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Una publicación de la asociación SER
Abogada, secretaria ejecutiva adjunta de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos

El código bajo la manga

Juan Carlos Eguren, el congresista célebre por decir que las mujeres violadas no se embarazan porque no lubrican, será recordado por oponerse de manera ruin durante los últimos 5 años a la despenalización del aborto por violación y por atentar contra los derechos de las mujeres. Claro, en esta tarea no estuvo solo, lo acompañaron el congresista ex fujimorista Rosas y la congresista Martha Chávez, entres varios otros.

Ahora Eguren se ha propuesto,  antes de que termine su gestión como congresista, aprobar el nuevo Código Penal. Lamentablemente (para nosotras las mujeres) este código va en la línea de su famosa frase sobre la lubricación, y es que esta propuesta asume que el aparato reproductivo de las mujeres es propiedad del Estado y como tal, tiene derecho a decidir sobre nuestros úteros y sancionarnos a las mujeres por asumir eso tan revolucionario de que nuestro cuerpo nos pertenece en realidad a cada una de nosotras.

La propuesta de código que se debatirá y será votada este jueves trae como nuevos delitos cosas tan peligrosas como el de “lesiones imprudentes del concebido”. Este nuevo delito, según el médico Gonzalo Gianella, evitaría que los médicos brinden atención a las embarazadas en casos complejos como el tratamiento por Tuberculosis o VIH o para realizar amniocintesis u operar de apendicitis. Además, este nuevo texto no despenaliza el aborto por violación y, en los casos de aborto,aumenta las penas a las mujeres; sin embargo, para los abortos no consentidos, supuestos gravísimos donde se está atentando contra el cuerpo de las mujeres, las penas se mantienen.

Por si fuera poco tanto desprecio hacia las mujeres, aunque usted no lo crea, en pleno 2016 se habla como atenuante del delito el “móvil de honor”. Y con relación a las niñas y niños, pese a que el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables señaló la semana pasada que cuando se habla de menores de 18 años no se puede hablar nunca de prostitución forzada, sino de explotación sexual, el código Eguren insiste en esta cruel equivocación ¿tan poco importa la vida las niñas y niños?

Y ya que hablamos del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, que salió a criticar este código, sorprende que no haya dicho una sola palabra frente a la propuesta de eliminar la imprescriptibilidad de las graves violaciones a los derechos humanos o el nuevo delito planteado con relación al testimonio de las víctimas y testigos en tribunales internacionales. Habría que recordarle al MIMP que las violaciones a los derechos humanos también se cometen contra las mujeres, y que muchas mujeres han acudido a tribunales internacionales para encontrar una justicia que no hallaron acá en Perú o, en todo caso, que simplemente lean el reglamento y recuerden que como ente rector en materia de derechos de las mujeres tienen también la obligación de pronunciarse al respecto.

Otra omisión inmensa se da con relación a la orientación sexual y la identidad de género. Es absurdo que en un país que discrimina y violenta diariamente a las personas LGTBI, ni el código ni ningún ministerio haya llamado la atención sobre este terrible silencio. El código propuesto no los menciona, como si no existieran.

Así tenemos que el código Eguren además de criminalizar a las mujeres, ignora de manera soberbia a lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersexuales. Si Eguren quería culminar su gestión limpiándose de los tantos absurdos que el mismo dijo, con este intento de código será recordado como el congresista del código bajo la manga que intentó regresarnos al siglo XVI.