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Una publicación de la asociación SER

Cuando la intolerancia mata

#JeSuisCharlie

Hoy amanecimos con una noticia que debe conmocionarnos, al menos a quienes creemos en la libertad como condición para el desarrollo del ser humano. Doce personas fueron asesinadas en Francia y diez están gravemente heridas. ¿Quiénes eran? Parte del equipo editorial y gráfico de Charlie Hebdo, revista satírica francesa. Digamos lo que fue en algún momento en el Perú “Monos y Monadas”, revista cómica con alto análisis crítico de la política nunca más visto en el país.

La peculiaridad de Charlie Hebdo, es mostrar lo ridículo del ejercicio de poder cuando este supone denigrar a otro ser humano, coactar la libertad y el desarrollo pleno de una persona por su género, raza o creencia. De manera inteligente, creativa y anarca (entendido anarquismo como un pensamiento y una actitud contraria a los autoritarismos y verdaderamente libertaria) y con una alta dosis de compromiso – a sabiendas del riesgo al que se sometían – criticaron a fundamentalistas cristianos, judíos y musulmanes, y a cualquier conservadurismo que atente contra el desarrollo pleno y libre de las personas.

Hoy ingresaron a las oficinas de Charlie Hebdo “tres hombres vestidos de negro, encapuchados y armados con fusiles kalashnikov…al grito de "Alahu al akbar" ("Dios es grande")”disparando a mansalva, asesinando sin conmiseración a quienes han sido calificados como los caricaturistas más irreverentes de Francia. Entre los muertos se encuentran Charbonnier (Charb) Cabu, Tignous y Wolinski, cuatro de los mejores dibujantes. Charb era además el director de la revista, y desde el 2011 vivía con seguridad policial. Ese año se produjo un primer atentado que pudo terminar en tragedia.

¿Por qué Charb y el resto del equipo de Charlie Hebdo mantuvieron la revista, el tono irreverente y contestario que la caracteriza pese a que esto los ponía en riesgo? Como él mismo contestó luego del 2011 “porque es más peligroso autocensurarse…humor o muerte. Muchas veces la risa es el arma más subversiva que hay, es la que desnuda la irracionalidad del status quo, ridiculiza lo que algunos pretenden imponer como orden. Quienes lean La República sabrán que el mejor análisis que nos trae es la Carlincatura de Carlos Tovar. Al verla, uno tiene el mejor análisis político del día, resultando expuestos  las Madres y Padres de la Patria. 

El cinismo desarrollado por la sociedad contemporánea hace, muchas veces, que este tipo de sucesos se lean como un “breve” en un periódico o un comentario de pasillo y esto es. La indiferencia, o la coraza que hemos desarrollado para que el nivel de violencia con el que vivimos no nos afecte, nos vuelven indolentes. Algunos pensarán “no pasó en el Perú” o “qué habrán hecho”. Lo ocurrido en Francia merece nuestra atención, no sólo porque es una de esas ocasiones en que lo inhumano gana, sino por nuestra propia historia, por lo que muchas veces pretendemos dejar en el olvido pero que su presencia nos define cotidianamente. En el Perú el fundamentalismo de Sendero Luminoso y la irracionalidad de la reacción de las Fuerzas Armadas se llevaron a la tumba a más de 60 mil peruanos, asesinados y muchos aún desaparecidos.

Entre los años 80 y 2000 era peligroso alzar la voz contra el fundamentalismo, sea de Sendero o sea de las Fuerzas del Orden. Muchas personas murieron por atreverse a cuestionar lo que estaba pasando. Se me viene a la mente María Elena Moyano, mujer valiente que se atrevió a decirle a Sendero Luminoso en Villa el Salvador “La revolución es afirmación a la vida, a la dignidad individual y colectiva; es ética nueva. La revolución no es muerte ni imposición, ni sometimiento ni fanatismo. La revolución es vida nueva, es convencer y luchar por una sociedad justa, digna, solidaria al lado de las organizaciones creadas por nuestro pueblo, respetando su democracia interna y gestando los nuevos gérmenes de poder en el nuevo Perú”. Murió de la manera más cruel, en un atentado de Sendero, la volaron con dinamita.

Desde el Estado, con una lógica similar, se puso en marcha un comando paramilitar Colina, que asesinó y desapareció a ciudadanos, entre ellos a Pedro Huilca, secretario general de la CGTP que el 92 alistaba un bloque anti-neoliberal para hacer frente a las reformas iniciadas por Fujimori.

Cientos de defensores de derechos humanos, periodistas, abogados, intelectuales, dirigentes sociales han padecido en nuestro país por el fanatismo de la guerra interna. Muchos viven, muchos no, pero no se callaron.

Por ellos, por los 12 muertos en Francia y por todas las personas que ponen en riesgo su vida porque saben que no denunciar la injusticia y la intolerancia es matar el espíritu, no olvidemos que nuestras mentes, corazones, manos y bocas son fundamentales contra cualquier  fundamentalismo. 

Ojalá que en Francia esto no alimente otros fundamentalismos como el de Le Pen como ocurrió en el Perú donde la barbarie alimentó a la dictadura de Fujimori.