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Una publicación de la asociación SER

¿Cómo explicar el Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas? (II)

Hoy se cumple el cincuentenario del golpe de Estado del 3 de octubre de 1968.  Medio siglo no parece tiempo suficiente para entender y evaluar desapasionadamente los cambios que se impusieron al país durante los años del autoproclamado “Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas”.  Menos aún sopesar equilibradamente sus consecuencias a largo plazo.  Todos los habitantes del Perú somos herederos, querámoslo reconocer o no, de ese período de nuestra historia reciente.

Intentemos ENTENDER el régimen presidido por el General Juan Velasco Alvarado [1910-1977], la famosa “Primera Fase” (1968-1975) de aquel gobierno militar, REPENSAR lo que creemos saber de nosotros mismos y de nuestro pasado.  Recurramos nuevamente al historiador norteamericano Daniel M. Masterson [n.1945], especialista en Historia Latinoamericana del siglo XX, profesor emérito de la Academia Naval de los EE.UU.

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“El gobierno de Fernando Belaúnde Terry [1912-2002], que comenzó con tan grandes esperanzas en julio de 1963, fue derrocado por un nuevo golpe de Estado en las primeras horas del 3 de octubre de 1968.  La popularidad del presidente había caído hasta tal punto que, a finales de setiembre, su partido Acción Popular se había fragmentado y sus militantes se enfrascaron en una violenta lucha por el control del local principal del partido el 24 de setiembre de 1968.” [p. 167]

“La jefatura de las Fuerzas Armadas estuvo intranquila durante la mayor parte de los últimos dos años del gobierno de Belaúnde.  La controversia con la [compañía petrolera norteamericana] I.P.C., la parálisis política del congreso [dominado por el APRA y los odriístas], y el anuncio de Haya de la Torre, de que sería nuevamente candidato a la presidencia en 1969, intensificó el descontento de los militares.  El destino de Belaúnde era debatido por los militares en reuniones grupales y conversaciones privadas.  El comandante general del ejército, el General de División Juan Velasco Alvarado [1910-1977], tenía la llave del destino del presidente.  Velasco estaba convencido de que Belaúnde ya no podía gobernar efectivamente, así como, en general, ninguno de los políticos civiles del Perú.  Sin buscar el apoyo de todos los jefes de las Fuerzas Armadas, el general rebelde conspiró con un selecto grupo de aproximadamente doce oficiales para derrocar al gobierno y estableció un régimen reformista de largo plazo que transformaría la sociedad peruana.  En este sentido Velasco y el golpe militar se diferenciaron fundamentalmente de los otros regímenes militares en América del Sur.  En Argentina [en 1976], Brasil [en 1964] y Chile [en 1973], la abyecta violencia y represión contra aquellos percibidos como los izquierdistas de la nación fue el camino usual.  El Perú adoptaría un camino muy diferente”. [p. 167]

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“Juan Velasco Alvarado nació en [el barrio de] Castilla, en las afueras de Piura, en el Norte del Perú, el 16 de junio de 1910.  Tuvo diez hermanos y su padre tenía un precario trabajo como asistente médico.  Pasó su juventud viviendo en los que él mismo llamó “una pobreza digna”, a menudo trabajando como lustrabotas, mientras obtenía buenas calificaciones en la escuela.  Velasco bien pudo haber sufrido en algún grado de prejuicios raciales, debido a su piel oscura y facciones indígenas.  Durante su carrera militar su apodo fue “el chino”.  Como la mayoría de los apodos entre militares, no debió haber sido aplicado con la mejor de las intenciones, ni tampoco recibido de este modo”. [p. 167]

“Como [el presidente Gral.] Sánchez Cerro [a principios del siglo XX], Velasco buscó utilizar al ejército como una vehículo para progresar.  Sin mentores militares conocidos no podía acceder a la Academia Militar de Chorrillos.  Por eso se enroló en el ejército como soldado raso en abril de 1929.  Entonces rindió el examen de ingreso a Chorrillos, logró la calificación más alta para ingresar [en 1930], y llegó a graduarse el primero de su clase en 1934.  Avanzando progresivamente a través de la jerarquía con distinción, Velasco alcanzó el rango de general de brigada en 1955.  Pese a sus altas calificaciones en Chorrillos, Velasco no fue un militar intelectual, como sí lo fueron varios de sus colegas cercanos.  Parece haber sido más un hombre de acción que uno de ideas complejas.  Es importante notar que no estudió en el CAEM y que este centro del pensamiento militar no jugó un rol prominente en su gobierno militar.  Velasco tuvo alguna experiencia en el campo de batalla, al haber servido brevemente en la Guerra con Ecuador en 1941, pero el general ejerció, en algún momento u otro, todos los puestos principales de mando del ejército.  También tuvo una valiosa experiencia en el extranjero, como agregado militar del Perú en Francia [1962-1963] y miembro del ‘Comité Interamericano de Defensa’ en Washington DC [1963]”. [pp. 167-168]

“Lo que distingue a Velasco de muchos de sus colegas militares es su profunda sensibilidad social.  Era un apasionado de sus creencias sociales.  También fue honesto en términos personales, cuando numerosos de sus colegas en el gobierno militar no lo fueron.  Un almirante retirado [el vice-almirante Luis Vargas Caballero, entrevistado en 1985], quien difería profundamente con Velasco sobre la legitimidad del rol de las Fuerzas Armadas en las reformas sociales y económicas, sin embargo pensaba que Velasco verdaderamente “buscaba acabar con muchas de las injusticia en nuestra sociedad”.  Un oficial militar norteamericano [el coronel retirado James Aikens, entrevistado en 1985] que conoció a Velasco confirma el desagrado del general respecto de la oligarquía peruana.  Velasco también creía fuertemente en la necesidad de una efectiva reforma agraria.  Velasco creció en circunstancias relativamente humildes, no muy lejos de las instalaciones de la I.P.C., y sus fuertes sentimientos sobre la compañía pudieron haberse originado en esa experiencia”. [p. 168]

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“Es crucial entender un importante aspecto del golpe de octubre de 1968.  Tuvo solo la aprobación tácita de la jefatura de las Fuerzas Armadas.  En realidad la mayoría de los comandantes de la Marina se oponía  en principio.  Pensaban que las Fuerzas Armadas no estaban designadas para guiar al país a través de semejantes cambios fundamentales en la sociedad.  El comando de la Marina pensaba que el programa de Velasco dividía a los militares y los exponía a las tentaciones de la corrupción y mala conducta.  En realidad, solo cerca de una docena de oficiales estuvieron involucrados en planificar y ejecutar el golpe.  De esos doce, los más importantes eran claramente el General Edgardo Mercado Jarrín [1919-2012], quien era el líder intelectual del Ejército y con mucha probabilidad el autor de varias de sus reformas.  Seguiría siendo influyente como oficial retirado hasta la década de 1990.  El General Alfredo Arrisueño, comandante de la división blindada, y el General Alberto Maldonado, comandante de la segunda división en Lima, apoyaron la toma del poder de Velasco.  Estos oficiales ejercían los cargos más importantes del Ejército, y era muy difícil oponérseles.  Varios coroneles progresistas que comandaban unidades clave estuvieron involucrados en el plan.  Entre ellos, los coroneles Jorge Fernández Maldonado y Enrique Gallegos Venero hicieron oír sus voces en relación con las reformas progresistas del gobierno de Velasco”. [p. 168]

“Y este fue [en efecto] el gobierno de Velasco.  Gobernaba como un caudillo, a veces liderando tumultuosas reuniones con su arma de reglamento en la mesa delante de él.  Estos eran hombres que sentían una particular urgencia por cambiar el Perú.  Velasco había estado en Francia, donde había llegado a admirar el estilo de liderazgo de [el General Charles] DeGaulle [presidente 1959-1969], pero también era vivamente consciente del cuasi colapso político y los repetidos intentos de asesinato del líder francés debido a la terrible Guerra de Argelia [1954-1962].  La ofensiva del Tet [en Vietnam] y el tumultuoso verano [boreal] de 1968 en París [Mayo del 68], Chicago [Convención del partido Demócrata] y Ciudad de México [masacre de Tlatelolco], no debieron estar muy lejos de sus pensamientos.  Velasco y sus compañeros de conspiración pusieron en movimiento el tren de las reformas con gran rapidez”. [p. 168]

Esta historia continuará.

 

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Traducido de: Daniel Masterson, ‘The History of Peru’ (Westport, Conn.: Greenwood Press, 2009).

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