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Una publicación de la asociación SER

La Iglesia Católica en la selva central: un repaso histórico

Bien se sabe que cuando se produjo la invasión española al Tahuantinsuyo, inmediatamente, los conquistadores ocuparon la sierra y centraron todas sus operaciones en la fundación de pueblos y en la búsqueda de minerales. Este interés político y económico no alcanzaba la selva, una región sin vías de acceso e incógnita. Debido a esto, la Corona Española y la Iglesia Católica acordaron otorgar la libertad de explorarla a las órdenes religiosas para la evangelización de los indígenas amazónicos, quienes eran tratados como incultos y salvajes. Mientras se realizaba esta labor, se iría abriendo caminos y descubriendo los recursos naturales que explotar.

Las primeras incursiones se realizaron en la segunda mitad del siglo XVI. Respecto a la selva central, los franciscanos ingresaron al Pozuzo y Huancabamba —hoy Oxapampa—; mientras que los dominicos hacían lo propio en Chanchamayo y Vitoc. Otras órdenes religiosas no tuvieron ninguna presencia, salvo la jesuita, que según relata un documento tuvo una entrada a la selva del Pangoa —hoy Satipo—. En esta carrera por la «conquista de nuevas almas» los franciscanos fueron los más empeñosos; accedieron al Chanchamayo por Huancabamba y al Pangoa por el Perené. En 1725 fundaron el colegio de misioneros de Santa Rosa de Ocopa, teniendo como campo de acción toda la selva central. Es precisamente en esta época que algunos españoles -militares y civiles- establecieron pequeñas haciendas cerca a los pueblos de misión; otros aventureros se adentraron más a la selva en busca de El Dorado, el Paititi u otra «ciudad legendaria llena de riquezas». A partir de 1742 la labor católica misionera se vio frustrada por el levantamiento de Juan Santos Atahualpa, acogido y seguido por las etnias amazónicas de la vertiente del Ucayali. Con esta rebelión los religiosos españoles, además de los civiles y militares, fueron expulsados; las vías de acceso terrestres fueron cerradas y las fluviales controladas por más de cien años. 

Una nueva generación de franciscanos a fines del siglo XIX, buscó «reconquistar su territorio misionero», esta vez en un contexto diferente: en la selva central ya estaban asentadas colonias pioneras (austro-alemanes en Oxapampa; chinos e italianos, en Chanchamayo) y había un circuito económico en base a la caña de azúcar, el café y la coca. Estos frailes no evangelizaron a los colonos, quienes se declaraban católicos; sino que fundaron algunas misiones, como por ejemplo, San Luis de Shuaro y Quillazú, para instruir a los indígenas y mestizos. Al tratar de ubicar lugares alejados de las colonias para la implantación de nuevas misiones, los franciscanos realizaron varias expediciones por toda la selva central y, este sería su primer aporte a la modernización de la zona; donde destacaron figuras como la del padre Gabriel Sala que dejó mapas e informes de viaje y contribuyó con la definición del trazo de la Vía del Pichis al ingeniero de caminos Joaquín Capelo.

Un segundo aporte de los religiosos católicos se dio en el campo de la educación y salud. Las primeras escuelas elementales de varones en Chanchamayo, Satipo y Oxapampa estaban a cargo de los franciscanos, tanto en las misiones como en los pueblos; mientras las escuelas de mujeres estaban dirigidas por las madres franciscanas y salesianas. Del mismo modo, los puestos de salud eran conducidos por las religiosas que tenían conocimientos en enfermería, un caso emblemático, se dio en el hospital de palúdicos de La Merced cuando desde 1917 las madres de María Auxiliadora tomaron la tutela; esta misma tarea la realizaron las madres franciscanas en Perené, Pichanaqui y Satipo.

En 1900 se crea la Prefectura Apostólica del Ucayali, que gracias al trabajo desplegado a través de los siglos se decide asignarla a la orden franciscana. Hasta la primera parte siglo XX las religiosas y religiosos católicos tuvieron gran influencia pública en la selva central, a tal punto que en las actividades pro fondos para la construcción de aulas, mantenimiento de hospitales, apertura de caminos, embellecimiento de los parques u otras de carácter progresista eran promovidas activamente por estos miembros de la Iglesia Católica. Por las reformas educativas las escuelas prevocacionales de varones pasan a directores civiles; los puestos de salud, a médicos de profesión; y cada vez más su labor se ve reducida al amparo espiritual y de ayuda social. Hoy en día, el Vicariato Apostólico de San Ramón tiene su sede en la ciudad del mismo nombre en la provincia de Chanchamayo; y la historia de muchos sus miembros y la contribución que hicieron al desarrollo de la selva central se almacenan en su estantes.

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