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Una publicación de la asociación SER
Psicólogo con maestría en Sociología.

Multimillonarios

La revista “Forbes” presentó hace poco lista 2013 de los multimillonarios del mundo, trayendo tres sorpresas: primera, aparecieron de golpe diez peruanos, cuando sólo figuran cinco argentinos, cinco colombianos, tres venezolanos, seis holandeses, ocho árabes, seis sudafricanos, entre otros. Segunda,  figuran los hermanos Belmont, dedicados a la industria de la perfumería y el maquillaje, cuando nunca antes se los había registrado. Tercera, no está Dionisio Romero o su único hijo, cuando Credicorp, su empresa insignia, es una de las dos peruanas que figuran en la lista de las 2 mil empresas más grandes del mundo. Dudo que su fortuna sea menor a mil millones de dólares, que son los que se necesitan para ser socio de este exclusivo club global.

Según la publicación, las fortunas de los hermanos Eduardo y Juan Fernando Belmont suman alrededor de 8,300 millones de dólares; las de los tres hermanos Brescia, 4,500 millones; la de Carlos Rodríguez Pastor del grupo Interbank se eleva a 3.4 mil millones; el grupo Gloria, de los arequipeños Rodríguez les ha permitido acumular 3 mil millones; mientras que las minas de Eduardo Hochschild se calcula que le han permitido amasar 2.1 mil millones, 100 más que sus competidores de la familia Benavides. Un total de casi 23 mil millones de dólares. Y como los peruanos no podemos de dejar de compararnos con Chile, debo decir que en la lista figuran 14 chilenos (entre ellos el presidente Piñera con 2.5 mil millones) que amasan en conjunto 61,350 millones de dólares, casi el triple.

A mí me sorprendió, además, que de los 200 comentarios virtuales aparecidos en el diario que dio la noticia, el 95% fuera para mostrar su orgullo como peruanos (sic). Como si eso los beneficiara. Pese a identificarse con ellos, los comentaristas no repararon en que diez multimillonarios no cambian la dura verdad de que el panorama económico y empresarial peruano está dominado por empresas extranjeras (Telefónica, Repsol, Camisea, Southern, Mobil, Shell, Yanacocha, Antamina, BBVA, Luz del Sur, Electronor, Bavaria, Falabella, Cencosud) casi en todas las ramas.

Ya Paco Durand ha historiado cómo fue que los “doce apóstoles” –tal como los bautizó Carlos Malpica- que habían sido los beneficiarios indirectos de la revolución militar y fueron mimados al comienzo del primer gobierno de García, fueron golpeados por la hiperinflación, primero, y por la del 98, después, para achicarse o desaparecer.  Es que las políticas de apertura a los capitales extranjeros y la desindustrialización, propiciadas por Boloña, Camet y PPK, (además de broncas familiares en algunos casos) hizo que los Raffo, Nicolini, Bentín, Lanatta Piaggio, Picasso, Wiese, Ferreyros, Piazza y Delgado Parker, dejaran de ser lo que fueron. Sólo sobrevivieron tres grupos: Romero, Brescia y Benavides de la Quintana. Como vemos, la revolución fujimorista ha sido aprovechada por otros como los Belmont,  Hochschild, Rodriguez Pastor;  los Rodríguez de Gloria y los Añaños (AJE es el grupo más globalizado, pues trabaja alrededor del mundo).  Más abajo los siguen: los Graña y Montero, los Wong, los Camet, los Baertl, los Marsano, los Gubbins, los Arias Dávila, los Letts, los Galski, los Miró Quesada, los Oviedo.

Los gastos en perfumería y maquillaje de las peruanas entre 15 y 64 años llegan a US $ 318 anuales y los de sus congéneres latinoamericanas (que deben ser más altos) han edificado los pequeños imperios de los hermanos Belmont. Y aunque dicen que Belcorp no hace reparto de utilidades, su eficiente organización basada en un ejército piramidal de vendedoras/promotoras que reciben premios hollywoodenses es envidiada por muchos. Trabaja en 16 países de América Latina  y California en USA. Figura entre las 26 empresas más grandes del mundo en su ramo con 8000 trabajadores permanentes. L’ebel, Ésika y Cyzone son sus marcas, mientras que Yanbal y Unique son las del hermano competidor. Los Belmont aparentemente no se interesan en la política, salvo su primo lejano, Ricardo, que llegó a ser un popular alcalde de Lima.

Eduardo Hochschild es una víctima del conflicto armado interno. Su padre fue asesinado por el MRTA en 1988 y él fue  secuestrado por varios días. Abruptamente tuvo que hacerse cargo de los negocios familiares que los había iniciado su abuelo. Su empresa matriz es Hochschild Minnig cuyas cinco minas produjeron 6.9 millones de onzas de plata y 56 mil onzas de oro el año pasado. En el país operan Arcata, Orcopampa y Pallancata una de las minas de plata más ricas del mundo, que han convertido al distrito de Coronel  Castañeda en la provincia de Parinacochas en el que más recursos presupuestales recibe en el todo el país, como producto del canon minero.

A Carlos Rodriguez Pastor le pasó una cosa similar que a Hochschild: a los 36 años, de pronto, por la súbita muerte de su padre, debió reemplazarlo. Es un banquero educado en  la Universidad de Darmouth, NH, Estados Unidos, cuya gran virtud es ser mago en persuadir a inversionistas para construir negocios y repartir utilidades a sus socios. Pero, tiene otra: sabe rodearse de gente capaz y anda captando talentos peruanos de las universidades yanquis.

Los que conocen más de cerca a estos nuevos empresarios aseguran que están preocupados por la responsabilidad social de sus empresas y están aportando a través de fundaciones a la educación y a la salud de los que menos tienen. Es posible. Pero no se sabe si alguno de ellos quiera seguir los pasos del multimillonario norteamericano Warren Buffett (cuarto hombre más rico del planeta), quien en el 2006 anunció un plan para donar el 99% de su fortuna a la fundación de Bill Gates para luchar contra la miseria en África y Asia. ¿Lo hizo porque leyó el Evangelio de Mateo 6:19-24, o acaso el 19:21? Quién sabe.