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Una publicación de la asociación SER

Lo que Bill Gates no sabe

La semana pasada Bill Gates declaró en España que un país de ingresos medios como el Perú no debía ser beneficiario de cooperación internacional, ya que había que priorizar la asistencia a países de rentas inferiores. Fuera del error en la cifra del PBI en el que incurrió, está claro que la idea de Gates es que deberían ser los países de renta baja quienes capten exclusivamente la ayuda de los países industrializados, lo cual no parece una idea descabellada. Además, Gates agrega algo que ha pasado desapercibido para la mayoría de comentaristas: el Perú tiene como activo adicional “toda clase de recursos minerales que puede decidir explotar”, por lo que ayudar un país como este no tendría mucho sentido.

Entre 2005 y 2010, el Perú fue la tercera economía con más rápido crecimiento a nivel mundial, solo superado por China e India. El éxito económico del Perú, sin embargo, no se tradujo en un apoyo contundente al modelo económico por parte la ciudadanía, y las elecciones del 2011 fueron ganadas por el candidato que prometía mayores cambios en la economía. En un reciente artículo, Daniel Encinas y José Luis Flor (2012) exponen que -evaluada en base a indicadores más complejos- la economía peruana muestra resultados más modestos. La productividad del país es baja y muy heterogénea, tanto en relación a los sectores productivos como departamentales. Las actividades menos productivas son los que más emplean, mientras que “los sectores líderes del crecimiento económico del país han sido precisamente los sectores menos intensivos en trabajo y más intensivos en capital, como es el caso paradigmático de la minería, que emplea a menos del 2% de la PEA nacional, pero es el segundo sector más productivo del país.”

Como es intuitivo, esto se refleja en una brecha entre el crecimiento del PBI del país, y la evolución del ingreso de los trabajadores (mientras el PBI ha crecido un 50% de su valor el 2000, los salarios privados solo lo han hecho en un 10%). En tanto la economía se maximizaba, los sueldos del trabador promedio apenas han aumentado, condenados a trabajar en sectores poco rentables. Adicionalmente, los autores enfatizan la fuerte desigualdad del país, casi inalterada desde hace 40 años si se utiliza las estimaciones de Mendoza et al. (2006). En ese sentido, el modelo que logró sacar al país de una de las crisis más severas de su historia muestra problemas intrínsecos por lo que, en opinión de los autores (con quienes concuerdo), es necesario hacer cambios moderados que permitan no solo generar riqueza, sino distribuirla más adecuadamente, garantizando su estabilidad.

El diagnostico económico puede ser encontrado de forma completa en el artículo, junto a interesantes recomendaciones para su mejoramiento.(1) Aquí quiero enfocarme, antes que en las variables estrictamente económicas, en las variables políticas que han impedido un mejor aprovechamiento de crecimiento de la economía. Las reacciones a lo dicho por Bill Gates de parte de la mayoría de comentaristas así como de dos ministras de estado han sido que el Perú sí necesita de ayuda internacional dada la situación de pobreza que viven los ciudadanos en Carabayllo, la sierra y selva rural o específicamente la etnia Candoshi en Loreto; lo cual no está detallado en los promedios macroeconómicos. 

Como es evidente, un número no menor de ciudadanos peruanos son pobres y viven en condiciones inaceptables. Creo que eso no está en discusión, pero sí quién debe combatirla. Me resulta extraño que el rol del Estado no haya sido mencionado en el debate. La ayuda internacional es importante para el país, especialmente en torno a proyectos de trasmisión de conocimiento, sin embargo; la tarea de hacer llegar los beneficios del crecimiento le corresponde a las dependencias del Estado peruano, no a la agencias de ayuda de los estados español o japonés. Asumiendo, como asume Gates, que es un estado con recursos económicos.

No obstante, con un estado débil e ineficiente, e instituciones representativas en las mismas condiciones, el aprovechamiento de la renta generada por los recursos minerales es limitado. Como escribió Alberto Vergara el año 2009, “aunque el dinero ha entrado a raudales al fisco, seguimos siendo el país de América Latina con menos confianza hacia sus partidos políticos, hacia sus instituciones, hacia su gobierno y el país que exhibe la menor confianza en que el Estado sea capaz de hacer cumplir la ley.”

Esta desconfianza, entre otras cosas, es producto de un estado ineficiente para brindar servicios básicos a sus ciudadanos. Aunque la pobreza se ha reducido, la mayoría de peruanos ha tenido que atenderse en hospitales mediocres y enviar a sus hijos a escuelas de pobre calidad. Los porcentajes asignados a los sectores salud y educación se mantienen inalterados desde las reformas estructurales de inicio de los noventa. El gasto público en educación el 2010 apenas fue de 2.9% del PBI, cuando el promedio latinoamericano es de 4%, a pesar de que el 2002 se estableció que uno de los objetivos claves del Acuerdo Nacional era garantizar el incremento mínimo anual de 0.25% hasta alcanzar el 6% del PBI, una cifra cercana al promedio de los países de la OCDE. Han pasado casi 10  años de la firma del Acuerdo y los peruanos seguimos recibiendo la segunda peor educación en el mundo después de Haití según pruebas estandarizadas.

Evidentemente, con una mayor asignación de recursos no se soluciona el problema si estos no sirven para articular una tecnocracia que haga funcionar los servicios básicos. El crecimiento económico ha sido responsabilidad de una tecnocracia eficiente que ocupa puestos en el Ministerio de Economía y Finanzas y el Banco Central de Reserva, mientras que los ministerios de Salud o Educación no cuentan con una burocracia de calidad capaz de potenciar estos servicios. La designación de Carolina Trivelli a cargo del Ministerio de Inclusión Social es un gesto importante para crear una tecnocracia para las políticas sociales, pero es necesario extender estos esfuerzos a los sectores sociales “permanentes”. Como ha afirmado la propia ministra Trivelli, el Midis debe tener un carácter transitorio hasta que ya no exista población a la cual asistir, mientras que sectores como Educación y Salud continuaran mientras haya niños y jóvenes que educar, y enfermos a los cuales atender.

Finalmente, las instituciones representativas también importan. En un país con un sistema de partidos institucionalizado, es probable que el debate de la campaña de las elecciones del 2011 se hubiese articulado en torno a cómo hacer que el estado sea más efectivo y más cercano a sus ciudadanos. Mientras los partidos políticos no se fortalezcan, los gobernantes seguirán tentados a apoyarse en el único soporte existente, es decir, la tecnocracia económica. Toledo, García y Humala son ejemplos claros de estas falencias. Esta continuidad, como ya lo ha manifestado Steven Levitsky, puede ser altamente perjudicial para la democracia; y deja la puerta abierta a mayores conflictos e inestabilidad social.

Nota:

1) El artículo se encuentra disponible en: http://perudebate.pucp.edu.pe/index.php?option=com_content&view=detallenovedades&id=1468&alias=perudebate-presenta-los-retos-de-la-qgran-transformacionq&Itemid=1