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Basadre, la vigencia de “La promesa de la vida peruana” (1944)

Enviado el 17/01/2018

En el Perú de mediados del siglo XX don Jorge Basadre Grohmann (Tacna, 1903-Lima, 1980) no fue únicamente nuestro gran “historiador de la República”.  Sentó también las bases de la moderna protección del patrimonio bibliográfico del país, como director y reconstructor de la Biblioteca Nacional incendiada en 1943.  Además, en esos años de la década de 1940, fue un destacado “intelectual público”, no solo porque fuese brevemente Ministro de Educación en el primer año del gobierno de José Luis Bustamante y Rivero (1945-1948), sino porque dirigió una revista cultural y de actualidad titulada significativamente ‘Historia’.

La revista, de periodicidad trimestral, publicó un total de 10 números entre 1943 y 1945.  A partir del cuarto, aparecieron acompañados de una serie monografías a modo de separatas, que llegaron a completar siete números cuando se culminó con la publicación de la décima y última entrega de ‘Historia’.  La primera de estas monografías fue un ensayo del propio Basadre titulado “La promesa de la vida peruana” (1944).

Este singular ensayo, que presenta de modo quizás alegórico algunas de las propuestas de carácter más político del autor, fue vuelto a publicar en varias oportunidades.  Formó parte del libro ‘Meditaciones sobre el destino histórico del Perú’ (Ediciones Huascarán, 1947); tuvo una edición popular titulada ‘La promesa de la vida peruana y otros ensayos’ (Juan Mejía Baca, 1958); formó parte de la compilación preparada por David Sobrevilla, ‘Perú, problema y posibilidad, y otros ensayos’ (Biblioteca Ayacucho, 1992); y apareció como folleto en 1984, 1990 y 2005.

Los fragmentos que siguen no solo sintetizan este importante texto de Basadre, sino que resaltan su validez en el presente año 2018.

¿Por qué se fundó la República?

“El Perú moderno --lo hemos dicho muchas veces-- es una continuidad en el tiempo.  A la época prehistórica debe, en parte, la base territorial y parte de la población.  De la época hispánica provienen también una base territorial, otro sector de la población y el contacto con la cultura de Occidente.  Y  la época de la Emancipación aporta el sentido de la independencia y de la soberanía.  Mas en esta última etapa, madura, asimismo, un elemento psicológico sutil que puede ser llamado la promesa. […]

“Los americanos se lanzaron a la osada aventura de la independencia no sólo en nombre de reivindicaciones humanas menudas: obtención de puestos públicos, ruptura del monopolio económico, etc.  Hubo en ellos también algo así como una angustia metafísica que se resolvió en la esperanza de que viviendo libres cumplirían su destino colectivo.  Esa angustia, que a la vez fue una esperanza, podría ser llamada la promesa.  Nada más lejos del elemento psicológico llamado la promesa que la barata retórica electoral periódica y comúnmente usada.  Se trata de algo colocado en un plano distinto de pasajeras banderías. […]

“Las nacionalidades hispanoamericanas tienen, pues, un signo dinámico en su ruta.  Su antecedente inmediato fue una guerra dura y larga; su origen lejano allá en la colonia, que algunos imaginan dormida o estática, un fenómeno de crecimiento espiritual dentro del proceso vertiginoso de la "transculturación" de la civilización occidental en este suelo simbólicamente llamado el "Nuevo Mundo".  Y por eso se explica que en el instante de su nacimiento como Estados soberanos, alejaran su mirada del ayer para volcarla con esperanza en el porvenir.

“Esperanza, promesa que se concretó dentro de un ideal de superación individual y colectiva que debía ser obtenido por el desarrollo integral de cada país, la explotación de sus riquezas, la defensa y acrecentamiento de su población, la creación de un mínimum de bienestar para cada ciudadano y de oportunidades  adecuadas para ellos. En cada país vino a ser, en resumen, una visión de poderío y de éxito, para cuyo cumplimiento podrían buscarse los medios o vínculos más variados de acuerdo con el ambiente de cada generación.

“En el caso concreto del Perú, sin saberlo, la promesa recogió algunos elementos ya existentes en el pasado, transformándolos.  Los incas para sus conquistas inicialmente procuraron hacer ver a las tribus cuya agregación al imperio buscaban, las perspectivas de una vida más ordenada y más próspera.  Más tarde, incorporado el Perú a la cultura occidental, su nombre sonó universalmente como  fascinador anuncio de riqueza y de bienestar.  También al fundarse la independencia, surgió un anhelo de concierto y comunidad: "Firme y feliz por la Unión", dijo por eso, el lema impreso en la moneda peruana.  Y surgió igualmente en la emancipación un anuncio de riqueza y de bienestar proveniente de las minas simbolizadas por la cornucopia grabada en el escudo nacional y de todas las riquezas que el Perú alberga en los demás reinos de la naturaleza, que el mismo escudo simboliza en la vicuña y en el árbol de la quina. Pero hubo un fermento adicional en la promesa republicana que el quipu inca y el pergamino colonial no pudieron ostentar porque ambos correspondían a un tipo de vida socialmente estratificada: el fermento igualitario, o sea el profundo contenido de reivindicación humana que alienta en el ideal emancipador y que tiene su máxima expresión en el "somos libres" del himno nacional. […]

“¿Para qué se fundó la República?  Para cumplir la promesa que en ella se simbolizó. […]

“[…] ¡Incrementar nuestra vitalidad como pueblo, lograr que eleve su nivel económico, intelectual, moral y social!  Recoger y proseguir, de acuerdo con el espíritu de cada momento histórico, lo que pudo haber de idealista, de progresista, de ímpetu de creación en quienes, en este suelo ungido por los siglos, dominaron a la naturaleza, fecundaron la tierra, fundaron hogares, crearon la Patria, dieron acento propio a nuestras cosas, simbolizaron, en suma, una actitud humanista, demócrata, liberal, social y creadora!  ¡Ser conscientes de la inmensa tarea que falta por hacer; exigir para el planteamiento y la solución de cada caso, dos cualidades, justicia y eficacia; organizarse en línea de agresión contra todas las inmoralidades de nuestra vida criolla, desde los grandes o pequeños peculados, hasta los gritos radicales o reaccionarios, los desbordes primitivos y la mentira de nuestros convencionalismos!  Querer un Perú en buena salud, no sólo por la acción, que debe ser fundamental y primordial sobre sus flagelos biológicos y sociales, sino también por la honestidad cívica.

“Eso es comprender y eso es querer cumplir en nuestros días la promesa de la vida peruana. […]

“[…] Ninguna de nuestras soluciones nos vendrá, pues, cocida y masticada de otros países, aunque sean hermanos, primos o prójimos.  Y, sobre todo, nada se podrá hacer a fondo si al país no le conmueve la conciencia de sí, si no afirma en esta hora feroz su querer existencial nacional.  Por eso, la promesa de la vida peruana atañe a la juventud para que la reviva, a los hombres de estudio en sus distintos campos para que la conviertan en plan, a la opinión pública en su sector consciente para que la convierta en propósito.

“Al leer esto no faltará quien haga una mueca de sarcasmo, de amargura o de cólera, creyendo que se le habla de cosas manoseadas, vacías o cínicas.  Porque la promesa de la vida peruana sentida con tanta sinceridad, con tanta fe y con tanta abnegación por próceres y tribunos, ha sido a menudo estafada o pisoteada por la obra coincidente de tres grandes enemigos de ella: los Podridos, los Congelados y los Incendiados.

“Los Podridos han prostituido y prostituyen palabras, conceptos hechos e instituciones al servicio exclusivo de sus medros, de sus granjerías, de sus instintos y sus apasionamientos.  Los Congelados se han encerrado dentro de ellos mismos, no miran sino a quienes son sus iguales y a quienes son sus dependientes, considerando que nadie más existe.  Los Incendiados se han quemado sin iluminar, se agitan sin construir.

“Los Podridos han hecho y hacen todo lo posible para que este país sea una charca; los Congelados lo ven como un páramo; y los Incendiados quisieran prender explosivos y verter venenos para que surja una gigantesca fogata.

“Que el Perú no se pierda por la obra o la inacción de los peruanos”.

Referencia:

Jorge Basadre. La promesa de la vida peruana [1944, 1990]. Lima: Instituto Constructor, 2005.

<http://movimientocivicoperuano.org/wp-content/uploads/2014/02/La_promesa_de_la_vida_peruana_BASADRE.pdf>

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