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Historia, memoria, fujimorismo y el valor de la vida humana

Enviado el 25/05/2016

Hace pocos días un conjunto de historiadores hizo público un manifiesto alertando a la sociedad del grave peligro que supone el triunfo de Fuerza Popular en las elecciones presidenciales del 5 de junio. Se argumenta, entre otros aspectos, que existen graves sospechas de vinculaciones entre el partido y personajes implicados en delitos de tanta seriedad como el narcotráfico; lazos que no han sido para nada aclarados por parte de los acusados, por el contrario, sus explicaciones refuerzan las sospechas. Por otro lado, en estos meses de campaña y especialmente luego de los resultados de la primera vuelta, se ha señalado que parte de la votación que favoreció a Fuerza Popular proviene de votantes que desconocen los delitos y violaciones de derechos humanos que se cometieron bajo la presidencia de Alberto Fujimori.  Se asume, quizá mecánicamente, que si aquellos votantes conocieran los hechos por los que han sido sentenciados algunos de los personajes de ese gobierno, incluyendo al propio presidente, abandonarían su posición política, decisión que sería el producto de una toma de conciencia basada en la información.

Sin embargo, en muchos casos la voluntad de votar por Fuerza Popular no proviene del desconocimiento de los hechos. En ciudades como Lima y otras del interior del país, los hechos mencionados, especialmente las acusaciones más recientes, no son para nada desconocidas. Además, los delitos cometidos y los nombres de quienes fueron sentenciados no son ignorados por las mayorías; por el contrario, la decisión de votar a favor de Fuerza Popular y su candidata presidencial no siempre se origina en la ausencia de información, sino en la diferente valoración que hacemos de ella.

La actual coyuntura política quizá tenga la ventaja de ‘sincerar’ los fundamentos de las decisiones políticas. Por ejemplo, para muchos de quienes apoyan a Fuerza Popular los delitos cometidos, especialmente las violaciones de derechos humanos, fueron el costo necesario para acabar con el problema del terrorismo. Incluso son conscientes de que muchos inocentes fueron víctimas de esta violencia, afirmando que fueron situaciones que no pudieron evitarse. Opinión sostenida mucho más contundentemente si las víctimas, independientemente de la forma en que murieron, son consideradas culpables, aunque no exista sentencia alguna. Para ratificar esto basta escuchar la opinión de muchos peruanos acerca del crimen de los estudiantes y profesores de La  Cantuta. Detrás de esta posición se encuentra una valoración de la vida humana que no la considera como un fundamento absoluto de nuestro orden social y jurídico. Es difícil, sino imposible, convencer a alguien de que la vida humana es un valor universal. Si se considera que no todos tienen derecho a ella, las jerarquías que se derivan de esta posición pueden justificar sin mayor problema la violencia y los delitos cometidos. La aceptación de la vida como un valor central de nuestra sociedad no depende únicamente de la enseñanza de la historia; esta puede mostrar cómo en muchos momentos de nuestro pasado local y mundial no fue respetada y le fue negada a millones de seres humanos, pero el corolario moral que se deriva de estos hechos no es automático ni es inmune al contexto mismo en que se comunican y reflexionan estos acontecimientos.

Hace más de 20 años escuché decir en varias oportunidades a Gustavo Gutiérrez, célebre teólogo peruano, que el mayor costo que traería en el futuro la violencia de las décadas de 1980 y 1990 sería la devaluación del valor de la vida humana. Su opinión se fundamentaba en el hecho de que la continua violencia y muerte, expresados en el número de víctimas fatales diariamente comunicados por los medios, traerían como consecuencia que la sociedad se volvería inmune ante el dolor y la muerte de otros seres humanos. Sostenía que la población solo reaccionaría ante el volumen de muertos, como si, por ejemplo, diez muertos fuera un hecho más lamentable que cinco muertos. De acuerdo con su opinión, esta percepción alteraba la escala de valores dado que la vida humana es un valor tan absoluto que no se puede sumar; cada ser es invalorable debido a que el vacío y dolor que deja en su familia y seres queridos no disminuyen en función del número de víctimas. Sus proféticas palabras me parecen hoy más vigentes que nunca.

Si hay un efecto perverso que trajo la década de la violencia es que nos insensibilizó frente a los muertos y víctimas; muchas de esas vidas tomadas fueron consideradas ajenas a nuestra existencia cotidiana y su desaparición consecuencia natural de la lucha contra el terrorismo. Pienso que, al menos en parte, el voto a favor de Fuerza Popular muestra este efecto de la etapa de la violencia, producto no solo del Estado sino, y fundamentalmente, de los grupos alzados en armas. La destrucción de vidas humanas produjo su devaluación, la cual trajo como consecuencia que para muchos peruanos la violación de derechos humanos y los crímenes cometidos, que son de su conocimiento, no son impedimento para votar a favor de Fuerza Popular; por el contrario, son el fundamento para votar a favor porque consideran que era la única manera viable de acabar con el problema del terrorismo.  Lo paradójico de esta posición es que termina coincidiendo con la postura de aquellos que pretendían combatir. Para Sendero Luminoso y el MRTA, las víctimas, civiles y militares, eran el costo necesario que debía asumirse para construir el nuevo Estado, actuando en contra de ellas con gran crueldad y violencia. También para ellos la vida humana no era un valor absoluto y cuya importancia solo se contabilizaba en números. 

Comentarios (2)

Importante análisis que

Importante análisis que expone las razones del voto de un sector de la sociedad a favor de Keiko Fujimori, pero también de un sector con suficiente memoria para recordar las atrocidades, genocidios y latrocinios que se cometieron en el fujimorato. Lamentablemente, la insensibilidad social, el individualismo, el beneficio personal, el miedo a perder lo poco que tienen las personas aunada a una maquinaria perversa de estupidización infantil y juvenil a través de programas de tv y diarios chicha, la sumisión del JNE que no ve la cantidad de dinero que Keiko esta gastando en regalos y dadivas nos indican que la maquinaria perversa que el poder judicial hace tiempo ya debió haber metido presos, sigue intacta. Esperemos que en estos pocos días previo a la segunda vuelta podamos pensar al borde del precipicio y no dar un paso en falso todos los peruanos. Muy buen artículo.

Totalmente de acuerdo. Y hoy

Totalmente de acuerdo. Y hoy en día los votantes de Fuerza Popular esperan que un futuro gobierno de Fujimori acabe con la delincuencia común con la orden del "gatillo fácil", matando a seres humanos cuya vida no tiene valor alguno para estos votantes.

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