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Una publicación de la asociación SER

La crisis de la democracia desde las provincias

Exactamente a un mes de las elecciones más importantes del país y mientras siguen los vaivenes y las indefiniciones de las candidaturas presidenciales que expresan una profunda crisis institucional de nuestra democracia, en las regiones y provincias la crisis no es ajena.

Es verdad que en estos espacios también afecta la incertidumbre electoral nacional, sin embargo en las provincias la crisis se evidencia en los tradicionales problemas democráticos que no hay como superar: La dispersión política, la ausencia de organización, la improvisación, la falta de propuestas y como no el clientelismo electoral que aun persiste aquí, siguen muy presentes y dominando el escenario.

Sí en general es un problema de la frágil democracia que tenemos en todo el país, mirarla de cerca en los espacios locales no solo preocupa sino escandaliza. Salvo honrosas excepciones, en las provincias las candidaturas no las define casi nunca la democracia, ni siquiera de manera aparente: La mayoría de candidatos negociaron su postulación y el orden que ocupan; evidentemente la mayoría de postulantes no está en esa posición por una ideología o una propuesta que enarbolan. Por ello, es casi patético escucharlos cuando esbozan discursos no solo baratos sino cargados de falsedades y promesas que serán evidentemente imposibles de cumplir.

Recalco, si existen las excepciones pero seguro no son las que tienen reales posibilidades de obtener las curules, pues en la provincia el voto casi se compra.

Entonces la crisis no solo está en los partidos, no solo está en la institucionalidad y en los procedimientos electorales que terminan complejizando aún más el escenario: la crisis está también en los electores, en su escasa ciudadanía y en la poca capacidad de contribuir con la democracia.

La postergación de regiones y provincias, la falta de apuesta por las mismas, las urgencias económicas y la pobreza juegan un papel fundamental para que en estos espacios la débil situación de la democracia se agudice.   Pero en el fondo es que en este Estado el fortalecimiento de la sociedad civil en general nunca ha sido una apuesta, ni tampoco el desarrollo de la real participación política, menos aún la optimización y el mejoramiento de la calidad de ciudadanía.

Atender estos aspectos seguro contribuiría a romper este círculo vicioso en el que vemos cada vez más lejana la posibilidad de tener al frente del gobierno a alguien que logré llevar al país al encuentro de mínimos estándares de progreso. Pero mientras la conciencia popular esté ajena a eso y no miré como medulares el desarrollo de tales aspectos estaremos condenados a precarizar aún más nuestra democracia y por ende a postergar el Desarrollo del país.