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Una publicación de la asociación SER
Antropólogo con maestría en ciencia política.

Discursos Autojustificatorios

En reciente visita al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, en Santiago de Chile, escuché la proclama de Gustavo Leigh, comandante en jefe de la Fuerza Aérea de Chile y miembro de la junta militar que dio el golpe de Estado al presidente Salvador Allende, en setiembre de 1973. Este oficial justificaba así las razones de este hecho:

Esta es una decisión que las fuerzas armadas y de orden tomaron por unanimidad, después de sopesar largamente la trascendencia y el significado de una tradición de muchos años, en que las instituciones armadas y de orden de Chile se habían colocado en un plano excepcional de prescindencia política. Pero, después de tres años de soportar el cáncer marxista que nos llevó a un descalabro económico, moral y social que no se podía seguir tolerando, por los sagrados intereses de la patria, nos hemos visto obligados a asumir la triste y dolorosa misión que hemos acometido. No tenemos miedo. Sabemos la responsabilidad enorme que cargará sobre nuestros hombros, pero tenemos la certeza, la seguridad, de que la enorme mayoría del pueblo chileno estácon nosotros, está dispuesto a luchar contra el marxismo, está dispuesto a extirparlo hasta las últimas consecuencias. Y gracias al apoyo de este noble pueblo chileno, que sin distinción que no sea otra que la de ser marxista, llevaremos al país al resurgimiento económico, político, social y moral.

Pareciera un discurso del pasado. Lamentablemente no es así. Hace pocos días, las FARC-EP, que negocian el final de un conflicto armado de más de 50 años con el gobierno colombiano, publicaron el siguiente texto:

Se hará un reconocimiento de la responsabilidad sistémica y del orden de relaciones sociales capitalistas existentes, a fin de explicar las razones más generales y abstractas de los procesos de victimización. Se admitirá, por tanto, que el origen y la reproducción de la violencia del sistema, que ocasiona procesos de victimización sistemática, se encuentra en las condiciones estructurales, políticas, económicas, sociales y culturales, de dominación y explotación, de desigualdad, pobreza y miseria, de exclusión e inequidad, prevalecientes en el país, así como en el diseño e implementación de políticas encaminadas a la preservación y prolongación del régimen imperante. Todo ello produce y reproduce de manera incesante el conflicto social y de clases; desata fuerzas, formas de organización, mecanismos y dispositivos de preservación del poder y del régimen de privilegios por parte de las clases dominantes, incluyendo el recurso de violencia, que es intrínseca e inherente al sistema. Asimismo, provoca diversas formas de respuesta social y popular, incluida la subversión y la rebelión armada, que debe comprenderse legítima, como derecho de los pueblos, y en procura de un nuevo orden social que supere los fundamentos del ya existente. Superar de forma definitiva el orden de victimización presume superar el orden de relaciones sociales existentes.

Según esta organización guerrillera, la violencia es legítima porque la “violencia del sistema” es previa y principal responsable de los casi siete millones de víctimas del conflicto colombiano.

Pese a sus tan lejanas posiciones ideológicas, el discurso del militar chileno y el discurso de la guerrilla colombiana se parecen mucho, pues proponen una auto justificación a los hechos de violencia de los que son responsables. Para ello, se escudan en conceptos abstractos, como “los intereses sagrados de la nación” o en la necesidad de desmontar “las condiciones estructurales” o “el orden de relaciones sociales existentes”, supuestamente responsables de que haya víctimas.

Ningún discurso ideológico puede señalarse a sí mismo como inocente, cuando ha sido responsable de violaciones a los derechos humanos. Las justificaciones abstractas son confrontadas por las víctimas reales, pues ello revela que estos hechos fueron cometidos por personas concretas, que adoptaron decisiones concretas en circunstancias concretas, y su responsabilidad no puede esconderse detrás de argumentaciones que apelen a justificaciones abstractas.

En el Perú lo entendió bien la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) cuando señaló que “la causa inmediata y fundamental del desencadenamiento del conflicto armado interno fue la decisión del PCP-SL de iniciar la lucha armada contra el Estado Peruano”. La violencia surgió como producto de decisiones de una organización real, no de pretendidas “situaciones objetivas” que dieron lugar a la violencia, segúnafirmaba el discurso ideológico de Sendero Luminoso, y que fue calificado por la CVR como “una ideología de carácter fundamentalista, centrada en una rígida preconcepción del devenir histórico, encerrada en una visión únicamente estratégica de la acción política y, por tanto, reñida con todo valor humanitario. El PCP-SL desdeñaba el valor de la vida y negaba los derechos humanos”.

De eso se trata en todos los casos: discursos ideológicos que operan como auto justificación de acciones violentas que no respetan los derechos de las personas, en nombre de ideales abstractos, supuestamente compartidos por una comunidad política, pero, en realidad, auto impuestos por quienes ejercen la violencia. La historia y la memoria están ayudando a que estos planteamientos vayan quedando en el pasado, aunque nunca está demás mantenerse alerta frente a quienes deseen volverlos una realidad presente.