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Una publicación de la asociación SER
Psicólogo con maestría en Sociología.

Desempate

Los pobres del campo pesan poco. Sólo el 25% de la población nacional vive en distritos con menos de diez mil habitantes. Allí el día de las elecciones, el grado de ausentismo es mayor que en las ciudades, por las distancias o porque el transporte es escaso y caro o, simplemente, porque no tienen DNI. Como son pocos y están dispersos, los gobernantes y los candidatos nunca los visitan. Tampoco los encuestadores. Sin embargo, ahora que los candidatos para la segunda vuelta andan empatados en la simpatía de millones, conviene volver la vista a los de más abajo, a esos que los politólogos y encuestadores definen con una abstracción: el sector o nivel E, porque ellos pueden romper el empate. Para saber qué prefieren, se tiene un dato más valioso que veinte encuestas: los resultados oficiales de la ONPE de la jornada del 10 de abril. Veamos.

En los 25 distritos con mayor cantidad de familias pobres[1], el nivel de asistencia a votar fue más bajo que el promedio nacional (67% frente al 81.8%). En otras palabras, mientras en el territorio y el extranjero hubo el 18.2% de ausentes, entre los más pobres del Perú no fueron a votar el 33%. En cuanto a los votos en blanco y nulos, se dieron en mayor cantidad que el promedio nacional: 35.9% frente al 18.1%. Esto sería el producto de la poca información que circula entre las familias de escasos recursos en esos distritos, que a lo mejor les impide tener un aparato de radio, pero a la vez demuestra que no toda la gente va a votar a ciegas siguiendo una consigna, sino, más bien, se resiste y manifiesta su abstención cuando ningún candidato la convence.

Respecto a los resultados, Verónika Mendoza ganó en 13 distritos,  con un promedio de 57.8% de votos favorables, mientras que Keiko Fujimori lo hizo en 7 con un promedio de 50.6%. Ambas empataron en el distrito selvático de Ongón en La Libertad. En Balsapuerto y Cahuapanas ganó Pedro Pablo Kuczynski (promedio de 33.9%) y en Tambobamba y Pacaipampa lo hizo Goyo Santos (promedio de 45.9%).

A un nivel de mayor agregación, en las 20 provincias más pobres y con menor densidad de la presencia estatal y sus servicios[2], Verónika ganó en 10, con un promedio del 52.6% de los votos válidos, mientras Keiko en 9 con un promedio del 52.1%. Toledo ganó en Mariscal Luzuriaga, provincia de Ancash con el 44.4%. Keiko quedó en segundo lugar en 10 provincias con el 23.8% en promedio y Verónika fue segunda en 8 con el 25.1% de los votos en promedio. Goyo fue segundo en Sánchez Carrión en La Libertad y Huancabamba de Piura. En ninguna provincia, PPK alcanzó el segundo lugar y su votación promedio fue de 7%.

Como se puede ver, la presencia de Fuerza Popular en el mundo rural tiene una larga ventaja sobre PPK. Sólo la decisión de los votantes de izquierda para apoyar a PPK –o los que votaron en blanco o nulo en la primera vuelta que fueron en promedio 32.6% a nivel provincial- podría ayudarlo a compensar su déficit. Esa decisión pasa, más que por el acuerdo y recomendación de las cúpulas y dirigentes de las izquierdas, por la opinión de los líderes comunales.

Los estrategas de PPK parecen haberse asegurado el futuro, calculando que los votantes izquierdistas votarán por ellos sin mayor problema. Confían, en la corriente anti-keiko y están seguros que Verónika, si llamara a votar en blanco, no tiene ninguna capacidad de endose. ¿Será verdad? Pero como no conocen el Perú profundo, ignoran que en la selva y en la sierra –desde Ancash y Huánuco hasta el Titicaca- aún no ha desaparecido la tradición del voto comunal que consiste en que días antes de la jornada electoral la comunidad se reúne y decide por quién votar y el día señalado, los que asistieron a la asamblea cumplen religiosamente el mandato “del común”. Esos dirigentes podrían decidir apoyar a PPK o votar en blanco o nulo…


[1] Según PNUD los que tienen menor índice de desarrollo humano son Río Santiago, de Amazonas; Quillo de Ancash; Chalhuahuacho y Tambobamba de Apurímac; Puyca de Arequipa; Coronel Castañeda de Ayacucho; Omacha de Cusco; Huanca-Huanca, Rosario y Santo Tomás de Pata de Huancavelica; Colpas, San Pedro de Chaullán, San Buenaventura y Umari de Huánuco; Ongón y Sanagorán de La Libertad; Cañaris e Incahuasi de Lambayeque; Andoas, Balsapuerto, Cahuapanas y Morona de Loreto; Lagunas, Pacaipampa y Sapillica de Ayabaca, Piura.

[2] Según PNUD son Candorcanqui en Amazonas; Fitzcarrald, Mariscal Luzuriaga y Yungay en Ancash; Acomayo, Paruro y Paucartambo en Cusco; Angaraes en Huancavelica; Marañón y Pachitea en Huánuco; Sánchez Carrión en La Libertad; Datem del Marañón en Loreto; Ayabaca y Huancabamba en Piura y Atalaya en Ucayali.