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Una publicación de la asociación SER

El camino morado

El “moradito” Julio Guzmán regresó a la escena pública con su libro estilo tell all “Nuestro propio camino” (Planeta, 2016). Su camino morado es el del centro donde -según relata- “el ministerio de educación es el más importante” (2016:101). La ola morada apela así a la educación como igualador de oportunidades para todos. Sin embargo, se encuentra con el gran dilema de una identidad nacional aún en construcción donde prevalece la desigualdad porque ha habido crecimiento pero no desarrollo, donde hay consumidores pero no ciudadanos

Esto también lo señala “Zapatillas de marca” (IEP, 2016), donde para los jóvenes que se autocalifican de clase media el presente es lo central, el consumo es señal de éxito, y el poder de adquisición es lo que predomina, relegando así la importancia del Estado como una cosa de pobres. Es en este sector donde el individualismo y el discurso emprendedor han calado de tal manera que pareciera que no sólo hay una falta de conciencia sobre derechos sino que se ha perdido la capacidad de reclamo. Así, se renuncia a exigir una educación estatal buena y gratuita (2016: 302) porque estar en un colegio privado da estatus, sin importar que una mala educación -aunque privada- termine costando el doble.

Es entre estas dos corrientes que los “jóvenes morados” podrían tener éxito. Ellos, que sin duda dieron un aire fresco a la campaña electoral deberán mantener su vigencia tratando de plasmar su visión de país con identidad integrada y contrarestar los antivalores que se han afianzado en varios sectores. Parte de su estrategia tuvo bastante empuje desde las universidades logrando mayor reconocimiento durante el debate de la ley Cotillo el año pasado, justamente reclamando una mejor calidad en la educación superior. 

Si hoy en día pertenecer es consumir, entonces lo que cualquier proyecto político debe lograr es que el ciudadano consuma más política.

En la medida en que uno se preocupe más por sus derechos, será más consciente de la importancia de sus decisiones políticas, sobre quién debe representarlo,y así dejaría de votar simplemente por el "mal menor. Este cambio traería mejoras desde el plano más local. Las marañas de cables en la ciudad, el tránsito en la capital, el número de accidentes y atropellos son solo ejemplos diarios del desorden que se genera cuando cada uno hace lo que quiere, sin importar cómo se afecta al resto.

El joven morado puede hacer un llamado a recuperar las convicciones, la conciencia cívica, pues ésta -considero- será la ola que podría mantener en vigencia a Guzmán hacia las próximas elecciones. Su sobrevivencia vendrá de cosechar de la frustración de aquellos que no han tenido quién los represente, sobre todo en el caso de aquellos jóvenes que esperan consumir más de lo que les permite su ingreso y que podrían apropiarse de la lógica de igualdad de condiciones para escoger su propio camino; para esos jóvenes que se mueven de trabajo en trabajo, sea el que sea, pero cuyo ingreso no se mueve. 

Quizás Guzmán fue demasiado optimista y por eso le llovieron críticas de inexperto, advenedizo, desubicado, quizás nos hayamos acostumbrado a vivir “condenados” a que el Perú no cambie. Lo que Guzmán quería vender era una esperanza no clientelista ni asistencialista, sino productiva y de gerencia de talentos. Sin embargo uno puede ser outsider solo una vez. Con su exclusión de la contienda en la que estaba segundo ya tiene una narrativa, pero sin presencia ni siquiera en el Congreso y siendo la memoria de los peruanos tan frágil, va a tener que volver a presentarse en sociedad. Por lo tanto, la mística que envuelve a los jóvenes morados será de vital importancia para poder conectar con más jóvenes.

Poder conectar con aquellos con aspiraciones que vayan más allá del consumo inmediato y, por el contrario, tengan interés en consumir política es el camino.

 

 

Ana Vergara pertenece a la Plataforma Comadres, espacio que busca posicionar el trabajo de las mujeres en el análisis de la política nacional e internacional