Opinión

#8M. Ni flores, ni felicitaciones. Queremos igualdad de derechos

Por Paloma Rodríguez

Licenciada en Historia por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Magíster en Historia mención Estudios Andinos por la Pontificia Universidad Católica del Perú.

#8M. Ni flores, ni felicitaciones. Queremos igualdad de derechosFoto: Inoma

El 8 de marzo es una fecha de conmemoración y de reflexión, y para levantar la voz. Pero, la sociedad de consumo ha tergiversado el mensaje reivindicativo femenino en una violencia estructural que se disfraza en regalos hacia la “fragilidad” femenina, replicando los estereotipos de género que, justamente, buscamos romper. Algunos piensan -aún- que es una fecha para regalar peluches, flores y chocolates, mientras nos siguen violentando, subvalorando y matando. Y continuamos escuchando a clérigos en el Perú argumentando que las mujeres no pueden opinar por la calidad de “ser mujer”. Es decir, todavía el lugar más cómodo y permitido para las mujeres en la lógica de la iglesia y de varios sectores de la sociedad, sigue siendo el silencio. Y han tratado de callarnos ubicándonos en la esfera privada y en caracterizaciones binarias de mujeres sumisas que necesitamos la protección y los regalos de los hombres.

Pero, en realidad, el 8 de marzo es una fecha para rememorar las batallas que han librado las mujeres a lo largo de la historia mediante su organización para poder tener las mismas oportunidades que los hombres, para poder ser sujetos iguales en derechos. Es una fecha que, ante todo, invitar a reflexionar, criticar y reconocer las victorias que se han logrado, pero también las muchas que faltan por ganar o, aunque sea, avanzar.

Hace unas semanas hemos sido testigos de una nueva guerra declarada por Rusia a Ucrania que ha tensionado y sensibilizado al mundo. Hemos visto el horror que significa un conflicto bélico para toda la humanidad y, a la vez, hemos vuelto a corroborar cómo en contextos de violencias y disputas de poder, no solo los territorios, sino también las mujeres somos concebidas como objetos de conquista y apropiación en una lógica hegemónica patriarcal. Familias que se ven forzadas a separarse ante el llamado a los varones ucranianos mayores de 18 años en adelante a permanecer y defender su país. Mientras que los grupos más vulnerables de la población, como las mujeres y los niños, son llamados a abandonarlo para buscar un refugio seguro. Se comprende la preocupación hacia las mujeres ucranianas, porque la historia nos ha enseñado que conquistar al enemigo también se logra a través de la violencia y conquista de sus mujeres y sus cuerpos.

Lamentablemente, comprender a las mujeres como “botines de guerra” sobrepasa las fronteras. En un país tan lejano del conflicto como es el Perú, las redes sociales se llenaron de “chistes” y “memes” sobre la tensa situación europea. Muchos apuntaban a la “felicidad” que les daba a los hombres peruanos que arribaran mujeres ucranianas exiliadas a la fuerza al país. De esta manera, se refleja la misoginia y machismo latente en la sociedad peruana. Pues una situación de tragedia y crisis es comprendida bajo un lente de “broma” en el que los beneficiados serían los peruanos.

Se podría así aprovechar de la vulnerabilidad o de un hecho terrible para satisfacer deseos y fantasías sexuales. Bajo el eufemismo de ser “salvadores” de mujeres “desvalidas” son en verdad depredadores, aquellos hombres burlándose y sintiendo júbilo ante la llegada al Perú de mujeres sexualizadas. Por ende, se evidencia una cosificación femenina, como también ocurrió hace un tiempo con las venezolanas. Es más, uno de estos chistes misóginos mostraba a una mujer venezolana “celosa” porque las ucranianas eran más guapas. Por consiguiente, bajo la óptica de los deseos masculinos, las mujeres no solo somos cosificadas, sino que también debemos “competir” para estar con ellos.

Así, el discurso patriarcal de esta clase de “humor” pone de manifiesto la violencia estructural de la sociedad en la que vivimos, y de que las mujeres somos víctimas. Se refuerzan estereotipos y se moldean los cuerpos de mujeres “bonitos” mientras sean para el placer y consumo masculino. Para satisfacer sus deseos. Pero cuando somos las mujeres quienes queremos decidir sobre nuestros cuerpos, como el derecho al aborto, o en las protestas feministas con el dorso descubierto como hemos visto en Chile o México, molesta e incomoda, porque salimos del encasillamiento y de la norma masculina. El problema por ende no es nuestro cuerpo, sino cuando es concebido como un acto político.

Parte de lo mismo son las violaciones en grupo que se han catalogado como “manadas”, como sucedió en España el año 2016. Un hecho similar ocurrió recientemente en Argentina, donde se replicó la estrategia de violación en un modo de “fraternidad” masculina en Palermo, a plena luz del día. La violación tiene el sentido también, de apropiarse a la fuerza de los cuerpos femeninos, y gozar ante la humillación y vulneración de los derechos de otra persona, del derecho a decidir. Es un acto de superioridad y poder ante el otro, en contra de las mujeres. Como si fuésemos carne y presas que pueden tomarse cuando los impulsos de un grupo de amigos quieran ser satisfechos. Así se entiende como un juego el abusar de otra persona, como un entretenimiento.

Este tipo de situaciones, desgraciadamente, abundan, y sería imposible aquí retratar todos los peligros que las mujeres vivimos diariamente en un mundo que sigue siendo de hombres. El espacio público todavía es hostil para nosotras. Nos puede dar miedo por ello andar solas en el transporte, en las calles, ya sea de noche o de día, pues siempre nuestros derechos pueden ser vulnerados. Como se reflejó en la violación grupal en Palermo. Y hasta las universidades no son los espacios seguros que deberían ser para nosotras. Porque hasta en las instituciones educativas se tejen redes de jerarquización y poder patriarcales.

Que esta fecha, entonces, siempre sirva para denunciar, incomodar, y seguir. Si vamos a conquistar algo, que sean nuestros derechos, nuestros propios cuerpos. Para que al fin nos dejen de felicitar por ser mujeres, y a cambio podamos caminar libres y seguras, en igualdad de condiciones que los hombres. A no rendirnos ni bajar nuestros brazos.

"Género e Historia" es una colaboración del Grupo promotor de la Asociación de Historia de las Mujeres y Estudios de Género en el Perú (GPAHMGP) que busca promover y articular investigaciones históricas desde los estudios de género y las mujeres. Les invitamos a enviarnos sus columnas al correo electrónico jornadashistoriamujeres@gmail.com