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Una publicación de la asociación SER

Es la crisis sistémica, ¡estúpido!

En Perú no nos enteramos de nada. Hace ya seis años una profunda crisis mundial recorre el planeta, quebrando los cimientos del paradigma económico imperante, pero ese no es nuestro problema. Aquí nos va bien con el crecimiento del PBI y las tarjetas de crédito, con las clases medias de ficción, y los nuevos centros comerciales erigidos en medio de precarios barrios. Somos la prueba viviente que el capitalismo desregulado sí funciona. No nos damos cuenta de nuestra global pequeñez y, como hace casi 200 años, llegamos tarde o reaccionamos como dopados a los acontecimientos que marcan el rumbo de la historia global. Antes nuestros libertadores nos aconsejaban monarquía, hoy nuestros gurús económicos nos aconsejan más desregulación.

Y la crisis global no tiene visos de acabar pronto, las soluciones de ayer se muestran hoy insuficientes, cuando no peores que la enfermedad: una crisis de paradigmas en todo el sentido de la palabra. Las alarmas siguen prendidas en todo el globo y en los últimos meses retumban con más fuerza en la región: las predicciones de crecimiento regional se corrigen mes a mes, con nuevas tendencias a la baja. Es evidente que un ciclo favorable de precios de materias primas se está cerrando pero algunos de nuestros vecinos (incluidos nuestros “amixers” de la Alianza del Pacífico) ven los frutos de su anticipación y heterodoxia: tienen una economía más diversificada, nunca renunciaron a proteger sus industrias, han estimulado sus mercados internos, han mejorado su productividad y han hecho esfuerzos considerables para ampliar su base tributaria.

“Perú se resiste a dejar la minería” titula una nota del diario El País, dando cuenta de nuestra vocación para tropezar con la misma piedra. Pero eso no importa, si la receta nos funcionó con el coche a 60 km/h ¿por qué tendría que fallar si doblamos la velocidad? Total, nuestros frenos son los mismos, no tenemos cinturón de seguridad, nuestro SOAT es pirata,  y nuestro chofer solo descansa cada 10 horas. Se trata solo de un hipo chino que se corrige, entre otras cosas, nombrando de ministro de Relaciones Exteriores al ex embajador peruano en China (nuestro principal “socio” comercial). Se viene Toromocho. ¡Qué moscas somos!

Otra nota de El País titulada “América Latina, en la encrucijada”, reúne los puntos de vista de algunos expertos de la OCDE, el BID y la CEPAL, sobre esta crisis estructural. Ninguno de ellos parece ser de izquierda (ni mucho menos) pero algunas de sus recomendaciones le pondrían los pelos de punta a nuestros ‘sacerdotes’ del pensamiento económico. Lo que alarma del diagnóstico de la nota es que cinco de los males identificados en la región, parecen estar profundamente irresueltos y arraigados en Perú: baja productividad, informalidad en el empleo, limitadacapacidad de recaudación fiscal, desigualdad y déficit de inversión en infraestructura.

De hecho el Perú anda muy mal en los tres primeros aspectos, con la productividad más baja de la región según la CEPAL y una de las tasas de informalidad más altas de Sudamérica (¿alguien dijo ‘minería informal’?’). Con impuestos de tipo regresivo, que castigan a los más pobres y le hacen cosquillas (‘incentivos’como les llaman eufemísticamente) a los más grandes, nuestra recaudación fiscal llega apenas al 16% de nuestro PIB, cuando la región va por el 20% y los países del OCDE rondan el 34%. Pero los impuestos hay que bajarlos (¡porque son inmorales! dice Alfredo Bullard) o hay que darles estabilidad tributaria, condonaciones o condiciones favorables de pago a los ‘grandotes’ (incluidos aquellos que contaminen el ambiente). Más ventajas para los señores, porque estos no son como los usureros campesinos a quienes los ‘socialistas’ gobiernos de los años ochenta “osaron” condonar sus deudas.

Hace 6 años que el mundo nos venía mandando señales. La guerra estaba avisada. Nuestros ‘sacerdotes’ económicos sólo han atinado a encomendarse al evangelio del libre mercado y hoy recurren de nuevo a él para buscar nuevas señales de salvación. A cambio le ofrecen en sacrificio a su dios nuestros recursos, nuestra salud, nuestra vida y nuestro derecho a la protesta. No se dan cuenta que se trata de una crisis sistémica. Desde esta columna, con fraternal y patriótico amor, les gritamos: ¡es el modelo: estúpidos!