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Una publicación de la asociación SER

Desarrollo y felicidad

Si uno dice: “¡Conga no va!”, inmediatamente viene la acusación: “Entonces, estás en contra del desarrollo y del progreso”. Mi reacción a esto es preguntar: “¿De qué desarrollo y progreso estamos hablando?” Y, me parece, que hay muy poco que sea claro al respecto.

Una de las definiciones del desarrollo es, que es “la mejora cualitativa y durable de una economía y de su funcionamiento”, lo cual ilustra que, cuando se habla de desarrollo, normalmente se está pensando en términos económicos. Ahora, si miramos a un país como España, que tiene la quinta economía de la Unión Europea, vemos que hace pocos años gozaba de una expansión económica impresionante que cualquier visitante notaba al ver la construcción de miles de departamentos en Madrid; se decía que la aspiración de la gente era tener su departamento propio, su auto y sus buenas vacaciones.

Hoy, todo eso parece un sueño y los españoles se han despertado a la realidad de una economía en recesión, la devolución de los departamentos a los bancos y el 24% de desocupación de la población activa. No es un panorama de lo más feliz que digamos. El desarrollo económico ha colapsado, creando un ambiente de amargura y frustración.

Amargura y frustración abundan en Cajamarca mientras estamos enfrascados en el conflicto sobre el proyecto Conga. Me pregunto si realmente hay un proyecto de desarrollo que sea sostenible y que producirá felicidad para la mayoría de los cajamarquinos. Cuando se conversa con la gente mayor, hablan con nostalgia de la Cajamarca de antaño, mucho menos desarrollada económicamente y mucho más feliz. Este debate entre desarrollo económico y felicidad se vive en una forma extraordinaria en Bután, pequeño reino budista al norte de la India que conserva una cultura tradicional que enfatiza la gran importancia de la felicidad. Esa es la preocupación de los gobernantes: que la gente sea feliz. Sin embargo, su cultura tradicional tiene que capear con el avance –o invasión–, de la modernidad global.

Esto incluye lo que hemos visto aquí, en Cajamarca, donde hay un abismo entre ricos y pobres y la propaganda comercial campea por todos lados. Esta tiene el fin de estimular el deseo de adquirir más y más cosas, que chocaría frontalmente con la tradición de Bután que afirma que el deseo es la madre de la infelicidad.



Artículo publicado en la revista VOCES Nro 40-41. Junio 2012. Cajamarca. Asociación SER.