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Europa reacciona

Enviado el 17/05/2017

Las elecciones presidenciales en Francia, en las que Emmanuel Macron fue electo Presidente, han brindado alivio a quienes veían con suma preocupación el avance de la ultra derecha representada por el Frente Nacional y su candidata Marine Le Pen. Macron, en cambio, apuesta por la continuidad del proyecto comunitario europeo, valorando en sus planteamientos las ideas liberales, tanto en lo económico como en lo referido a libertades y derechos civiles. Por esta razón, los defensores de los modelos imperantes en lo político y en lo económico han vuelto a la calma después de semanas de preocupación.

Los resultados electorales de Francia corren en la misma dirección de los recientes comicios en Holanda, donde el favorito Geert Wilders, candidato de la extrema derecha, solo pudo quedar segundo, sin ninguna posibilidad de formar una colación de gobierno (propia de sistemas parlamentarios como ocurre en la mayoría de democracias europeas). Ambos resultados, especialmente el de Francia, representan un freno a la corriente populista de derecha que parecía imponerse a nivel global con los recientes triunfos de la alternativa a favor del Brexit en Reino Unido y la elección de Donald Trump como Presidente de los Estados Unidos. Tanto en Holanda como en Francia, las mayorías electorales han expresado claramente una opción diferente.

Pese a ello, los desafíos que enfrentan las democracias occidentales siguen en pie. Para empezar por lo más concreto, los vencedores no tienen la seguridad de contar con todo el poder para gobernar. En Holanda, el primer ministro Mark Rutte, que obtuvo algo más de la quinta parte de los votos, ha tenido que formar una coalición de gobierno con otras fuerzas. En Francia se celebrarán próximamente las elecciones parlamentarias, lo cual definirá si el Presidente electo (con un partido recién creado y que postula por primera vez) obtendrá una representación que le permita cierta gobernabilidad o tendrá que gobernar en absoluta minoría. En ambos casos, y sobre todo en Francia, la oposición política, pese a su derrota, tendrá presencia crítica en los parlamentos y en las calles.

Pero el desafío que los populismos de derecha plantean a la democracia va más allá del escenario de la política institucionalizada. La oferta electoral de líderes como el holandés Wilders, la francesa Le Pen o el estadounidense Trump crecen allí donde se vive el descontento de quienes se perciben como “perdedores” o “victimas” del mundo globalizado que habitamos. La disposición de sectores de la población de estos países (incluyendo a quienes tradicionalmente apoyaban a partidos de izquierda) a votar por opciones nacionalistas, conservadoras y xenófobas constituye un doble llamado de atención, tanto para la democracia como para el modelo económico imperante.

El mensaje parece ser: ni el desarrollo democrático occidental ni el liberalismo económico vigente parecen ser suficientes para garantizar la seguridad y el bienestar de parte de la población de estos países, que se perciben afectados por la globalización económica y sus diferentes dimensiones (internacionalización y liberalización de mercados, desplazamiento de lugares de contratación de fuerza de trabajo, presencia creciente de migrantes forzados por la pobreza o por la guerra, circulación de ideas y símbolos culturales que terminan minando las certezas “nacionales”). En ese sentido, resulta de una ceguera irresponsable insistir en un discurso monocorde sobre la supuesta victoria planetaria de la democracia y el liberalismo. Ello solo conducirá al fortalecimiento de las opciones extremistas de derecha de las que hoy Europa, en oportuna reacción, se ha salvado.

Pero aún si estas opciones no han alcanzado el gobierno, la política y la sociedad europea y mundial tendrán que convivir con ellas en los próximos años. Esto constituye un desafío adicional: la necesidad de enfrentarlas y derrotarlas con las armas de la política democrática. No se trata de una tarea sencilla por varias razones.

Primero, por el debilitamiento o la disolución de los partidos tradicionales. Por ejemplo, por vez primera desde el inicio de la V República, en la segunda vuelta electoral no participó ninguno de los partidos históricos franceses, y la elección la terminó ganando un movimiento nuevo. La aparición de partidos nuevos, si bien puede refrescar la vida política otorgando representación a sectores que se quedaron sin voz ante un escenario político demasiado institucionalizado, siempre trae el riesgo de la emergencia de políticos improvisados y oportunistas.

Segundo, porque aún si dichos partidos históricos permanecen, tienen que compartir espacio y poder con nuevas opciones políticas, como ocurre hoy en Holanda y España, y cada vez con mayor fuerza en toda Europa. Este nuevo escenario demanda un aprendizaje rápido de nuevas formas de actuación política, más orientadas hacia el diálogo y la generación de acuerdos o consensos, camino que, al menos en España, las distintas fuerzas políticas se niegan a transitar, sin entender que con este empecinamiento condenan a la democracia a un mayor debilitamiento.

Tercero, la importancia de identificar al enemigo mayor. Intuitivamente, la mayoría de electores holandeses y franceses le cerraron el paso a posibles gobiernos de ultra derecha, cuyas opciones representan opciones “semileales” o abiertamente “desleales” con la democracia, pues con su discurso y practica terminan socavándola (los términos entre comillas pertenecen a Juan Linz, La quiebra de las democracias). No entenderlo solo ayuda al extravío político, caracterizado en este caso por Jean-Luc Mélenchon, candidato de la izquierdista agrupación Francia Insumisa, quien en vez de enfrentar con absoluta firmeza la opción autoritaria del Frente Nacional, propuso la abstención en la segunda vuelta. Este extravío político no favorece tampoco una acción firme contra quienes no valoran la democracia como sistema político.

Este breve recuento de desafíos permite vislumbrar que la lucha política de los próximos años en Europa será de suma importancia para la continuidad de la vida democrática en dicho continente y en el mundo.

 

Twitter: @RivasJairo 

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