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Una publicación de la asociación SER

“La boca del lobo” 25 años después


“A simple vista “Chuspi” no me pareció ni mejor ni peor que tantos pueblitos perdidos en la sierra, la misma tristeza, la misma miseria, el mismo estado de abandono que habíamos visto a lo largo del camino”  Soldado Vitín Luna. “La boca del lobo”.

Este año se cumplen 25 años del estreno  en 1988 de la película de Francisco Lombardi “La boca del lobo” y creo que tal aniversario dará que hablar en los espacios culturales y políticos del país. Pero, por sobre todo, pueda servirnos para ver su importancia en nuestra historia cinematográfica y en la reflexión acerca del significado de  la violencia política en nuestro país.

Esta película no se rodó en Ayacucho, por motivos de seguridad, sino en el Distrito de Estique, Provincia de Tarata, Departamento de Tacna y en su momento tuvo la colaboración de la Comandancia General del Ejército del Perú, la Marina de Guerra del Perú y de la Comandancia de la Guardia Civil de Tacna, asimismo colaboraron investigadores como Carlos Iván Degregori  y Gustavo Gorriti.

La película, ambientada a principios de los años ochenta,  narra la toma de posición, por parte de un contingente del Ejército Peruano, de un pueblo ayacuchano llamado Chuspi ubicado en el departamento de Ayacucho. Su misión: combatir a las fuerzas de Sendero Luminoso presentes en la zona y representar militarmente a un Estado peruano realmente  ausente. A lo largo del film se muestra a los miembros de ejército, en plena zona de emergencia, intentando saber dónde se esconden los miembros de Sendero Luminoso, quienes son sus cómplices y, por último, esperando su ataque.

La película adquiere un quiebre interesante cuando una patrulla es emboscada y mueren en el ataque el teniente Basulto y dos soldados. Razón por la cual es destacado a la zona un nuevo teniente llamado “Iván Roca” que es caracterizado por el actor Gustavo Bueno. Con el teniente Roca se profundizan los prejuicios racistas presentes en los soldados quienes ven en el poblador de Chuspi a “un indio que ya aprendió a denunciar”, y a un sospechoso de terrorismo en potencia sin ningún tipo de derechos. En el tramo final de la película, el teniente Roca al sentirse acorralado y amenazado por un enemigo que asesina a sus soldados sin dar la cara, toma la decisión de asesinar despiadadamente a buena parte de pobladores de Chuspi incluyendo niños, acusándolos falsamente de gritar vivas a Abimael Guzmán Reinoso y la lucha armada.

Esta película peruana que cuenta parte de la historia vivida en la violencia política de nuestro país, es en un clásico, no sólo por su valor cinematográfico y narrativo, sino porque refleja un país de hace 25 años atrás pero que parece muy actual, y su actualidad radica en varios factores que como país todavía no procesamos, no superamos ni aceptamos.

Quizás uno de los problemas más importantes que no solucionamos como nación es el de nivel de pobreza que aún azota a la zona donde tuvo su origen Sendero Luminoso.  Para el año 2007 (y 27 después  años de iniciada la primera incursión Senderista), los departamentos de Huancavelica, Apurímac y Ayacucho seguían teniendo altos índices  de pobreza que superaban el 60% de su población en condiciones de carencia, convirtiendo a estos departamentos entre los de mayor pobreza a nivel nacional: 85.7%, 69.5% y 68.3% respectivamente. Actualmente el departamento de Huancavelica ocupa el primer lugar con una población en situación de pobreza del 66.1% seguido del Departamento Apurímac con el 63.1% y por último tenemos al departamento de Ayacucho en el puesto quinto en el ranking de pobreza a nivel nacional con el 55.9%. (1)

Retornando a la película, se puede observar que el distrito de Estique Chuspi, lugar donde se hizo el rodaje, presentaba en el 2007 un 81% de población en situación de pobreza; y el distrito de Chuschi, lugar que se quiso representar con la película, era el quinto distrito más pobre del Departamento de Ayacucho con el 88.6% de su población en situación de pobreza. (2).

Por otro lado, los guionistas del film: Augusto Cabada, Giovana Pollarollo y Gerardo Herrero, quizás no imaginaron que la puesta en escena de la masacre del pueblo de Chuspi iba a ser la representación cinematográfica más lograda de muchas masacres perpetradas por las Fuerzas Armadas y policiales que ocurrieron en el Perú a lo largo de 1980 a 1992. (3) Tampoco imaginaron que parte del discurso del teniente Roca, encarnado por Gustavo Bueno, iba a ser parte del discurso de parte de nuestra derecha política para amnistiar a muchos militares involucrados en acciones de lesa humanidad contra poblaciones campesinas, dirigentes sindicales y barriales, y estudiantes asesinados por miembros de las fuerzas armadas Tejiendo así un manto de impunidad que perdura hasta hoy y que sigue siendo defendidos por los mismos rostros.

Resulta significativo observar uno de los diálogos del teniente Roca, donde el personaje dice a sus soldados que defender al país de la subversión, aun violando los derechos humanos, es una acción que nadie puede juzgar:

“Esto no es un juego, es una guerra y es una guerra sucia, acá no podemos hacerle asco a las cosas, son ellos o nosotros, no hay más. Nosotros hemos venido acá con una responsabilidad: acabar con la subversión, ese es nuestro deber les guste o no les guste.   Para cumplir con nuestra obligación, hay veces que hay que hacer cosas que van contra uno mismo. Pero acá uno no puede ponerse a lloriquear acá uno no puede dejarse llevar por las cojudeces sentimentales, acá uno tiene actuar y nosotros hemos actuado por el bien del país y nadie puede juzgarnos por ello ningún fiscal o periodista maricón puede acusarnos de nada ellos no saben combatir al enemigo”

Efectivamente a lo largo de más de 30 años de la historia reciente de nuestro país, personajes representativos de buena parte de la derecha peruana y en especial el fujimorismo y el APRA han pensado como el teniente Roca y han repetido una y otra vez el discurso que favorece la inmunidad e impunidad de las fuerzas armadas y policiales frente a hechos que van en contra de los derechos humanos.

En este sentido, parlamentarios, ministros y hasta vicepresidentes han trabajado en leyes a favor de la amnistía a militares involucrados en delitos de lesa humanidad. No debemos olvidar que los congresistas Fujimoristas presentaron y aprobaron  en 1995 la ley 26479 llamada “ley de la impunidad” que pretendía amnistiar a los militares sentenciados por delitos de violación a los derechos humanos. Como consecuencia de esta ley se amnistió a los integrantes del grupo colina, principal responsable de la matanza de los Barrios Altos y la Cantuta.

Asimismo, es conocida la actitud de los ex ministros de Defensa apristas, Rafael Rey y Antero Flores Araos, quienes intentaron por todos los medios cubrir las espaldas de los militares responsables de la matanza de Putis. También son recordados los argumentos del vicepresidente del gobierno aprista, almirante Luis Giampetri, y del ex ministro de Defensa, general Daniel Mora del actual gobierno quienes sostenían que la amnistía era la única solución legal para los miembros de las fuerzas armadas.

Hace cinco años (2008) el entonces parlamentario aprista por Ica, Edgar Núñez, presentó un proyecto de ley que pretendía amnistiar a miembros de las Fuerzas Armadas implicados en el rescate de rehenes de la embajada de Japón, además, al personal subalterno  que  estuvieran implicados en delitos de violación de los derechos humanos,  según manifestó en su momento, se trataba de  “recuperar la moral de los valerosos soldados del Perú, que nos han salvado de los criminales de Sendero Luminoso y nos han dado lo que hoy vivimos, libertad y democracia, y están siendo maltratados” (4).  Y los  intentos apristas continuaron y en el año 2010 el Poder Ejecutivo liderado por Alan García produjeron el Decreto Legislativo DL-1097 que hubiere permitido la  impunidad a actores de  delitos de lesa humanidad hasta el año 2003, y que fue felizmente derogado.

En el epilogo de la película, el soldado Vitín toma el camino más fácil: la huida, corre huyendo de la realidad que le ha tocado vivir, quizás para olvidar y que lo olviden. Probablemente esta haya sido la actitud de muchos peruanos ante los hechos violentos y atroces de nuestra historia reciente, lo cual no ayuda a superar las heridas y fracturas de nuestra sociedad, que siguen vigentes en los mismos rostros y en los mismos lugares.

Resulta difícil plantearse ¿Hasta cuándo la sociedad peruana esperará para que el Estado asuma los hechos perpetrados por las fuerzas armadas y policiales durante las décadas de violencia política, asumiendo el castigo a los responsables y pidiendo perdón por las atrocidades cometidas? ¿Hasta cuándo seguiremos tomando el camino de la huida como lo hizo el soldado Vitín? ¿Hasta cuándo parte de la política peruana asumirá como suya la postura del teniente Roca? Esperemos que no sea por mucho tiempo más.
 
Notas:

(1)    INEI. Perfil dela pobreza por Departamentos 201-2010.pag 42.
(2)    INEI Censo nacional XI  de población VI de vivienda.
(3)    Las matanzas realizadas por las FF AA y policiales de Socos en 1983, Putis en 1984, Lucmahuayco en 1984, Umaru en 1985, Accomarca en 1985, y Cayara en 1988, el Frontón 1986, La Cantuta y Barrios Altos ambas en 1992.
(4)    Núñez reconoce que amnistía es un proyecto personal y para casos Chavín de Huántar y de subalternos. http://www.andina.com.pe/Espanol/Noticia.aspx?id=tSdxEnES6yE=.