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Recuerdos de Carlos Iván Degregori

Enviado el 23/05/2011

Víctor Caballero

La muerte de Carlos Iván nos ha causado mucho pesar. Sabíamos que el desenlace era inevitable, y que debíamos prepararnos para su partida, pero al encontrarme frente a su féretro no dejé de temblar al ver su rostro sereno, libre, al fin, del dolor que lo agobiaba; temblé porque me puse a recordar cómo le conocí, las circunstancias fugaces en la que tuvimos una militancia partidaria en la UDP primero y en el Partido Unificado Mariateguista después; y en la poca valoración que tuvimos en ese momento a uno de los intelectuales más lúcidos de la izquierda, pero sobre todo sensible y tolerante.

Recordaba, por ejemplo, que en ese proceso de unidad de la izquierda, Carlos Iván era uno de los mejores intelectuales del grupo MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) y como tal venía a aportar a la Comisión Campesina en la que militábamos los cuadros políticos provenientes de Vanguardia Revolucionaria. Teníamos en mente construir un gran partido de Izquierda, con la confluencia de diversos grupos que habían trabajado con los sectores populares, los campesinos, los estudiantes. Duró muy poco ese proceso porque pocos años después terminamos enfrentados y confrontados. La pasión con la que desarrollamos esa lucha ideológica nos hizo perder de vista la sensibilidad de Carlos Iván, la lucidez de su pensamiento para construir una izquierda más tolerante e inclusiva. No sé cuánto daño le hicimos con la crítica poco crítica a su esfuerzo intelectual expresado en la Revista "El Zorro de Abajo", lo cierto es que nunca reclamó nada, ni guardó rencores.

Cuando lo volví a ver en el IEP sentía un poco de vergüenza cruzarme con él porque recordaba la mordacidad con que a veces nos referíamos a su poca participación en reuniones partidarias, a su comportamiento huidizo de reuniones interminables y repetitivas en las que nos agotábamos. En cambio, cuando él me veía se ponía a conversar con alegría, con espíritu inquieto, valorando lo que se le decía.

Al estar frente a su cadáver lo único que atiné a decirle es "Gracias Carlos Iván por hacerme sentir bien; gracias por ayudarnos a ser mejores personas".

QUE EL DOLOR SE TRANSFORME EN FUERZA

La misa estaba programada para las nueve de la mañana pero yo quise estar temprano para acompañar al amigo y compañero Carlos Iván, así que llegué a las 7.45. Estaban ya los trabajadores e investigadores del IEP, quienes solícitos recibían a los visitantes. Los abrazos, las palabras entrecortadas y los ojos que denotaban el llanto contenido hacían muy triste el ambiente. Poco a poco fueron llegando los amigos, y silenciosamente nos íbamos poniendo a los costados. El ambiente se llenó de tristeza infinita cuando don Máximo Damián (el amigo de José María Arguedas) empezó a tocar su violín “Coca Kintucha”, una triste melodía indígena ayacuchana, para luego continuar con “Adiós Pueblo de Ayacucho”. Luego ingresó Manuelcha Prado que también tocó las melodías más triste y a la vez más dulce que pude escuchar.

Llegada la hora de la misa, sus amigos más cercanos levantaron en hombros el féretro, seguido de don Máximo Damián y su violín; ingresamos a la Iglesia de La Recoleta donde nos esperaba el padre Gustavo Gutiérrez, el padre Gastón Garatea y el monseñor Bambarén. La misa se inició con las palabras de agradecimiento de Felipe, el hermano de Carlos Iván, quien habló de los últimos deseos de Carlos Iván: que su velorio sea en la Plaza Francia porque ahí el pueblo habían concurrido muchas veces a luchar por sus derechos y la justicia; y quería que la Misa se haga en la Iglesia de la Recoleta por la amistad y cercanía que tuvo con esa congregación. Pero dijo algo más que me hizo recapacitar: no quería recibir homenaje de las autoridades de San Marcos. Ciertamente, durante los tres días que duró el velatorio ninguna autoridad de esa universidad se hizo presente, cosa increíble porque él, sin duda, era su más destacado profesor universitario. Tampoco estaban las autoridades del Gobierno, ni el Ministro de la Cultura (
Juan Ossio, antropólogo como él), ni el Ministro de Educacíon); tampoco ninguno de los intelectuales y periodistas que hoy apoyan a Keiko Fujimori y que antes defendían los derechos humanos y la democracia. Signos de los tiempos, pensé.

Las palabras de Gustavo Gutiérrez, llenas de sabiduría estaban más dirigidas a nosotros. Estamos, nos dijo, frente a la celebración de la vida. No es la muerte de Carlos Iván, un hombre bueno lo que nos congrega, es la celebración de la vida honesta de un hombre bueno, que nos deja como legado su profundo amor por el pueblo, por los que sufren por los que claman justicia. Y narró una hermosa parábola de Jesús sobre el prójimo y el significado del amor al prójimo.

Al terminar la misa, los amigos cargaron el féretro y salimos a la calle. En la plaza nos esperaban el grupo Yuyachkani quienes tocaban y cantaban canciones quechuas hermosas y sentidas; caminamos por los alrededores de la plaza; nos detuvimos en medio de ella para abrazarnos, fuerte y llorar por la partida del amigo. Delfina Paredes apareció de pronto y recitó un hermoso poema de César Vallejo que nos dejó perplejo. Era el poema “Pequeño responso a un héroe de la República” que forma parte del poemario “España, aparta de mí este cáliz”.  Su voz clara, directa, desgarradora empezó:

“Un libro quedó al borde de su cintura muerta
Un libro retoñaba de su cadáver muerto…”

Todos sabíamos del profundo amor que Carlos Iván tenía por los libros, por la poesía, por la investigación académica, de tal manera que cuando Delfina seguía recitando el poema, los recuerdos del Carlos Iván intelectual, profesor, académico y gran animador de las investigaciones iban ganando nuestras mentes.

La partida al crematorio del Cementerio Británico que está en el Callao fue silenciosa. Llegamos pocos, la mayoría militantes de izquierda; ingresamos a una sala donde está el crematorio y un pequeño atril. Carlos Iván había pedido que le pongan la canción “Imagine” de John Lennon; cuando acabó la canción, se produjo un silencio lacerante, hasta que Beto Adrianzén se dirigió al atrio para hablar. No podía hacerlo porque el llanto le cortaba la voz, pero algo tenía que decirnos. Una vez calmado nos habló a nombre de su partido, su partido originario el Movimiento de Izquierda Revolucionaria; mencionó los nombres de los militantes que le habían pedido hablar porque así había sido uno de los últimos deseos de Carlos Iván. De pronto me di cuenta que todos los que estábamos ahí eran los viejos cuadros políticos que nunca arriaron banderas ni principios; y que lo que Beto nos quería decir era resaltar y valorar al Carlos Iván militante de izquierda, al Carlos Iván, revolucionario; al hombre de izquierda que desde la izquierda luchó y batalló por la democracia, los derechos humanos, por los que sufren, por los desaparecidos.

¡Cuando un revolucionario muere, nunca muere! Gritó uno de los asistentes y le seguimos con las palmas revolucionarias y los puños en alto.

Este ritual de la muerte es muy sentida en la izquierda, tanto o igual que en los rituales cristianos, pero con una diferencia: en el mensaje de Gustavo, la muerte de Carlos Iván era una invocación a la vida; en el ritual de la izquierda es también eso, invocación a la vida, pero también de lucha. Por eso en las innumerables veces que asistíamos a la muerte de un camarada, nos reconfortábamos diciendo: ¡Qué nuestro dolor se convierta en fuerza para seguir luchando!

Sabemos que hoy día vivimos momentos difíciles en el Perú; que las posibilidades de que vuelvan al poder lo grupos más siniestros y corruptos del fujimorismo es cada vez más real; que el fujimorismo ha logrado juntar los grupos de poder económico que les importa un carajo los derechos del pueblo y de los trabajadores, es también real; que los defensores de los derechos humanos sientan ahora que su vida corre peligro también es real.

Por eso, al retirarnos del crematorio, sentíamos la imperiosa y urgente necesidad de que nuestro dolor se transforme en fuerza para enfrentar los años difíciles que tendremos por delante.

Comentarios (1)

Gracias por este homenaje a

Gracias por este homenaje a Carlos Iván.
Tengo la convicción de que fue un hombre íntegro, coherente, brillante, comprometido con la vida y los derechos de los desprotegidos.
Su ejemplo nos dé fuerzas y esperanza para seguir su camino.

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Víctor Caballero
Opinión
    Comentario Destacado
    Entrevista que aporta un reflexión muy sugerente y bien informada. Hay puntos, por supuesto, que requerirían mayor discusión. Apunto uno, ¿los maestros necesitan del acompañamiento de antropólogos para "comprender" la cultura de los educandos, varones y mujeres? Y, ¿por qué los antropólogos? ¿cualquier antropología? No es tan simple. En mi concepto, lo que tendría que verse, identificarse, deconstruirse, es el mecanismo de poder del aula, currículo incluido, que es lo que define las ... Leer más >>