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Una publicación de la asociación SER

Cipriani, el político que yo conocí

Me anima a hacer el presente comentario la reciente y excelente publicación de los investigadores Luis Pásara y Carlos Indacochea [1] sobre una persona realmente controversial dentro y fuera de la Iglesia católica. Me agrada la presentación del texto y el tamaño del mismo. La edición está muy bien cuidada y se puede leer con bastante fluidez  a pesar de ser un texto donde se combina sociología, análisis político y antropología religiosa. Mirando el contenido, me parece muy útil para muchos que oyen bastante sobre la persona como la  corriente teológica y pastoral que está detrás del Opus Dei y otros “partidos políticos dentro de la Iglesia”, como los ha llamado curiosamente el papa Francisco.

El conocimiento de la historia del Opus Dei en España y el Perú tiene mucha importancia, ya que ha crecido mucho en influencia en territorios que son claves en la Iglesia y la sociedad peruana. En un artículo que titulé “Una mirada desde dentro a la Iglesia de Cipriani” en Noticias SER, ya llamaba la atención de este estilo que es un problema para  la iglesia y para la sociedad peruana. Finalmente, me parece un aporte serio al estudio de estas instituciones y personas superando, como dicen en  la contratapa, “…el tono…de panegírico o de afrenta” en los pocos estudios que hay sobre el tema. Un trabajo que es un reto para los nuevos investigadores del campo de las ciencias sociales y teológicas.

Con este marco general quiero aportar algunos datos. Lo hago también animado al ver las varias  veces que se cita mi diario en Ayacucho de los años 1988-1991 [2]. Soy testigo de la llegada del señor obispo a Huamanga, y como digo en mi diario, llegó realmente pisando fuerte o con el pie en alto; no venía a conceder nada a nadie, salvo a sus  acompañantes de la misma organización. Vino con un arquitecto y un decorador de interiores, para arreglar su palacio episcopal, ya que una de las características de este sector o ‘partido de la Iglesia’ es que tienen muy presente su dignidad episcopal o sacerdotal entendida como algo que tienen que hacer sentir y sobre todo darse las condiciones para vivirla. De allí mi crítica. Ayacucho era y es una región del  país donde el Estado invertía un sol al año por cada habitante de los años previos a la guerra iniciada por Sendero. Me parecía un verdadero insulto a los pobres y al propio evangelio que practicó y predicó Jesús. Lo segundo fue ver que el palacio pasó a ser una de las casas más cuidadas por los militares. Esto mostraba, para mí y para muchos ayacuchanos, de qué lado estaba. Por una parte, era  una muestra de su posición claramente política hacia las autoridades del departamento y también para los sacerdotes diocesanos y las congregaciones religiosas que trabajábamos en la zona, algunas desde muchos años atrás. Ninguna parroquia, menos aún una casa de religiosos de ningún tipo, tenía esa protección militar.Era realmente un pastor que empezaba pastoreándose a sí mismo y no a las ovejas a su encargo.

Un segundo aspecto que nos llamó poderosamente la atención era que venía con una clarísima voluntad de control y dominio de todas las actividades y personas que trabajábamos en esa jurisdicción eclesial. Empezó por las personas y después por las instituciones; quería que usáramos la sotana o el alzacuello, por lo menos; que nos quitáramos las barbas y bigotes si los usábamos, que le diéramos informes pormenorizados del contenido de las charlas para los jóvenes con los que hacíamos jornadas y retiros espirituales. A mi superior local le pidió que dejara de enseñar en la universidad donde llevaba casi dos años haciéndolo. Pidió igualmente que un sacerdote,que atendía espiritualmente a las religiosas de los conventos de clausura y también de vida activa, le dijera que días iba o no a las casas de las mismas.

Los jesuitas que estábamos desde 1987 en la ciudad habíamos sido invitados por monseñor Federico Richter para tres tareas concretas: atender espiritualmente a las religiosas, atender a los jóvenes universitarios y confesar. Carlos Smith, un jesuita norteamericano, se hizo cargo de la oficina de acción social de la Iglesia que tenía como siglas OAASA (Oficina Arquidiocesana de Acción Social Ayacucho), donde se atendía  de manera especial a los llamados clubes de madres con alimentos, servicio de salud y pastoral social. Esta oficina también empezó  a recibir denuncias de muertes, desapariciones, tortura, ejecuciones extrajudiciales, amenazas, etc.  Esta fue una de las primeras oficinas que fue intervenida, se desarticuló totalmente el servicio jurídico relacionado a los derechos humanos, acusando al director y a los miembros del equipo de prosenderistas y proterroristas. El jesuita en mención fue acusado de malversación de fondos y de mal manejo. Fue tan violenta y traumática la intervención que cayó enfermo  a las pocas semanas, había desarrollado un cáncer del cual murió a los pocos meses. Con humor negro decíamos: “Lo que Sendero no ha logrado destruir en 3 años, Cipriani lo hizo en una semana”; borrar todo el tejido de solidaridad y esperanza para muchas mujeres y familias que eran atendidas por esa oficina yque pasó a ser una repartidora de alimentos, simplemente eso, con catecismo de lo más tradicional.

Dos aspectos finales que debo testificar para entender la actuación política del señor obispo. Cuando se preparaba la campaña electoral de segunda vuelta, él tomó partido en contra de Fujimori y lo prueban dos volantes que fueron repartidos con su venia y consentimiento. La causa del cambio, según oí y comentaban los ayacuchanos de esa época, fue la donación de un millón de soles para arreglar las 33 iglesias que tiene la ciudad. Este dato debe ser estudiado y confirmado de manera documentada para demostrar cómo el  dinero y el poder “cambia a las personas”. Lo segundo es el nombramiento como jefe de la oficina de reconstrucción de Ayacucho, con todas las ventajas y prerrogativas de este cargo claramente político y económico. Para muchos, fue el comienzo de su carrera al cardenalato.

Un tercer elemento que no se ha estudiado lo suficiente es la intervención de los dos obispos de la época más cruel de la guerra, en lo que se refiere al destino de lohuérfanos varos nes y mujeres que habían esos años. Yo fui testigo de la existencia de cinco casas en la arquidiócesis llevadas por congregaciones religiosas donde eran albergados estos niños y desde donde salían para su adopción. Hice un primer artículo relacionado con este tema también en la columna de Noticias SER del año 2012, donde llamo la atención sobre el tema y su importancia fundamental para sanar heridas y hacer justicia real a tantas víctimas. Finalmente, está el silencio absoluto, casi sepulcral, respecto a los capellanes castrenses y su papel en la lucha antiterrorista.

Dos aspectos finales. Su mal carácter, causa por que lo llamaban “el loco Cipriani” y su deficiente formación teológica y bíblica (sabe más de derecho canónico). Era más un funcionario que un pastor con espíritu y capacidad.
 

NOTAS:

1. Luis Pásara y Carlos Indacochea: "Cipriani como actor político". Lima: IEP, 108 pp., 2014

2. Carlos Flores Lizana: "Diario de vida y muerte. Memorias para recuperar humanidad. Ayacucho 1988-1991". Lima: Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolomé de Las Casas, 338 pp., 2004.