Skip to main content
Una publicación de la asociación SER

Firme y feliz por la unión

El mensaje del presidente Pedro Pablo Kuczynski se ha concentrado fundamentalmente en exponer sus principios rectores. Ha sido, qué duda cabe, un mensaje político antes que tecnocrático. Frente a los detalles y las cifras que han enmarcado los mensajes presidenciales de la última década, PPK ha ofrecido más bien una visión de país, un bosquejo de lo que anhela sea el significado de su gobierno dentro de la historia republicana.

Primero, resalta su evocación de los ideales republicanos de igualdad, equidad y fraternidad como una agenda históricamente pendiente y, en ese sentido, pilar de la orientación de su “revolución social”. Una agenda compleja y ambiciosa que incluye tanto el compromiso por cerrar la brecha en el acceso a servicios básicos para todos los peruanos como en erradicar los lastres históricos de la discriminación y las desigualdades de género.

En segundo lugar, el discurso ha tenido un talante moderado, sin palabras altisonantes, recurriendo a este para comprometer el apoyo de los grupos de oposición. Esto es algo clave si tomamos en cuenta lo ambicioso de sus planteamientos. El gobierno de Kuczynski necesita tender puentes con la oposición si quiere avanzar en sus políticas, y esto pasa por intentar “llevar la fiesta en paz”, como se dice popularmente.

No obstante, la dinámica no depende solamente de las iniciativas unilaterales. En ese sentido, el fujimorismo y la izquierda tendrán la compleja tarea de responder y comportarse a la altura de las circunstancias: sin obstruccionismo pero al mismo tiempo sin claudicar a sus principios.

Las alianzas del gobierno no acabarán en el Parlamento. Los gobiernos regionales son aliados potencialmente importantes y el vicepresidente Vizcarra ya ha tenido la iniciativa de buscar a sus gobernantes. Sin embargo, las elecciones subnacionales de 2018 están cerca y, a todas luces, más tiendas políticas de alcance nacional estarán interesadas en ellas.

El mensaje ha estado cargado de símbolos e imágenes que confirman el talante republicano antes señalado. Un llamado a la paz y a dejar de lado los enfrentamientos, pero también una revaloración del Estado, de la cosa pública. No solo por su compromiso contra la corrupción, sino sobre todo por sus constantes llamadas a reconocer el rol que desempeñan los funcionarios públicos, especialmente los de menor rango.

Asimismo, queda claro que las líneas generales no son disruptivas de la trayectoria establecida por los gobiernos pasados, una vocación por la continuidad que se reafirma con su llamado a pensar en políticas de Estado antes que de gobierno. En ese sentido, es anecdótico que Kuczynski hay finalizado su mensaje al igual que su predecesor, recordando el compromiso fundante: “Firme y feliz por la unión”.