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Una publicación de la asociación SER

Centralismo y universidades públicas

 Nuevas tecnologías en viejas relaciones de poder

Probablemente pocos han tomado en cuenta que el problema de la reforma universitaria actual en el Perú guarda relación con el que se produce con la introducción de nuevas tecnologíasen contextos socio-culturales distintos a aquellos de donde éstas provienen. Mientras que en sociedades donde se han elaborado tales tecnologías, en este caso educativas, su aplicación es más exitosa porque guardan relación con disposiciones, maneras de pensar y prácticas sociales acordes al contexto socio-cultural; su introducción en sociedades ajenas a la producción de estas tecnologías no necesariamente conducen a los resultados esperados. En países como el nuestro, la descontextualización de una modernización educativa que copia modelos externos parece explicar lo que sucede con la universidad pública sobre todo en espacios regionales. ¿Qué efectos puede tener esta modernización en el contexto de un centralismo todavía importante además de socialmente elitista y discriminador?

Un primer efecto es el modo cómo se aplica el nuevo conocimiento o la tecnología educativa. En lugar de promover una democratización en su acceso, se van creando círculos concéntricos de quienes conocen y aplican todo el paquete tecnológico, y de aquellos que sólo acceden a una parte de él. Mejoramiento de la calidad, reingeniería, formación continua y una serie de neologismos tecnológicos terminan sirviendo como meros instrumentos de diferenciación entre los que monopolizan el conocimiento y el coro de subalternos que muchas veces no hacen más que aprender el nuevo lenguaje sin manejarlo realmente. La relación experto-capacitadocon los docentes de universidades públicas encierra muchas veces un acceso diferencial al mismo tiempo que restringido a este conocimiento, además de relaciones de poder no resueltas entre el centro y la periferia. Pocos se atreven a poner en discusión la cuestión del centralismo cultural que predomina aún en nuestro país.

Un segundo efecto, en relación al primero es la desigualdad de oportunidades. Un país donde el conocimiento todavía reproduce las relaciones centralistas de poderno contribuye a que el recurso humano de las universidades públicas tenga las mismas oportunidades que aquellas que han tejido redes con centros académicos del extranjero. Por ejemplo, se ofrecen becas para que los profesores de universidades públicas realicen maestrías y doctorados sólo en centros académicos nacionales. Obviamente, a lo que cualquier universidad aspira es a contar con una plana docente con estudios en el extranjero y con un importante número de estudiantes en movilidad estudiantil fuera del país.

Otra consecuencia del modelo de universidad en un país centralista tiene que ver con aquello que en el lenguaje de hoy se conoce como centros de excelenciaacadémica. Pretender convertir a las universidades públicas de regiones en universidades rankeadas y de calidad en espacios donde ni los gobiernos regionales e instituciones locales manejan los fondos necesarios para subvencionar dicha transformación, o mucho menos que la empresa privada se interese en invertir -por ejemplo en Ayacucho- en investigación y desarrollo, no es sino creer que se puede colocar la zanahoria por delante para generar falsas ilusiones. Además, la vieja idea del ‘cholo barato’ aplicada a los profesores de universidades públicas hace mucho más difícil alcanzar esta meta.

En la situación actual, en la que cualquier crítica a la nueva ley universitaria se considera políticamente incorrecta, vale la pena tomar en cuenta que las experiencias más exitosas de innovación educativa no parten de importar modelos sino generar los propios; además de lograr consensos con los propios actores de cambio: profesores y estudiantes, en este caso, de las universidades públicas.