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Una publicación de la asociación SER

Mi universidad, mi cruz

Según cifras del INEI, entre 1996 y 2010, el número de universidades creció de 57 a 100; siendo el incremento de universidades públicas un 25%, mientras que el de las privadas fue de 124%; aumentando, naturalmente, la cantidad de alumnos de pregrado, de egresados, y de desempleados con título en mano.

Por otro lado, el decano de la Facultad de Economía de la Universidad del Pacífico, Gustavo Yamada, señaló en el año 2013, que en el Perú, el 46% de los egresados de las universidades están subempleados, trabajando en oficios de menor calificación; al mismo tiempo que el 50% de las empresas grandes del país declaró tener dificultades para contratar personal ‘calificado’. Lo cual indica que no siempre, más es mejor. Tenemos más universidades pero menor calidad educativa.

Pero el problema no termina ahí. A finales del 2013, Ipsos Perú realizó una encuesta entre las empresas con mayor nivel de facturación del país, en la que incluyó la pregunta siguiente “¿De qué universidades NO contrataría egresados?”, liderando el ranking del rechazo, la Universidad Alas Peruanas, Wiener, César Vallejo, San Juan Bautista, UTP, entre otras; figurando entre las estatales La Cantuta, Villareal, San Marcos, entre otras.

¿Cuál es el problema aquí? Cualquier juicio que limite una contratación por causas ajenas a las capacidades del aspirante para desempeñar un puesto determinado, es una forma de discriminación laboral. Si bien la educación superior en algunas universidades no es buena, negarle la oportunidad a un egresado, sólo por pertenecer al grupo de las universidades estigmatizadas del país, sin haber realizado siquiera una entrevista o examen de conocimiento para corroborar la “teoría de la ineptitud”, no sólo es injusto, es inconstitucional.

¿Por qué es inconstitucional? El artículo dos, inciso segundo de nuestra Constitución Política, señala: “Nadie debe ser discriminado por motivo de origen, raza, sexo, idioma, religión, opinión, condición económica o de cualquiera otra índole”.

Seamos conscientes. La educación universitaria es auspiciada o pagada por el esfuerzo de nuestros padres, no todos están en las condiciones de pagar universidades como la PUCP, Pacífico o la UPC; y optan por las que son menos costosas, o sin costo alguno. La gran mayoría de alumnos de universidades estatales provienen del interior del país, a veces sin recursos económicos, viéndose obligados a trabajar, explotados, en fast foods o en lo que puedan encontrar, sólo por alcanzar el sueño propio y el de sus padres, el sueño de una educación superior, el sueño de ser “alguien”.

Pero, en el Perú tendemos a generalizar, si proviene de “tal” universidad, no debe ser bueno; tendemos a los complejos y a las discriminaciones; tendemos a negar oportunidades. Y, todo el esfuerzo de aquellos padres y de aquellos alumnos (porque aunque no lo crean, sí hay buenos profesionales de esas universidades estigmatizadas), todas esas horas de trabajo mal pagado y de noches sin dormir, todo eso no sirve para nada, porque si no eres de la PUCP, Pacífico o UPC, no existes. ¿Es justo?