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Una publicación de la asociación SER
Cusqueño de nacimiento. Con estudios de Filosofía y Ciencias Religiosas en el Instituto Libre de Filosofia y la Universidad Ibero Americana (México,D.F). Diplomado en Antropología en la PUCP.

La prevención del suicidio adolescente

El tema que ahora reflexiono es importante ya que afecta a la vida de nuestros adolescentes como a nuestra condición de padres. Se trata del alarmante crecimiento de la violencia en nuestros hogares y sobre todo en la que participan o padecen nuestros hijos e hijas adolescentes. El número de suicidios de adolescentes va en aumento y este es causado por dos fenómenos muy comunes en nuestra sociedad moderna: la depresión originada por varios tipos y grados de violencia y al acoso escolar llamado “bulling”.

Lo peor es que nos vamos acostumbrando a la noticia y las instituciones que debían reaccionar con más rapidez no lo están haciendo, sea la familia, la escuela y las iglesias. En ese sentido, debemos pasar del impacto que nos causa la noticia a decir qué podemos hacer al respecto desde estas tres instituciones que se supone deben cuidar la vida. No se trata de solo buscar culpables del desarrollo de la violencia intra familiar o escolar sino de entender qué está pasando, cuáles son los síntomas con los que comienzan estos dramas y qué propuestas de solución podemos tener para curar a tiempo este camino hacia la muerte.

Muchos especialistas dicen que no estamos recibiendo las cosas fundamentales que debemos recibir y experimentar en nuestros cinco primeros años de vida, que son amor, seguridad, comunicación y respeto. Por el contrario los divorcios, las separaciones, la inmadurez y otras causas más, lo hacen imposible. Entonces, no podemos engañarnos y decir que sí las hay cuando no existen, y mucho menos que cada uno tiene maneras o definiciones distintas de estas maneras de relacionarnos y convivir.

La falta de estas dimensiones de la vida humana pone en crisis la identidad y la sanidad de la vida plena, es decir: la vida orgánica o física de cada uno de nosotros, nuestra salud psíquica y nuestra salud espiritual. Mientras en nuestros hogares no haya estas cuatro “cosas” no habrá salud y por el contrario, estaremos sembrando bombas de tiempo que cualquier momento estallarán.

Me pregunto, cómo no se van a deprimir nuestros hijos si nosotros, los padres, lo que más nos preocupa es tener dinero. Si no somos capaces de manifestarles nuestro afecto de manera sencilla pero verdadera a los miembros de nuestras familias. Si tenemos más tiempo para nuestros amigos o amigas que para ellos. Las preguntas pueden continuar.

En los casos de muerte de adolescentes producidos dentro de las instituciones educativas, resulta grave que tanto mujeres como varones, no tengan la capacidad de darse cuenta a tiempo de ello, tampoco los padres y otras personas cercanas a los estudiantes. Esta incapacidad muestra el creciente desinterés por las personas y la masificación de la educación, la falta de preparación y sensibilidad de  algunos docentes, entre otras cosas.

También quiero llamar la atención sobre la manera de informar de algunos medios sobre estas desgracias. Lo primero que hacen es mostrar la noticia crudamente y en algunos casos con sadismo ya que ponen fotos y titulares que “hagan vender el periódico” o la noticia si es en un canal de televisión. En los textos escritos, describen con lujo de detalles el hecho pero con muy poco análisis y sin toma de posición alguna. En otros casos peores hay un tratamiento realmente banal, sarcástico o de humor negro que linda con apreciaciones enfermizas de los hechos.  Si el autor de la violencia es una autoridad o un personaje de la política muchos medios disimulan o modulan la noticia. Es tan cobarde la posición que terminan en complicidad y colaborando con la impunidad de estos crímenes que se merecen todo el castigo de la ley y la sanación social.

Nuestra responsabilidad no es solo personal para que esta ola salvaje de muertes se detenga, sino compete a nuestras familias, las instituciones educativas y nuestras iglesias. Es curioso cómo las iglesias no hablan de esto, mostrando así que a muchos de los pastores y los teólogos, en general el celibato no les sirve de mucho y que la teología es una tarea poco realizada por los padres de familia, docentes y gente.