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La "colección" Corbacho (1909 - 1926)

Enviado el 17/05/2017

En su Historia de la República, don Jorge Basadre [n.1903-m.1980] registró una anécdota terrible, que pinta de cuerpo entero el desinterés oficial que ha caracterizado a la mayoría de nuestros gobernantes, y de nuestras élites políticas, en relación a la preservación del patrimonio histórico documental del Perú.  Este delito de 'lesa cultura' ocurrió durante el primer gobierno del presidente Augusto B. Leguía (1908-1912), y continuó hasta la época del "Oncenio" (1919-1930), habiendo sido ignorado y tolerado por cuatro distintos gobiernos en un período de, al menos, unos 15 años (1909-1924).

Recordemos que Basadre ingresó a la Universidad de San Marcos en 1919 y obtuvo su doctorado en Letras en 1928, año en el que empezó a dictar la cátedra de Historia del Perú.  Tenía, pues, cómo saber de esta irregular situación.  Citamos a continuación los comentarios de Basadre, tomados de su Historia de la República del Perú, 1822-1833 (6ta ed., Lima: Editorial Universitaria, 1968-1970, 17 vols.):

"La colección Corbacho.-  Es relato muy repetido el de que, cuando el presidente Leguía le preguntó a Jorge Corbacho en qué forma podía recompensar el inmenso servicio que le había hecho al obtener la salida de los soldados que irrumpieron en la Plaza de la Inquisición el 29 de mayo de 1909, Corbacho no pidió un puesto público ni tampoco dinero, sino tan solo el permiso para extraer papeles viejos de los archivos oficiales de provincias.  Bien barato debió parecerle a Leguía recompensar con esa autorización la entereza de su salvador.  Lo positivo es que Corbacho viajó por todo el Perú en sus solitarios afanes de coleccionista y de anticuario.  Muchos lo consideraron un inofensivo monomaníaco.  Así como otros buscaron tesoros excavando en la tierra, él se dedicó a la tarea, aislada entonces en el Perú, de reunir papeles viejos.  Se sustituyó al Estado en el esfuerzo de recolectar los testimonios escritos públicos o privados que dieran fe acerca del rico pasado del país, desde los de la Conquista hasta los de la República.

"Con una tenacidad sorprendente llegó a juntar, a través de más de quince años, ante la indiferencia general, una colección valiosísima.  Cédulas reales, documentos otorgados por conquistadores, provisiones de virreyes, procesos por delitos públicos o privados, expedientes de caciques, fuentes relativas a misiones, correspondencia sobre acontecimientos de tanta importancia como la insurrección de Túpac Amaru, la de Pumacahua y las de Tacna, el archivo de Simón Rávago, secretario de virreyes durante dieciocho años, de varios personajes de la Independencia y de los primeros años del período nacional y de los políticos como Lizardo Montero, las memorias de los generales Vidal, Otero y Pezet, no fueron sino unos cuantos entre estos millares de papeles.  También llegó a anunciar una biografía de Ramón Castilla con una iconografía completa y más de mil fuentes inéditas, un estudio sobre la revolución de José Angulo y un diccionario biográfico de patriotas colaboradores de la Independencia peruana.  Ninguna de estas obras llegó a ser publicada.

"Hacia 1919, la totalidad de la colección Corbacho o parte de ella había sido embarcada con rumbo a Nueva York" (tomo XV, pp. 318-319).

 

*          *          *

Los 15 años de este metódico saqueo documental a los que se refiere Basadre, fruto de un "pago" por un favor político, corresponden al período 1909-1924.  Esos tres lustros corresponden a los gobiernos de Leguía (1908-1912), de Guillermo Billinghurst (1912-1914), al gobierno militar del Gral. Óscar R. Benavides (1914-1915), al segundo gobierno de José Pardo y Barreda (1915-1919), y a la primera mitad de "Oncenio" (1919-1930).  Cuatro regímenes políticos distintos --leguiístas, demócratas "billinghuristas", civilistas "pardistas", un gobierno militar interino pro-civilista-- toleraron con absoluta indiferencia el saqueo que llevaba a cabo Jorge Corbacho a lo largo y ancho del país.

El inicio del "Oncenio", tras el golpe de Estado del 4 de julio de 1919, que permitió a Leguía asegurar el poder que había adquirido en las elecciones de ese año, y que estaba en peligro de perder por la oposición de los civilistas en el Congreso, fue bautizado por los leguiístas como la "Patria Nueva".  El nuevo Congreso eligió oficialmente a Leguía en octubre de 1919 y se dedicó a elaborar la nueva Constitución a medida del régimen, promulgada en 1920.  Parte del proceso de legitimación del régimen leguiísta fue la celebración de los Centenarios de la Independencia (1921) y de la Batalla de Ayacucho (1924).  En este contexto de promoción del "patriotismo oficial" leguiísta la documentación reunida por Jorge Corbacho se hizo visible al público, sin cuestionarse al parecer la forma como había sido obtenida.  Basadre nos lo cuenta de este modo:

"Emilio Gutiérrez de Quintanilla y la obra La Campaña de Ayacucho.-  En un folleto de gran formato titulado 'Homenaje de la obra 'La Campaña de Ayacucho' al centenario de la libertad sudamericana' Emilio Gutiérrez de Quintanilla anunció que había reunido gran cantidad de documentos originales, casi todos desconocidos, acerca de la campaña libertadora en el Perú.  La mayor parte de ellos le habían sido entregados por Jorge Corbacho.  Según él, la obra estaba editándose con materiales e instalación tipográfica de propiedad particular.  Hallábanse organizados y listos para la impresión dieciocho volúmenes divididos por departamentos de la República, a saber: 1 La Libertad, 2 Áncash, 3 Lima, 2 Junín, 1 Huancavelica, 1 Huánuco, 1 Apurímac, 1 Ayacucho, 1 Cuzco, Puno, 1 Alto Perú o Bolivia, 1 Guayaquil, 1 Colombia, Argentina y Chile, 1 Bolívar.  La obra debía tener cuatro secciones: I. Ejército Unido Libertador; II. Aspecto civil; III. Ejército realista; IV. Gobiernos.

"Aparte de la descripción sucinta de los documentos reunidos, el 'Homenaje' contuvo una vibrante defensa de la contribución peruana a la libertad del continente, así como una disertación conmovida acerca de la postergación injusta de los valores o de los aspectos nacionales en esta época para otorgar preferencia indiscriminada a los aportes de otros países.

"Los periódicos de Lima dieron cuenta en junio de 1926 de que se había inaugurado, en los bajos del edificio que ocupaba el Museo Nacional, los talleres gráficos con el objeto de publicar la obra que debía titularse 'La acción peruana en la lndependencia del Perú'.  A esta ceremonia concurrió el presidente de la República y pronunció un discurso en ella, lo mismo que Emilio Gutiérrez de Quintanilla.

"El libro no apareció nunca.  Años más tarde los documentos reunidos para él fueron vendidos a la Argentina" (tomo XV, p. 321).

Emilio Gutiérrez de Quintanilla y Florez [n.1858-m.1935] fue un escritor limeño, heredero de una familia de burócratas coloniales ennoblecidos en el siglo XVIII, fundador, con Ricardo Palma, de la Academia Peruana de la Lengua (1887) y uno de los miembros iniciales del Instituto Histórico del Perú (1905), que presidió (1924-1926), y hoy es la Academia Nacional de la Historia (desde 1962).  Nombrado por Leguía en 1912 director del Museo de Historia Nacional (creado en 1906), tuvo una sonada disputa con Julio C. Tello [n.1880-m.1947], contra quien publicó 'Réplica al panfleto Presente y futuro del Museo Nacional' (1913) y 'El Manco Capac de la Arqueolojía Peruana: Julio C. Tello (Señor de Huarochirí)' (1922).  Medio siglo después, con motivo del Sesquicentenario de la Independencia peruana, el Ejército Argentino publicó en tres volúmenes la 'Colección "Emilio Gutiérrez de Quintanilla": Guerras de la Independencia' (Buenos Aires, 1970-1974).

Jorge María Corbacho Rodríguez [n.1881-m.1951], miembro de una bien conectada familia arequipeña, publicó un folleto, con ilustraciones y documentos, titulado 'El 28 de julio de 1821 según relaciones de testigos presenciales' (1911) y formó parte de una "Sociedad de Anticuarios Peruanos" fundada por coleccionistas en 1912.  Fue diputado por la provincia de La Unión (Arequipa) al Congreso entre 1915-1920.  Viajó a Nueva York en 1919, donde exhibió parte de su colección en la "Hispanic Society of America" (establecida por el millonario Archer M. Huntington en 1904), que publicó un folleto explicativo titulado 'South American historical documents relating chiefly to the period of revolution from the collection of George M. Corbacho' (1919).  Donó muchos de los documentos e imágenes con los que, en 1924, se inauguró la Casa-Museo en honor al Libertador Simón Bolívar en la Magdalena Vieja, el "Museo Bolivariano" (hoy el local del Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, en el distrito de Pueblo Libre), y fue su primer director.  En 1967 la Biblioteca Lilly, de la Universidad de Indiana en EE.UU., adquirió 139 documentos de la correspondencia de Corbacho del período 1912-1951.

 

*          *          *

¿Qué tan relevante puede ser hoy esta "anécdota" sobre Corbacho, tal como la registró Basadre?  Pues, por desgracia, es muy relevante.  Recuérdense las denuncias periodísticas de robos sistemáticos de documentos en el Archivo General de la Nación en los años 2005 a 2007, y situaciones similares de robos de documentos y libros antiguos en la Biblioteca Nacional denunciados desde el año 2011.

Nadie ha sido hallado responsable por estos crímenes contra el patrimonio documental de todos los peruanos y peruanas.  Ni los que sustraen el patrimonio documental de los repositorios públicos donde debieran ser cuidados para su estudio, ni los que comercializan ese patrimonio en "librerías de viejo" en distintos lugares de Lima o en sitios de internet, ni los coleccionistas peruanos y extranjeros que compran estos mismos materiales a sabiendas de que son robados.  ¿Hasta cuándo seguirá tolerándose esta situación que nos empobrece a todos, al despojarnos de la frágil evidencia documental de nuestro pasado colectivo?  ¿Hasta cuándo seguiremos permitiéndolo con nuestra cómplice indiferencia?

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