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Una publicación de la asociación SER

Elecciones frecuentes

El domingo 16 de marzo se realizarán Nuevas Elecciones Municipales [1]  en 36 distritos para reemplazar a las autoridades cesadas en las revocatorias del 2012 y 2013, y para que completen el período de gobierno el próximo diciembre. Del total, los distritos de Huanchaco, Cayaltí, Uchumayo, San Andrés y Campoverde son urbanos, mientras que el resto son rurales, con menos de 7,500 electores cada uno. En 24 de ellos elegirán alcaldes y regidores y en los demás, sólo a regidores.

Cuando fueron convocadas, en setiembre pasado, fueron considerados 53 distritos, incluidos 12 en los que se habían frustrado las elecciones similares que se realizaron en julio de 2013 para reemplazar a los revocados del 2012. Esta vez, en 14 distritos ni los promotores de las revocatorias ni otros están interesados en candidatear, refutando la tesis de aquellos que dicen que los primeros las promovían sólo para reemplazar a los cuestionados. Aunque es posible que la razón esté en que en esos distritos –excepto en el de Nueve de Julio- sólo se elegirán regidores. Los activistas de esos distritos seguramente no quieren desgastarse antes de jugar el partido de fondo del próximo octubre en que se elegirán autoridades regionales y municipales para un período de cuatro años. Además, en los distritos de Tantará, Cuyo-Cuyo y San José de Ushua no habrá elecciones porque los Jurados Electorales Especiales no admitieron a las únicas listas que fueron presentadas.

En los distritos de Quicacha, Yauca, Tapay (de Arequipa), Nueve de Julio (en el valle del Mantaro) y Jeberos, un antiguo distrito de Alto Amazonas, con 1,300 electores en promedio, por segunda vez no se han presentado candidatos. ¿Significa esto que en esos distritos ha muerto la política? Uno podría aventurar esa hipótesis para el caso de Jeberos, Tanta, Lloque o Tapay (pueblito al que querían llegar Ciro Castillo y Rosario Ponce en su excursión del río Colca) por su aislamiento geográfico, pero ¿en el valle del Mantaro? Hay otros factores a considerar para el caso de Nueve de Julio, distrito en el que sus electores tienen un alto IPE (Índice de Participación Electoral [2]  de 11.86), que lo coloca en el puesto 129 entre los 1,639 distritos del Perú. Resulta que en las elecciones del año pasado se presentó una lista que obtuvo 200 votos, pero 558 personas votaron nulo o en blanco, es decir el 73% de los votos emitidos, por lo que fueron anuladas.

Se puede prever que en los distritos de Uchumayo y Campoverde, pero también en los más pequeños de Asia, San Antonio de Cachi, Pachaconas, Chala, Punta de Bombón, Bolívar, Ticrapo, Ataura, Huaripampa, Estiquepampa y Santa Rosa de Puno, donde sólo se elegirá a regidores, el promedio de asistencia a votar sea más bajo y el número de votos nulos o en blanco más alto, que en el pasado, tal como ocurrió en las elecciones de noviembre que se realizaron en Lima.

¿El ejercicio electoral frecuente ayuda a la maduración de la ciudadanía democrática? [3]  Esta es una interesante cuestión que los estudiosos discuten sin llegar a conclusiones claras. Para discutirla hay que tomar en cuenta, primero, que la ciudadanía no es una emanación directa de la edad, el nivel de ingresos económicos o de instrucción escolar, ni tampoco un reflejo de lo que manifiestan los líderes de opinión a través de los medios. Como autorreferencia de la libertad de conciencia y de la igualdad de derechos y de obligaciones, la ciudadanía democrática es un producto complejo de la crianza hogareña, el tipo de socialización temprana, la autoestima, las prácticas religiosas, la capacidad de resistencia a la adversidad, la vocación transgresora de la adolescencia, pero también de la influencia de los medios de comunicación, las lecturas, las opiniones de los líderes colectivos,  factores todos que forman la cultura política del medio en el que se desenvuelve el individuo.

Individuos criados en familias, escuelas e iglesias autoritarias, con su vocación transgresora reprimida, con la libertad limitada por la costumbre y los hábitos, sin conciencia crítica, a lo mejor madurarían hacia una ciudadanía democrática si en las elecciones frecuentes escucharan debatir sobre los problemas de su comunidad, o cuestionar a la autoridad, si en el silencio y la privacidad de la cámara secreta reflexionaran sobre su voto y no siguieran automáticamente lo que les dicta su familia, su grupo de referencia o la propaganda. Sería una discreta transformación que las ciencias sociales difícilmente pudieran registrar. Es más frecuente, como numerosos testimonios lo señalan, que la conciencia política avance por saltos emocionales, cuando se producen rupturas de la rutina y el orden de la vida cotidiana, como escribió Gramsci. Wilhem Reich narra que, siendo un psicoanalista con la vida asegurada y sin mayor interés por la política, se cruzó una vez en las calles de Viena con una manifestación obrera a la que reprimió la policía. Tal fue el choque emocional que sufrió ante el abuso, que ese mismo día se inscribió en el partido comunista.

En el pasado, en las comunidades campesinas de aquí y de otras culturas a través del mundo, alejadas de la Modernidad que trajeron la Reforma religiosa, la Ilustración y la Revolución industrial, el individuo no existía, su decisión tenía que seguir a la colectividad, como la oveja al rebaño. Para el caso de la sociedad peruana, en donde no tuvimos una experiencia como la revolución francesa, ni la mexicana o la boliviana, el arribo de la Modernidad a nuestra cultura fue muy lento y no ha terminado de abarcar al conjunto nacional, cuando ya tenemos las cabezas de playa de otra época, la de la era de la información. Como nuestra política ha cambiado -casi sin transición- de los caudillos y los partidos ideológicos a la videocracia y la mercantilización de la política, las corrientes cruzadas nos dejan con gente en los dos extremos: unos que creen que algunos han nacido para gobernar (doctores, militares, empresarios blancos de piel) y votan por ellos; y en el otro lado, los que creen que el Estado y las políticas públicas no les afectan y pueden prescindir de los políticos, e inclusive de su derecho al voto. En medio de ellos debe abrirse paso la conciencia ciudadana democrática, ayudada por el debate continuo que susciten los semiintelectuales (o la capa ilustrada del pueblo) en los ámbitos locales, al que bien podría sumarse la intervención de agentes externos públicos y privados.

NOTAS:

1.  Estas elecciones se realizan en donde fue defenestrado más de un tercio de las autoridades municipales en la anterior Consulta Popular de Revocatorias. Se han efectuado en cinco oportunidades desde el año 2005, fuera de la que se hizo en Lima en noviembre pasado. En esas cinco oportunidades el promedio de asistencia fue del 77.6% de los electores, mientras que un promedio de 22.4% se ausentó. En Lima hubo 19% de ausentes en noviembre pasado.

2.  El IPE, que ha sido desarrollado por los investigadores del Jurado Nacional de Elecciones, es un índice que combina datos de asistencia a votar, asistencia de miembros de mesa, número de listas de candidatos presentadas, nivel de respeto de la reglas electorales, el cumplimiento de las cuotas electorales, el nivel de participación femenina, el nivel de participación juvenil y el número de afiliados a organizaciones políticas.

3.  Los ciudadanos de los distritos de Cochas, Huacllán, La Primavera y San Cristóbal de Raján (Ancash); Lomas (Arequipa); La Florida y San Silvestre de Cochán (Cajamarca); Changuillo (Ica); Cacra, Catahuasi y Tanta (Lima); Amantaní (Puno); Tarucachi (Tacna) y Curimaná (Ucayali) han sido convocados a las urnas en cinco oportunidades más que el común de los peruanos en los últimos 16 años ya sea por revocatorias o por elecciones para reemplazar a los revocados. De ellos 9 figuran en los dos quintiles más altos del IPE nacional 2011.