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Una publicación de la asociación SER
Antropóloga, docente de la UNMSM

El VRAEM y el destino del país

En un texto de Hugo Cabieses plantea que el Valle del Río Apurímac Ene y Mantaro VRAEM es el “valle del nunca jamás” del cuento de Peter Pan, “con niños perdidos, piratas liderados por el capitán Garfio, indios ´salvajes’, el hada Campanita y hasta el cocodrilo bueno que se comió la mano del capitán” en referencia a las diferentes visiones que se tienen de él y a la multiplicidad de sus actores y estrategias[1]. El valle del Río Apurímac está conformado por la amazonía y partes altas de las regiones de Apurímac, Cusco y Ayacucho. Es la zona más verde y cálida de estas regiones, sus cultivos son tan variados, que tenemos en él especies madereras, legumbres, tubérculos, frutas, entre otros; también existen variedades de pescado, de carne de monte, y otros productos oriundos de la zona. Sin embargo, obtienen sus ingresos principalmente del cultivo de la hoja de coca, y en menor medida del café y el cacao, que son los productos más rentables.  

Hay varias formas de llegar a la parte central del VRAE. Una de las vías de acceso más utilizadas es la carretera que va de Ayacucho a Quinua, Tambo, San Francisco, Kimbiri, saliendo de la ciudad de Huamanga, que en la época de lluvias con frecuencia es zona de derrumbes que interrumpen el tránsito. Uno puede llegar al VRAEM, quedarse y disfrutar del paisaje sin percibir ningún problema. Si aceptan que ingreses a las comunidades asháninka y matsiguenkas pensarás que te encuentras en la tierra prometida, por la forma de vida tradicional y distendida de sus miembros, y su necesidad de armonizar con la naturaleza.  Su percepción de la vida de sus vecinos, los colonos, es que cada uno vive a su manera, sosteniendo que no buscan complicaciones, ni violencia.  

Sin embargo, continuamente las noticias muestran los operativos de la incautación de insumos y droga proveniente del VRAEM, así como de la destrucción de pozas, ataques y enfrentamientos con el ejército. En Pichari, en el lado de Cusco, se instituyó el festival de la hoja de coca o “Coca Raymi”, como símbolo de orgullo e identidad, pero hace poco pudimos ver que allí mismo se representaba durante las fiestas de carnavales a una avioneta saliendo con un cargamento de droga mientras se producía un enfrentamiento con el ejército, acompañado por el canto quechua de jóvenes mujeres. En el VRAEM existen bases militares, hay canon, proyectos productivos de cultivos alternativos, gran potencial agroindustrial y de turismo ecológico, así como otras posibilidades, pero también los problemas propios de tener una economía que abastece una actividad ilícita como el narcotráfico en el mercado global.

En el VRAEM se vive de la producción de la hoja de coca, que es amplia y democrática, e involucra a todos incluyendo a los niños y jóvenes que en vacaciones y fines de semana trabajan en el recojo de la hoja de coca, actividad que puede generar ingresos diarios entre los 80 a 150 soles diarios, la que genera un capital para ellos. En los campos de cultivo se mantiene la coca, junto con otros productos, por su alta productividad, no necesita de mayores cuidados y se cosecha cada 3 meses y crece en cualquier tiempo y condiciones. 

¿Quién dijo desarrollo?

En el VRAEM todo el mundo habla de desarrollo, y sólo algunos de desarrollo sostenible, debido a la necesidad de cuidar naturaleza y el paisaje; las autoridades, los profesores, los agricultores, todos hablan de la necesidad de impulsar el desarrollo, de salir adelante, de las enormes potencialidades agrícolas, de que el dinero y los recursos están mal invertidos y que si se puede ser un productor exitoso o empresario  e invertir en educación, salud y servicios.

La realidad es un contraste en Ayna – San Francisco que pertenece a Ayacucho, separado por el puente del mismo nombre, con la de Kimbiri, uno de los distritos de Cusco que, conjuntamente con Pichari y Echarate reciben el canon gasífero, que ha permitido en las capitales de distrito mejor infraestructura, pistas, agua potable, etc; pero en el lado de Ayacucho, destacan las difíciles condiciones de la falta de recursos, pobreza, déficit de servicios, falta de oportunidades de estudio y de trabajo, vías, entre otros.  En el valle radican ayacuchanos de la zona andina, y migrantes de diversas partes del país que también se dedican al comercio de todo tipo de productos. Algunos de los miembros de sus comunidades, centros poblados y ciudades han sido víctimas de la violencia interna o escaparon de las zonas altas de Ayacucho. 

En el VRAEM se piensa en un gobierno autónomo, en el Gobierno regional del VRAEM para canalizar mejor los recursos, pero la expectativa de construcción de la institucionalidad dista de alcanzar los objetivos planteados. La demanda de la presencia del Estado y del gobierno es más apremiante en el VRAEM, pero también se hace más difícil y esquiva. Hace poco se han creado nuevos distritos en lo que antes eran centros poblados, pero eso no asegura que los egresados y profesionales consideren vivir en el VRAEM, ni la adecuada asignación de presupuesto, ya que en muchos de ellos existe un alto índice de pobreza extrema.

A la precariedad institucional se suma el hecho de que los campesinos no quieran oir hablar  de la erradicación de la hoja de coca, ni del control de la producción, y rechacen toda propuesta al respecto. Sin embargo, las alternativas de cambio o de desarrollo en el VRAEM son un reto no sólo para sus regiones sino para el país, su mirada debe ser multi dimensional.  Es por ello que su solución requiere no sólo de una intervención de las Fuerzas Armadas y programas sociales como hasta ahora, sino de una atención a las razones de la pobreza, el déficit de servicios, los círculos de violencia, prostitución y trata de personas, mejorar la atención de  servicios en educación, en salud, la tecnificación, acompañamiento y duplicación de experiencias exitosas; así como la desnaturalización de la cultura del narcotráfico mediante la educación y alternativas de capacitación,  educación superior y de trabajo. Para abordar el difícil tema del desarrollo sostenible en el VRAEM no es cuestión solamente de centrarse en el problema de la coca, es necesario entender que en el VRAEM se juega el destino del país.

 


[1]Hugo Cabieses En defensa del VRAEM y sus gentes. DESCO Revista Quehacer No. 172 Octubre de 2008.