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Una publicación de la asociación SER

Cusco, región sin elite política

Cusco es la región más favorecida por el canon y regalías provenientes de industrias extractivas. Sin embargo,  el inicio de este año fue uno de los más dramáticos para el Gobierno Regional, ahogado por un deficiente manejo de esos recursos y la reducción de su presupuesto. Esta virtual bancarrota devino, como señala el periodista cusqueño Wilson Chilo, en la paralización de obras y el retraso en los salarios de funcionarios desde el último trimestre del 2013. El saldo de esta crisis es importante tanto en los puestos de línea que han sido recortados, como en los trabajadores de los proyectos de infraestructura paralizados.

Cusco es una región, la única, que se preciaba de tener un presidente regional (Gana Cusco) de la tienda política del gobierno central (Gana Perú). Sin embargo, el hoy ex presidente regional Jorge Acurio fue sentenciado a prisión suspendida e inhabilitado para la función pública, razón por la que su vicepresidente René Concha asumió la presidencia. En términos de gobierno, esta transición insistió en el reordenamiento de gerencias regionales y el ajuste presupuestal, marcando constantemente una separación con ‘la gestión anterior’ de la que el hoy presidente era parte. En términos electorales, como señala Jaime Borda en un informe para Noticias SER (26/03), la inhabilitación ha removido las aguas en lo que parecía ser un escenario calmado por la reelección casi segura de Acurio este año. Hoy, la región tiene un ex presidente en la cárcel y a otro con prisión suspendida.

Cusco es una región con múltiples conflictos derivados de su dinámica social y  económica. Sin embargo, los únicos que logran captar, aunque por breves minutos, los reflectores nacionales se articulan sobre demandas que atañen a la capital del departamento, como Aeropuerto Internacional de Chinchero, o que amenazan uno de los sectores favoritos del modelo, como la minería. Las declaraciones de diferentes autoridades sobre la ampliación del proyecto Camisea, por poner un ejemplo, parecen marcar una evaluación de su pertinencia solo en función de cuánto canon dejan para la región o si esta se beneficia del producto (los derechos de los pueblos indígenas son un tema absolutamente colateral en esa perspectiva). Por otro lado, las ‘fuerzas sociales’ parecen más concentradas en el modelo económico que en pensar la región y sus alternativas a las lógicas de desarrollo de la capital cusqueña respecto al resto de la región.

Cusco era una región bastión del humalismo (más del 90% de los votos). Sin embargo, Ollanta Humala es blanco de crítica y repudio por diversos sectores, tensión que ha alcanzado a los congresistas por la región que fueron electos en su totalidad de la lista nacionalista (5 de 5). De éstos, solamente Verónika Mendoza ha tomado distancia del gobierno actual para formar parte de la bancada Acción Popular/Frente Amplio y merece una mejor evaluación en importantes sectores; sin embargo, el panorama de desencanto y falta de legitimidad que se deja sentir en el pulso de encuestas y actos políticos regionales da cuenta de un escenario adverso para la representación regional.

El drama de Cusco es, paradójicamente, no pensarse como región. La carencia y aparente imposibilidad de una agenda regional a mediano y largo plazo, o él característico localismo de buena parte de la prensa política son sintomáticas de esta ‘dinámica regional’ donde las tensiones centro-periferia no son muy diferentes a las dinámicas nacionales. Sin una élite política regional capaz de articular intereses más allá del turismo y el patrimonio, encontramos autoridades deslegitimadas, una constelación de personalidades políticas (y sus asesores) más que alternativas programáticas y organizaciones fragmentadas; un escenario donde hacer una carrera política depende de eventos (des)afortunados antes que en la inversión de tiempo y recursos en organizaciones políticas.