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Una publicación de la asociación SER

Violeta Barrientos: “La pandemia de la violencia se cocina en el hacinamiento”

Omar Rosel

El confinamiento en el que vivimos los últimos tres meses -como medida para evitar la propagación de Covid-19- también ha repercutido en el incremento de los riesgos de la violencia contra las mujeres y las cifras dan cuenta de ello. Por otro lado, se ha producido una sobrecarga en las labores domésticas que realizan las mujeres habida cuenta de las asimétricas relaciones de género que existen al interior del hogar. Para analizar este tema, Noticias SER conversó con Aurea Violeta Barrientos Silva, escritora, feminista y consultora en asuntos de violencia contra la mujer.

¿Qué impacto está generado la pandemia del Covid-19 en la vida de las mujeres?

El primero es que las mujeres tienen que estar en el ámbito de sus hogares, con una suerte de inamovilidad absoluta de 24 horas. Esto genera un problema serio porque ya desde antes de la pandemia se sabía que más de la mitad de los casos de violencia contra las mujeres, de violencia sexual, y también contra niños y niñas, se produce lamentablemente al interior de las propias familias. Entonces los hogares, en donde ya existía inseguridad antes de que llegara el virus, se terminan convirtiendo en un lugar de mayor riesgo. Ese es el gran problema de todas las clases sociales. Por otro lado, en relación a los quehaceres del hogar, las mujeres son las que generalmente asumen todas las tareas a la vez; y en el caso de la mujer de clase media, tiene que cumplir con el trabajo remoto, el cuidado de los hijos que se quedaron sin sus guarderías y brindar ayuda en el trabajo del colegio. El trabajo de la mujer se ha duplicado durante estos meses y ahora hacemos de todo y también estamos al borde del colapso.

¿Podemos encontrar diferencias de estos impactos entre las mujeres de distintos estratos sociales?

Sí. Muchas de las mujeres que hacían algún trabajo doméstico se han visto de la noche a la mañana en la calle, sin saber qué hacer y sin recursos para alimentar a sus familias. Así, además de asumir las tareas del hogar, ahora no tienen ingresos. A su vez, a aquellas mujeres que pueden encontrar trabajo se les recarga la labor. Nos encontramos ante un cuello de botella.

¿Qué se puede hacer para enfrentar la recarga de labores domésticas de la mujer durante la etapa de confinamiento?

Creo que debemos trabajar en producir un cambio, pero esta vez a nivel de las mujeres, porque son ellas las que están sosteniendo a las familias y la sociedad en la actual situación. Cuando llega la enfermedad a la casa, son las mujeres quienes se encargan del cuidado, y lo mismo cuando no hay recursos económicos, son ellas las que están buscando sostener a su entorno. La pandemia y el  caos que vivimos, debe dar lugar a una mayor organización social y a un mayor reconocimiento de nuestra actoría como sujeto político. En este momento las mujeres son esenciales y ello exige un mayor reconocimiento. Debe haber un salto cualitativo para que las mujeres pasen a ser ciudadanas reconocidas plenamente por parte de la sociedad.

¿Cuál es tu opinión sobre el anuncio del gobierno para reactivar los comedores populares? ¿Esto no significaría más trabajo para las mujeres?

Claro, ¿quiénes se encargan del trabajo en los comedores? Si bien puede ser necesario implementar esta medida, tiene que hacerse con otras condiciones. No se trata de encerrar a 20 señoras para que hagan el trabajo de la paila y que luego se vayan a sus casas para volver al día siguiente a seguir trabajando como esclavas. No requerimos que la gente actúe únicamente como peones. Se necesita dar una vocería, una titularidad y organizar a las personas que van a los comedores y otros lugares de venta pública. Es preciso conquistar y reorganizar los espacios porque ahora tenemos que movernos de otra manera. Definitivamente, el espacio doméstico también debe sufrir modificaciones.

¿Qué hacer con las familias que no cuentan con espacio suficiente?

Con la pandemia, si una persona se enferma no puede estar hacinada con otras 8 personas en 4 metros cuadrados. Además la pandemia de la violencia se cocina en el hacinamiento, por lo que urge pensar en gestionar más espacios. Estamos hablando del espacio que necesita un ser humano y este espacio físico también es una metáfora del espacio político. Necesitamos dar más derechos y más reconocimiento a las personas excluidas porque sólo con su concurso podremos superar la emergencia. Este es un país donde hay ricos y pobres y no se puede seguir oprimiendo a un sector diciéndole que viva en 4 metros cuadrados y no salga. O que ahora que se van a abrir los comedores, esas personas sean cercadas y no salgan, como si estuvieran en un gueto. Tenemos que entablar otros parámetros de dialogo político y de entendimiento social.

¿Cómo enfrentar el problema de la violencia contra la mujer?

El problema de la violencia hay que entenderlo como un problema social y no solamente personal. En este momento el Ministerio de la Mujer está haciendo una revisión de sus políticas de prevención. Pero yo creo que es la organización y el trabajo en red lo que nos va ayudar a resolver este problema de una manera social y no solamente individual. Por ejemplo, si me agredieran en mi casa, la red inmediata que tengo es mi familia. Tenemos que ver cómo trabajamos nuevas estrategias de prevención de violencia desde el Estado y cómo se activa y sensibiliza al primer circuito que es la familia. Un segundo círculo es tu barrio, que probablemente es testigo de la violencia. Esa red social también debe estar presta a colaborar con la víctima. Actualmente, muchas mujeres no quieren denunciar porque no tienen a dónde voltear la cara para lograr apoyo. Si una mujer hace una denuncia y el marido se entera, probablemente la golpee y ella no tendrá un lugar para refugiarse, no habrá una familia detrás suyo que interceda por ella. Necesitamos crear círculos concéntricos alrededor de quienes puedan ser vulnerables. Vayamos desde lo inmediato que es la familia, para pasar luego a lo barrial y también se requiere el concurso de los gobiernos locales y gobierno regionales, que hasta ahora han fallado.

¿Considera que la respuesta del gobierno es acertada frente a los problemas que la mujer afronta en el confinamiento?

Ha habido una voluntad política. No quiero ser mezquina con la preocupación manifestada por el gobierno, pero hasta ahora no hemos tenido un discurso con sentido de liderazgo y aunque el presidente Vizcarra habla todos los días, no genera un discurso político, sino más de gestión de la crisis. Se extraña hace tiempo un verdadero liderazgo político.

¿En qué medida la pandemia y la crisis que ésta genera pueden postergar la lucha por los derechos de las mujeres?

Un hecho como la pandemia es una amenaza o una oportunidad. Yo creo que puede ser una oportunidad para reforzar el tejido social, siempre y cuando se sepa hacer. Por ejemplo, cuando el gobierno creó el grupo nacional de trabajo contra la violencia se invitó a una sola organización de la sociedad civil a ser parte de ese grupo. Considero que es el momento de abrir un poco la cancha para formar más grupos de trabajo con los colectivos que están actuando, que siguen denunciando y siguen haciendo bulla en defensa de los derechos. Por otro lado, se encuentra la lucha por la paridad en la política que tiene otro cauce y para mí es como una conquista simbólica. En el fondo, lo que nos interesa es que esa representación de las mujeres no solamente se plasme con algunas que llegan al Congreso, sino también desde abajo con las mujeres como interlocutoras de las organizaciones y como constructoras de nuevas organizaciones. Ese es el gran tejido que nos va a dar finalmente una mayor solidez y legitimidad en el tema de representación.