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Una publicación de la asociación SER

De la Selva su Choropampa

El 2 de junio del 2000, en el Distrito de Choropampa, 151 kilogramos de mercurio de propiedad de la Minera Yanacocha fueron derramados desde el distrito de San Juan hasta el Centro Poblado Menor de San Sebastián de Choropampa. Casi 27 kilometros de un manto de metal tóxico brillaba sobre la carretera. Luego, un grupo de trabajadores de Yanacocha llegó al lugar y ofreció entre 100 y 300 soles a la población por cada kilo de mercurio recuperado; niños, niñas, mujeres y hombres de todas las edades, sin guantes, sin mascarillas ni implementos necesarios, emprendieron la terrible tarea. Por ignorancia y necesidad económica, recogieron el mercurio con sus propias manos, incluso muchos niños y niñas lo aspiraban con la boca porque así era más “fácil” recogerlo. Una semana después, el brillo del mercurio se transformó en náuseas, vomitos, diarreas, y ronchas en la piel. Hoy en día, Choropampa sigue sufriendo las secuelas de aquel derrame; Chorompampa sigue sumergido en la pobreza y el olvido, pese a que a viva voz nos convencen que la minería es el sustento del país.

Han pasado casi 16 años, y no hemos aprendido nada; el mismo drama se repite una y otra vez, pero en diferente escenario. Es apenas el segundo mes del año, y ya se han registrado tres derrames de petroleo en nuestra selva. Casi 2 mil barriles de petróleo del oleoducto que es manejado por Petroperú, fueron derramados el pasado 25 de enero en el Caserío de Villa Hermosa, Imaza, provincia de Bagua. Una mancha negra se extendió hasta la quebrada de Inayo, que conecta con el río Chiriaco y es afluente del río Marañón; afectando con esto a un total de 5,000 personas. El segundo derrame ocurrió el 3 de febrero, en el centro poblado de Mayuriaga, Morona, provincia de Datem, Loreto. Fueron alrededor de mil barriles de petróleo (Petroperú), que llegaron hasta el río Mayuriaga, y de ahí hasta el río Morona, también afluente del río Marañón. 3,500 personas afectadas. Y el tercer derrame ocurrido el 17 de febrero en la localidad de Pucará, provincia de Jaén (que por cierto, se encuentra a una hora de Bagua), Cajamarca. El derrame se produjo a consecuencia del mantenimiento de la tubería de petróleo del oleoducto Norperuano de Petroperú, afectando áreas de cultivo en el caserío La Vega. Según informe del Indeci, “este derrame no afecta a la población, ya que está empozado a una distancia de 8 kiometros de las viviendas”.

Cabe mencionar que, en los tres lugares donde ocurrieron los derrames, cuyo daño es irreparable, la población no cuenta con agua potable y su principal actividade es la agricultura y la pesca. Tanto en Bagua como en Loreto, el petróleo ha teñido de luto fauna y flora, y el líquido vital de las comunidades indígenas y mestizas cercanas.

Sin embargo, la peor parte se la llevan Imaza y Nazareth. Bagua, que siguen sangrando por los hechos ocurridos el 5 de Junio del 2009, producto de la irreverencia del ex presidente Alan García Perez, que ahora, sin vergüenza ni arrepentimiento, es candidato a la presidencia. De nuevo estos pueblos tienen que afrontar la indignación, la injusticia, y la explotación de su gente, y aunque parezca imposible de creer, también de sus niños. Así niños de la comunidad awajún de Nazareth, que por 2 soles, son explotados recogiendo petróleo, estando expuestos a daños directos en su salud (síntomas que van desde dolor de ojos, dolores de cabeza, vómitos e irritación de garganta; y efectos prolongados como dermatitis, cáncer de piel, cáncer pulmonar, asmas, entre otros).

Muchos buscamos culpables, señalamos autoridades, y acusamos a la OEFA (cuyo jefe ha renunciado y aún no tiene reemplazo) y OSINERGMIN por la ineficiente sanción, y nos indignamos en cuanta red social existe; ¿y cuánto dura esa indignación? ¿En algo puede ayudar buscar culpables cuando el daño ya está hecho? ¿Qué pasará en un par de meses, o en un año? Para mi el panorama seguirá siendo el mismo, ¿pesimista?, sí , tal vez. Pero en mi pesimismo hay mucho de verdad, y ocurrirán más derrames, y nuestros hermanos indígenas al igual que nuestros hermanos de Choropampa serán olvidados. Tantos plantones y marchas sólo para que algunos personajes públicos (no necesariamente políticos) suban en encuestas o figuren por primera vez, para que luego nuevamente los enterremos en ese rincón del país, donde las personas son invisibles, y donde los recursos son explotados con avidez.

Qué irónico vivir en un país bendecido por su recursos y cultura, pero maldito por su propia gente y su egoísmo.