cuando aparecen las respuestas neoconservadoras.    

En Estados Unidos, la opción neoconservadora también respalda el poder corporativo, la empresa privada y la restauración del poder de clase. Sin embargo, tiene una preocupación mucho más marcada por el orden como respuesta al caos de los intereses individuales (que se traduce con facilidad en autoritarismo) y, en segundo lugar, un firme apego a la moralidad conservadora como el pegamento que mantiene la cohesión de los lazos sociales. De ahí sus posiciones “en defensa de la vida” y a favor de “la familia”, y en contra de la legalización del aborto, las uniones civiles entre personas del mismo sexo y en general las libertades sexuales. No es difícil ver las similitudes locales con el fujimorismo.  

A PPK hay que tomarlo como lo que es: un neoliberal. PPK no es un abanderado de la democracia (no haber trabajado con dictaduras no es suficiente), ni tampoco un defensor de los derechos civiles o sociales (el discurso del agua no solo no me lo creo, sino que pienso que detrás de su interés por el tema hay un proyecto mayor de privatización del recurso, lo que personalmente quisiera oír desmentido con todas sus letras). PPK haría desde el Estado lo que mencionábamos más arriba: brindar un marco institucional que, en cristiano, facilite los negocios privados. Llegado el momento, su inclinación económica podría pesar sobre sus convicciones democráticas (en realidad esto quedó bastante claro en el 2011). Sin embargo, PPK (y sobre todo varios cuadros de su equipo) tiene credenciales mucho más serias para empujar o al menos ser tolerante frente a las clásicas agendas progresistas del liberalismo: ambientales, de diversidad sexual, derechos civiles, etc. El fujimorismo, por su parte, es una opción neoconservadora: enfatiza su preferencia por el orden, la autoridad y la moral cristiana más retrógrada.

Abundan las razones para criticar al neoliberalismo. Pero estas razones quedan cortas si se comparan con los problemas adicionales que trae la opción neoconservadora. Y en el caso concreto del fujimorismo hay que añadir, además, el copioso prontuario penal inherente a ese proyecto.