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Una publicación de la asociación SER

Extractivismos y ambientalismos

En semanas recientes, Manuel Pulgar Vidal y Eduardo Gudynas –dos de las figuras más destacadas del ambientalismo en América Latina– han debatido sobre el “extractivismo”, a través de artículos publicados en El Comercio.

Pulgar-Vidal criticó lo que él considera el “sustento ideológico de la propuesta política” de Tierra y Libertad, a saber: Las “transiciones al extractivismo” desarrolladas principalmente por Gudynas. El término extractivismo alude a la extracción de recursos naturales en grandes volúmenes para exportar la mayor parte sin procesamiento previo. Gudynas plantea que países como el Perú deben realizar “transiciones” para dejar de ser “meros proveedores de commodities”. En la visión de Pulgar-Vidal, la propuesta carece de “datos duros” y omite analizar los resultados nefastos de políticas anteriores, como la industrialización por sustitución de importaciones.

De primera mirada, las alternativas en disputa son la defensa del business as usual o el fin de la actividad minera. Es decir, que la minería solo puede llevarse a cabo como se hace ahora, o que no haya minería. Estas dos posiciones son, por supuesto, absurdas. Los autores se han esforzado en precisar sus mensajes. Gudynas ha recordado que su oposición es al extractivismo actual y no a la minería per se, y su propuesta es “promover reconversiones hacia modos de producción sustentables” y “bajo condiciones democráticas y defendiendo la información y participación ciudadana”. Si esto se compara con el párrafo final del primer artículo de Pulgar-Vidal: “Apostemos a un aprovechamiento sostenible de nuestros recursos naturales y su potencial y concertemos una visión de bienestar y prosperidad para todos los peruanos”, diera la impresión de que ambos coinciden en que la industria extractiva, tal y como está planteada hoy en el Perú, tiene graves problemas y debe cambiar.  

El eje central de la discusión es, entonces, cómo hacer para que la actividad extractiva, el principal negocio del Perú, esté al servicio del desarrollo nacional. Esto nunca va a ocurrir imponiendo a balazos proyectos que son cuestionados, con EIAs de dudosa reputación y sin consensos mínimos en el espacio local (es decir, sin “licencia social”). Como dice el ministro, debemos concertar una visión de bienestar y prosperidad para todos. Este es un proceso necesariamente político, no solamente técnico. Traicionar al electorado, confundir legalidad con legitimidad y tratar a los opositores como ignorantes manipulados por intereses oscuros, no contribuye a construir una visión de minería viable. Tener como único punto de agenda visible la paralización de proyectos extractivos, tampoco.

Parafraseando a David Harvey, todos los proyectos ecológicos son simultáneamente proyectos político-económicos, y viceversa. En nombre del medio ambiente se avanzan las agendas más disímiles: Minería sostenible, transiciones al extractivismo, financialización de la naturaleza, derechos de la naturaleza, etc. Los ambientalismos, con toda su diversidad, tienen mucho que contribuir a la construcción de consensos mínimos para desarrollar la actividad extractiva en el Perú. Las ideas de Gudynas y otros críticos del extractivismo son útiles para presionar la actividad a mejorar sus estándares; sin embargo, su implementación no es viable sin capacidad de gestión, o para usar las palabras de Pulgar-Vidal, sin “objetivos viables y acciones concretas, medibles, realizables y graduales que se constituyen en agentes reales de cambio”.

Lamentablemente, hoy no parece haber mayores perspectivas de construir una visión relativamente concertada de las industrias extractivas en el Perú. Menos con el lenguaje de “terroristas antimineros”, “lentejas” y “explicaciones que entiende hasta mi empleada”. El debate conceptual iniciado por Pulgar-Vidal y Gudynas, en un ambiente polarizado y con tendencia a la adjetivación, es notable y corresponde continuarlo y profundizarlo. Tal vez un siguiente paso sea admitir que el status-quo no es defendible, que sí existen alternativas y que para llevarlas a la práctica se necesita mucho más que buenas ideas.