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Una publicación de la asociación SER

Los idus de Julio

La noticia de su exclusión del proceso electoral, debe haberla recibido Julio Guzmán como si fuera su propio idus de marzo, y a la Resolución del JNE, como las puñaladas que le han propinado para impedirle acceder a Palacio. Pero no hay que dramatizar, él no es Julio César y el Perú no es Roma, y si bien todos tenemos derecho a la participación política, nadie tiene el derecho de gobernar. Ni por haberlo hecho antes, ni por ser la hija de papá, ni por tener plata como cancha, ni por tener experiencia en contratos con la banca extranjera, ni por tener amigos en las encuestadoras. Menos por la sonrisa o por presentarse como nuevo.

Más bien, Julio Guzmán el “candidato fabricado” según la filósofa Giselle Velarde, tiene cuatro años por delante para hacer lo que no hizo en el pasado reciente, es decir, política y organización. Tiene la oportunidad de pronunciarse sobre los acontecimientos de la vida nacional, de visitar todo el territorio, de organizar su partido, de buscar a los 9,000 cuadros que se necesita para dirigir la nave del Estado, de corregir su plan de gobierno y, sobre todo, de aclarar su posición frente a las distintas fuerzas políticas.

Este proceso electoral, a contramano de lo que dicen muchos politólogos, al que cuestionan y tachan de “irregular”, ha traído muchas cosas buenas: Ha permitido saber que la gente no simpatiza con alianzas oportunistas, de políticos acomodaticios que no tienen principios; ni con los reciclados; que la gente castiga a los plagiarios; que a la mayoría no le gusta la compraventa de votos; que la gente ya está cansada de  la campaña-farandulera y la pose; por último y contra la costumbre, hemos encontrado una autoridad electoral dispuesta a hacer respetar las leyes, aunque con negligencias y errores.

Esos cambios de actitud en millones de electores sobre los que ha llamado la atención el caricaturista Carlos Tovar “Carlín”, han dado como resultado que haya varios partidos y líderes favorecidos por la tele que están al borde de la fosa; que haya un 43% de peruanos que todavía no han decidido en firme y sigue guardando su voto para no rifarlo. Y aunque se oigan voces para postergar el proceso y otros recalcitrantes querrían que el 5 de abril Ollanta Humala se pronuncie contra los partidos, contra las irregularidades y falta de garantías y postergue las elecciones por un año; hay que confiar que la mayoría de actores políticos y los ciudadanos de a pie, tomen decisiones en favor de la continuidad institucional y la democracia, que no es lo mismo que la cantaleta de no tocar al “modelo económico” ni con el pétalo de una rosa. No creo, como dice Vásquez Kunze, que haya golpistas entre los descontentos morados o los nacionalistas despechados.

Pero la campaña pone nerviosos a los perdedores y estamos pasando a crecientes agresiones verbales que peligrosamente se pueden combinar con piedras en los mítines. Más aún, actitudes como las de Reggiardo o gente morada que quieren patear el tablero, podrían eventualmente ponernos a todos como sociedad en una crispación desaconsejable. Ojalá que la calma de las mayorías, de aquellas que quieren seguir trabajando y gozando del producto de su trabajo, sin corrupción, sin ladrones que queden impunes, con un Estado que haga respetar los derechos de todos, se imponga contra los incendiarios, podridos y congelados de los que nos alertó Basadre.