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Violencias, violencias y violencias

Enviado el 24/11/2010

Rosa Montalvo Reinoso

R.Y.L.G  y K. L. T. M, tenían amigas, familias, soñaban con un futuro, con una vida maravillosa sin problemas, soñaban seguramente con construir una familia, quizás distinta a la que tenían, vivir mucho mejor, estudiar una carrera, ser profesionales, viajar, salir a bailar de vez en cuando con la pareja que con suerte tuvieron la posibilidad de elegir. Quizás un “príncipe azul” como el de los cuentos de hadas, que sabemos que no existen, pero que cuando se tiene 14 o 16, una los inventa, e incluso en los noviecitos que tenemos al lado, vemos los atisbos de aquel que nos despertará del sueño, emulando el despertar mágico de Blanca Nieves, historias infantiles que hemos visto y revisto hasta la saciedad ya en esa edad. El sueño, la mayoría de veces, nos hace ignorar las agresiones, los gritos, y el desmedido control sobre nuestras vidas que poco a poco y apenas se comienza el enamoramiento que van teniendo los  chicos.
 
R.Y.L.G  y K. L. T. M no se conocieron, pero en menos de una semana compartieron un destino común: ser parte de la lista de feminicidios que siguen sucediendo en nuestro país. Ambas fueron asesinadas por sus novios, uno con apenas 18 años y el otro menor de edad. Ambas murieron por armas de fuego que no se sabe exactamente cómo llegaron a manos de estos adolescentes.
 
“El cuerpo de su enamorada tirado en el suelo, con el cráneo destrozado, fue lo que le hizo recobrar la conciencia a I.A.M.S. (17)” (1), quien mató instantáneamente de un disparo a su enamorada de 16, a quien, según la familia de la menor, había amenazado en varias ocasiones, razón por la que no podía dejarlo. No, no podía dejarlo por temor, porque intuía lo que podía pasarle y la familia sabía, la gente que la rodeaba sabía y no hicieron nada. Tal vez porque creyeron que era cosa de chicos que no llegaría a mayores, o quizá porque se acepta que una relación “normalmente” implica discusiones, gritos, peleas y alguna que otra agresión física de vez en cuando.
 
Sólo 14 años tenía la menor que recibió dos balazos de su enamorado de 18, quien le disparó mientras ella conversaba despreocupadamente con unas amigas en las afueras de su domicilio, sin presagiar lo que estaba a punto de sucederle. Que se le escapó el tiro, confesó el agresor, como si la bala tuviera vida propia.
 
Es difícil comprender cómo la vida de cuatro personas entre los 14 y 18 años se ve segada por un asesinato, cómo es que dos chicos tan jóvenes se creen con el derecho de ser los propietarios de dos chicas, al punto de matarlas cuando creyeron que se les escapaban de las manos. Para muchas y muchos de nosotros nos resulta muy difícil de comprender cómo es que en chicos que están iniciando su vida existe ya instalada la idea de poder y control sobre las mujeres y sus vidas.
 
Que el padre le dio el arma para que se defienda de las pandillas, dicen en un caso, lo que expresa claramente en qué tipo de sociedad nos estamos moviendo, una sociedad en la que la respuesta a la violencia urbana – cada vez más extensa – es la violencia, dando cuenta este caso no sólo de la inseguridad en que se puede vivir en determinados barrios y que afecta a los chicos y chicas, sino también de cómo el arma es vista como una extensión de la mano paterna, ergo de la responsabilidad que le compete.
 
Aquí cabe preguntarse y reflexionar sobre cómo los y las jóvenes se socializan y cuál es el impacto que tiene para los adolescentes el que en el “proceso de aprendizaje masculino se enfatizan rasgos como la agresividad, la violencia, la hipersexualidad” (2),  lo que en muchas ocasiones genera que los chicos, exigidos de cumplir las expectativas de su género, quieran tomar las decisiones sobre la relación de pareja, controlando desde cómo se viste la chica hasta cómo camina y con quién sale. “No quería que tenga amigas ‘movidas’. Sentía celos hasta con su familia,” (3) dijo la madre de una de las chicas asesinadas.
 
¿Cuáles son los factores que siguen incidiendo en que este proceso de construcción de la masculinidad esté plagado de violencia contra si mismos y contra las mujeres? ¿Cómo romper el imaginario social que nutre el sexismo y el machismo que hace que los chicos crecen creyéndose que por ser hombres todo lo pueden o deben poder, con la idea de la conquista como expresión suprema de masculinidad y con derecho de ejercer el control sobre las mujeres y considerarlas territorios disponibles para su usufructo?
 
De no trabajarse en esto desde la escuela, en la familia, con un compromiso de todas las instituciones, incluida la iglesia, tan preocupada por los condones y sin una pizca de sensibilidad frente a la violencia de género, se seguirán reproduciendo las diversas formas de violencia contra las mujeres y los feminicidios cometidos por adultos, como el que en este mismo mes ocurrió en Huánuco a la menor Gladys G.C., de 16 años, violada y asesinada con 17 puñaladas por Víctor Poma Cervantes, de 30 años.
 
Según cifras de violencia hacia la mujer publicadas por Manuela Ramos, en el primer semestre del 2010, hubieron 1,867 casos de violencia sexual a chicas entre los 14 y 18 años y en 21 de los 70 feminicidios ocurridos entre enero y septiembre, las víctimas tenía entre 14 y 18 años. (4)Podría pensarse que por la mención de los casos más recientes de asesinatos de adolescentes por parte de sus enamorados, estamos ubicando la violencia y las violaciones hacia las mujeres sobre todo en sectores marginales, de los que viven en los límites de lo socialmente aceptable, los que representan los márgenes, los  excesos, los que salen de la norma,  los abyectos. Pero nada más lejano de la intención de este texto, pues en el país tenemos múltiples ejemplos de cómo la violencia y las violaciones a mujeres son más que una cuestión de algún loco descocado o de marginales, sino que forman parte precisamente de la estructura de poder en el que se inserta el género. Los cientos de mujeres violadas, y muchas veces asesinadas luego, por militares en los 20 años de guerra, como en las masacres de Putis y de Accomarca y las violaciones de Manta, son también expresión de triunfo de una masculinidad subyugante, jerarquizante, utilizada para marcar la victoria sobre el enemigo, sobre los vencidos, sobre los que se intenta dominar y humillar. La  violación de las mujeres como estrategia de represión lleva implícito el mensaje de dolor, miedo e impotencia que provoca la dominación, expresa descarnadamente las jerarquizaciones y concepciones de género que existen y que son tan vitales  aún en todas las instituciones policiales y militares.
 
Por su parte, los cuerpos de las mujeres siguen siendo considerados espacios en donde  colocar la huella de la humillación, las marcas del poder, el control del grupo, la paralización, en otro tipo de conflicto ahora. Por ejemplo, en el enfrentamiento que se dio entre la población y la minera Majaz en Piura en el 2005, entre las denuncias que se hicieron sobre torturas se incluyó las de dos mujeres secuestradas, que señalaron haber sido sometidas reiteradamente a amenazas de violación, tocamientos, insultos. En esta misma línea se encuentran las constantes amenazas de violaciones sexuales que sufren las mujeres que trabajan en GRUFIDES, institución cajamarquina dedicada a la defensa del medio ambiente, según denuncia Mirtha Vásquez, coordinadora del equipo legal de la institución y que podrían, dice ella, haberse concretado con la reciente violación de una cooperante canadiense de su institución. 
 
 La violencia contra las mujeres tiene múltiples formas y motivaciones, trasciende geografías, tiempos, edades, pero tiene siempre la misma cara de dolor. Otra vez este 25 de noviembre (5), fecha en que se conmemora el día de la No violencia contra las mujeres, resulta un momento para evidenciar lo que nos sigue pasando a las mujeres. El grito de No más violencia sigue vigente y cabe preguntarse hasta cuándo tendremos que seguir gritando para que se terminen  todas las formas de violencia, en todos los lugares y en todas las situaciones, qué debe pasar, que hay que hacer para que nuestros cuerpos dejen de ser campos de batallas en las guerras y los conflictos, en la casa o en la calle.
 
Notas:
 
(1) “Callao: Adolescente mata a su enamorada”, Perú 21, 9 de noviembre del 2010 http://peru21.pe:80/noticia/666347/callao-adolescente-mata-su-enamorada
 
(2) Patricia Ruiz Bravo, Sub-versiones masculinas: imágenes del varón en la narrativa joven, Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán, 2001, en referencia a lo señalado en Kate Millet, Política sexual, Madrid, Feminismos, Ediciones Cátedra, Instituto de la Mujer, 1995.
 
(3) “Dos adolescentes fueron asesinadas este fin de semana en Lima”, El Comercio, 8 de noviembre del 2010. http://elcomercio.pe/lima/666011/noticia-dos-adolescentes-fueron-asesinadas-este-fin-semana-lima
 
(4)  “Ponle brillo a tu vida y dile no a la violencia”, Movimiento Manuela Ramos, http://www.manuela.org.pe/recomendamos.asp
 
(5) El 25 de noviembre se conmemora el día de la No violencia contra la mujer, fecha definida en 1981 en el primer Encuentro Feminista Latinoamericano y el Caribe realizado en Colombia, como homenaje a las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, quienes el 25 de noviembre de 1960, en República Dominicana, fueron asesinadas por orden del dictador Leonidas Trujillo

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Comentario Destacado
es verdad los que compran el oro a los mineros informales estan haciendo de las suyas pagando el precio q ellos kieren y en realidad el precio no a cambiado quisiera saber si es verdad que a ellos les estan descontado el 20 porciento de la venta del oro q ellos compran porq esa es la escusa q ellos ponen o dicen q nadies quiere comprar el precio en ica esta entre 50 y 70 el cual antes estaba en 100 y 120 Leer más >>
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