La impunidad del Mayor Samurái
Renzo Aroni
Testimonios de la barbarie en Chungui y Oreja de Perro
La noche del 14 de setiembre de 2010, en el Centro Cultural de la Universidad Nacional San Cristóbal de Ayacucho, conocí a Llaqtamaqta (joven del pueblo), apodo de José Montoya Ccaicuri. Con sólo 21 años, acababa de dar una charla sobre el problema del analfabetismo en Chungui. Le dije que estaba escribiendo un artículo sobre el mayor Samurái. Su respuesta fue: «Ése fue un sanguinario. Él mató a mi tío José Ccaicuri. Mi tío era vice-presidente del Comité de Autodefensa Civil de Chungui».
Efectivamente, el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) señala que «El capitán Samurái –responsable en la base [de Chungui] en 1985– es uno de los militares a quien la población señala como uno de los más sanguinarios y violentos militares que haya tenido la base de Chungui. Por ejemplo, el primer presidente del Comité de Defensa Civil (CDC) de Chungui, fue Maurino Quispe, quien por órdenes del capitán Samurái fue asesinado junto con su vice-presidente, José Ccaicuri en 1985. Las razones no resultan claras, sin embargo la gente presumen que Samurái lo castigó porque creía que era senderista». (1)
Si hay que localizar las peores atrocidades cometidas por Sendero Luminoso (SL) y el Estado durante el conflicto armado interno, éstas se produjeron en Oreja de Perro, tal como narran las entrevistas y testimonios recogidos por la CVR. (2)
Se llama Oreja de Perro a la zona sur del distrito de Chungui, situado en la provincia de La Mar, al noreste de Ayacucho, donde el Estado peruano hasta antes de los años de la reforma agraria se hacía presente con mecanismos de control perversos a través de los hacendados, quienes detentaban todo el poder. Con el colapso del sistema de haciendas, este poder local quedó debilitado y la sombra del «Estado oligárquico» (3) también se desvaneció. No obstante, los campesinos quechuas de Chungui y Oreja de Perro siguieron viviendo en el olvido.
Es en estas zonas alejadas con escasa o nula presencia del Estado donde SL inició su llamada «lucha armada» con el propósito de destruir el «viejo Estado» y construir uno «nuevo», para estas poblaciones en abandono y miseria, ofreciéndoles un poder en la personificación del presidente Gonzalo.
Sin embargo, lo que SL terminó instalando en la práctica es todo un aparato jerárquico y totalitario, utilizando medios políticos y simbólicos crueles e inhumanos del culto a la violencia –no olvidemos la cuota de la sangre y el sacrificio–. Coaccionando a la población, inculcó miedo en las «zonas liberadas», en las llamadas «retiradas» y en los campamentos donde SL tenía el control del poder absoluto, donde terminó matando despiadadamente a la población por la que decía luchar en su discurso inicial.
Por su parte, el Estado entró a la defensiva sin ninguna estrategia contrasubversiva que priorizara la defensa de la población, antes que suponerla su enemiga. Siguiendo los mismos patrones ofensivos de SL, a través de las fuerzas policiales y militares reprodujeron aún más las prácticas crueles e inhumanas, estableciendo como resguardo a los propios campesinos, transformados luego en ronderos, quienes junto a los efectivos policiales y militares arrasaron a sus compoblanos que vivían en los campamentos o retiradas senderistas –en los montes, parajes y cerros.
***
La violencia política en Chungui y Oreja de Perro se intensificó en 1984, con el establecimiento de las bases militares. El Ejército, luego de formar el CDC, arremetió cruelmente contra las comunidades donde SL había incursionado o había ordenado la retirada a los montes. Uno de estos militares más sanguinarios fue el jefe de la Base Contrasubversiva de Chungui entre fines de 1984 y 1986, el Mayor apodado Samurái, a quien los testimoniantes lo recuerdan con pavor.
«Este capitán, junto a otros militares, solía perseguir a la gente del pueblo para matarlos con el pretexto de que alimentaban a los senderistas» (CVR, Testimonio 202301). «Ese mayor era un asesino, a tanta gente ha matado» (CVR, Testimonio 202690).
El 12 de diciembre de 1984 llegaron dos helicópteros y trajeron aproximadamente 40 soldados de fuerzas especiales, al mando del mayor SAMORAI, capitán MOROTE, teniente AGUILAR y los sargentos PLATANARES y CAPACUTEC […] Ellos fueron los más sanguinarios. A la gente inocente han torturado, han violado a las mujeres, asesinaron a todos los detenidos, se apropiaron de los animales y vendían como si fuera de ellos, en las ferias de {ANDAHUAYLAS} y en {SACHARACCAY}, anexo del distrito de {ANCO}. Mataban al dueño de los animales para solo apropiarse de su ganado, saqueaban las casas para apropiarse de las pertenecías. Así mataron al señor CARDENAS, a su esposa y a sus hijos, a la familia VILCHEZ (CVR, Testimonio 202680).
Estos militares, al mando del mayor Samurái, entraron a matar con más brutalidad que los senderistas en una competencia por mostrar quién era más salvaje. Cargados de racismo y autoritarismo, reprodujeron discursos y prácticas políticas y simbólicas violentas al igual que el PCP-SL, como el hecho de cercenar el cuerpo de las víctimas antes de matarlos. Como dice un campesino de una comunidad de Oreja de Perro: «Los senderistas en forma definitiva mataban o maltrataban, le meten patada, pero al final le meten cuchillo y ahí nomás muere; pero los militares todo lado le cortaban, le sacaban los ojos y le sacaban la lengua, la oreja y lo mataban recién» (4).
La peor suerte corrían las mujeres cuando eran capturadas y sometidas a crueles tratos por los militares. Porque «el mayor ¬<SAMORAE> mataba a todos sin distinción, jóvenes, niños ancianos y mujeres, que a las mujeres jóvenes y viudas los llevaban al cuartel para violarlas» (CVR, Testimonio 202663). Por ejemplo, una mujer recuerda que entre 1985 a 1986, obligado por los militares de la base militar Chungui, preparaba comida. Ella dice: «cuando yo estaba en la cocina, entró un suboficial que no recuerdo su nombre, y a la fuerza me agarró y me ha violado». En otra ocasión vio como «los militares abusaban sexualmente a las mujeres detenidas». «Para cometer sus actos los obligaban a bañarse en el río». «Las detenidas tenían edades entre 13, 14 y 15 años, ellas se quejaban de los abusos, porque no podían caminar». Refiere que «los abusivos fueron el mayor SAMORAY, teniente AGUILAR» (CVR, Testimonio 204048). A veces, estas mujeres eran violadas reiteradas veces, luego les cercenaban sus cuerpos, los disparaban y f
inalmente las arrojaban al barranco o eran enterrados en las fosas comunes. Era una práctica generalizada de los militares en la que en algunos casos participaban ronderos para demostrar su masculinidad. Como refiere la siguiente entrevistada de la comunidad de Huallhua (Oreja de Perro):
Así cuando mi madre se escapaba lo agarraron, después de acorralarlo lo amarraron luego a mi madre sola de cada lado la llevaron a mi choza. En ahí, a patadas lo han agarrado y mi madre gritando estaba agarrando su mano (…). Luego empezaron a violar a mi mamá, uno en uno violaron los militares. Cuando terminaron ellos empezaron, los ronderos, a violar y el resto está mirando cuidadosamente. Cuando hizo esas cosas, mi mamá gritaba demasiado estrujando sus manos; después de violar han traído ya sus dedos, le había cortado (…). En eso se había estirado, luego seguían violando, como a una perra, cuando estuvimos viendo, por fin en ahí habrá muerto mi mamá. (5)
Otra evidencia de estos crímenes de lesa humanidad cometidos por el mayor Samurái, relatados en los testimonios, son las fosas comunes, donde yacen personas víctimas de desaparición forzada y ejecución extrajudicial. Algunas de estas fosas se encuentran en el mismo pueblo de Chungui y en sus periferias. Como relata el siguiente testimonio: «más abajo del colegio de Chungui, en una esquina del patio, [el mayor Samurái] mandó cavar una fosa y allí mandó a enterrar a mucha gente, aproximadamente unos 60. Y otros tantos más en el lugar denominado {CHUSCHIHUAYCCO}» (CVR, Testimonio 202663). Quizá la fosa de Chuschihuaycco, sea el lugar de entierro más grande y espantoso existente en Chungui, donde están los restos de muchos detenidos, capturados y asesinados en la base militar.
Para consumar la barbarie, las mismas víctimas tenían que cavar sus propias fosas. «¿Cuántas almas habrá en Chuschihuaycco?», alude uno de los retablos del antropólogo y retablista ayacuchano Edilberto Jiménez, que grafica esta realidad, a través de los testimonios que recogió en Chungui: «obligaron a las autoridades a escarbar una fosa, les vendaron los ojos y les asesinaron a balazos, después procedieron a enterrarlos en la fosa que las víctimas habían escarbado, ese día fueron muertos, VICTOR LIZANA, FELIX CARDENAS, CRISOSTOMO GUANACO VALENZUELA, FELICIANO CARDENAS CONDORI, TEODOCIO SARMIENTO GUZMAN, ARTEMIO CARDENAS CONDORI, […]. Los oficiales que estuvieron presentes y mataron a mucha gente, son el capitán LARA, capitán TERRONES y el mayor ZAMORAI» (CVR, Testimonio 203475).
La mayoría de estas víctimas enterradas en Chuschihuaycco, procedían de las distintas comunidades de la zona de Oreja de Perro, que fueron aprisionados en las retiradas y campamentos senderistas. Por ejemplo, la declarante del siguiente testimonio, refiere que cuando estuvieron en una retirada senderista, en el cerro ubicado en las alturas de la comunidad de Pallcca (Oreja de Perro), llegaron los militares de la base Chungui, quienes al sorprender a los supuestos senderistas en el momento que estaban comiendo «asesinaron a una cantidad aproximadamente de 380 personas». Recuerda el declarante que, el contingente militar «estaba comandado por el mayor SAMURÁI», quien les obligó a los soldados y ronderos a asesinar de un canto; también él mismo mandaba quemar las casas. «Después de asesinarlos los amontonaron los cadáveres y dejaron en un solo sitio». A los presos que han capturado los trajeron a mencionada base militar. Refiere que «los detenidos en la base de Chungui, después de torturarlos los asesinaron y los cadáveres fueron arrojados en el lugar denominado CHUSCHIHUAYCCO» (CVR, Testimonio 205269).
Otro testimonio señala que «ZAMORAE mató a muchas personas capturados en {CHAPI} –quienes vivían en el monte por miedo–, sacándoles por las noches con sus hijitos». También «asesinó a una mujer y a sus hijos, que vivía en la casa de la señora BENITA». De igual manera refiere que «mató a otra persona de {CHUSCHI}, caserío de {CHUNGUI}». A la señora ESPIRITA JARA, «porque sus tres hijos habían sido comprometidos con SL». A «FAUSTO TORRES CUADROS también les asesinó en el distrito de CHUNGUI». «Del otro hijo DIONISIO LEOS JARA, no saben nada, que pasó con él». (CVR, Testimonio 202660). Así la lista de asesinatos y desaparecidos sigue en cada testimonio que refieren al mayor Samurái.
El mayor Samurái también realizaba «ajusticiamiento popular» con los colaboradores de SL. Como refiere el relato del siguiente testimonio, «un muchacho del caserío de {ANCCEA}, distrito de {CHUNGUI}, había sido comprometido por SL. Enterado de la relación con SL, ZAMORAE envió a la tropa (grupo de soldados) y miembros de defensa civil de turno, quienes le capturaron y le llevaron a {CHUNGUI}. Y ZAMORAE mandó juntar a toda la población en la plaza del distrito y en un ciprés que anteriormente había en el medio de la plaza le ahorcaron, manifestando: así van a morir los que colaboran con SL» (CVR, Testimonio 202660).
«Esto habría ocurrido más o menos en el mes de abril de 1985 –refiere el declarante del testimonio en mención–, porque era época de elecciones». Agrega que «ZAMORAE, obligó a la población para que voten por ALAN GARCIA PEREZ, para la Presidencia de la Republica, porque era su amigo personal y compañero de estudios» (CVR, Testimonio 202660). El siguiente cuadro de los resultados electorales de abril de 1985 confirma lo dicho en el relato del testimonio citado. De 1 473 electores hábiles del distrito de Chungui, votaron 1 466 personas, y todos votaron por el Partido Aprista Peruano, para presidente, senadores y diputados. Sólo siete no acudieron a votar.
En medio de una tempestad de guerra, bajo el terror del mayor Samurái, los pobladores de Chungui acudieron a votar por el actual presidente peruano Alan García Pérez, para asumir su primer mandato (1985-1990). (6)
***
El 01 de setiembre de 2010, 25 años después, el presidente Alan García Pérez (2006-2011) dispuso el Decreto Legislativo 1097, que favorece a quienes se encuentran procesados por crímenes de guerra o de lesa humanidad como las ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas y otras graves violaciones contra los derechos humanos ocurridos durante la violencia política que atravesó Perú, entre 1980 y 2000. La norma obligaba a los jueces el archivamiento definitivo de los procesos judiciales, cuando el juicio excede el plazo de investigación fiscal establecido. Pero si estos procesos judiciales son prolongados por los obstáculos que interpone el propio Poder Ejecutivo, específicamente el Ministerio de Defensa, cuando se niegan a entregar el nombre de los militares involucrados en los crímenes de lesa humanidad, como la identidad del mayor Samurái, quien ni siquiera está acusado por todos estos graves crímenes, que relatan las víctimas sobrevivientes de Chungui y Oreja de Perro.
En la noche del 14 de setiembre, mientras compartía un lonche con Llaqtamaqta, los noticieros televisivos anunciaban la derogatoria de la norma por el Congreso de la República a solicitud del propio presidente Alan García, quién cedió, ante el pronunciamiento de diversas organizaciones de la sociedad civil, familiares de víctimas y la comunidad internacional. De hecho para la comunidad internacional, el Perú, la democracia los familiares de víctimas éstas son maniobras ilegales para que las violaciones a los derechos humanos permanezcan en la impunidad, como lo fue en el gobierno del ex presidente y hoy sentenciado principalmente por los crímenes de violación a derechos humanos, en los casos de Barrios Alto y La Cantuta, Alberto Fujimori Fujimori.
Llaqtamaqta (joven del pueblo), no solo es el apodo de José Montoya Ccaicuri, pariente lejano de los hermanos Rodrigo, Edwin y Luis Montoya del sur de Ayacucho, sino también es un género musical tradicional, propio del distrito de Chungui. Es entonado con la bandurria o la mandolina y es cantado con gran vigor y entusiasmo por los jóvenes de ambos sexos, que permiten conocerse mientras cantan y bailan, así como enamorarse y casarse. José Montoya me cuenta que durante la guerra, el llaqta maqta casi estuvo muerto, porque fueron perseguidos y asesinados muchos pobladores. Hoy los chunguinos que han sobrevivido a las tempestades de la guerra, no obstante, siguen cantando y bailando su llaqta maqta, que es considerado como el himno de su pueblo.
Sin embargo, los pobladores de Chungui aún siguen afrontando las secuelas de la guerra, la pobreza que los carcome, el olvido y la exclusión. Así como depositaron su confianza toda en el Presidente Alan García en 1985 para ser escuchados, hoy siguen reclamando que no olvide que los chunguinos también son peruanos. Por eso los comuneros crearon un canto con el llaqta maqta bajo el símbolo del picaflor, que tal vez con la alita de la avecilla podrían hacer llegar sus reclamos a Palacio de Gobierno y dialogar con el doctor Alan:
Picaflorcito, picaflorcito, tu alita préstame.
Si me prestas tu alita,
puedo entrar al pueblo de Lima, mi picaflorcito, puedo entrar al palacio.
Entrando al pueblo de Lima, entrando al palacio,
puedo conversar con el doctor Alan, picaflorcito,
puedo conversar con el doctor Alan. (7)
Notas
(1) CVR, Informe Final, Tomo V, Historias representativas de la violencia: “Los casos de Chungui y la de Oreja de Perro”, p. 108. Disponible en http://www.cverdad.org.pe/ifinal/index.php. Fecha de consulta: 15 de setiembre de 2010.
(2) Los testimonios que relatan sobre las acciones del mayor Samurái en Chungui y Oreja de Perro son: 205213; 202661; 202663; 100651; 202301; 205214; 204044; 204048; 205213; 204051; 204054; 204020; 204013; 204032; 204034; 202681; 202680; 202663; 202690; 202692; 203475; 202651; 202652; 202660; 205279; 205269; 205223. Agradezco a mi hermano Eloy Aroni por seleccionar los testimonios que refieren sobre el mayor Samurái. Así mismo, a Karina Fernández del Centro de Información para la Memoria Colectiva y los Derechos Humanos de la Defensoría del Pueblo (CI-DP), por brindarme una copia del relato y el audio de los testimonios mencionados. Por respeto a la integridad personal de los declarantes de los relatos de testimonios citados, no señalaré sus nombres ni sus apellidos ni su procedencia.
(3) Henry Pease, El ocaso del poder oligárquico. La lucha política en la escena oficial, 1968-1975. 2ª edic. Lima: DESCO, 1979.
(4) CI-DP/CVR-Entrevistas en Profundidad/ SR2-44-01/ Oronccoy. (F. C., campesino de Santa Carmen).
(5) CI-DP/CVR-Estudios en Profundidad/ SR2-40-01/07. (T. V., campesina de la comunidad de Huallhua).
(6) Véase el Informe Final CVR, Tomo VIII, “Explicando el conflicto armado interno”, p. 34. Disponible en http://www.cverdad.org.pe/ifinal/index.php. Fecha de consulta: 15 de setiembre de 2010.
(7) Esta canción fue citado por el antropólogo Carlos Iván Degregori, “Chungui: Viaje a los confines del Estado”, en Perú 21, 12/11/07.
Haykapikaman Suyasun
Programa Radial (Huanta)Entrevistado: Jorge Manco Zaconetti, especialista en hidrocarburos y energía :
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Tema: Sobre el Proyecto de Ley que busca incrementar el FOCAM
cuanta pesadilla para nuestro
cuanta pesadilla para nuestro hermanos, que pasaron esta realidad que ojalá nunca mas vuelva esta situación, la justicia peruan en si no es de creer, mucha gente morirá esperando y se reunirá con su ser mas querido que murió en el sufrimientto mas cruel Dios es grande y todopoderoso, quien cometió atropellos se que ya tien su castigo divino
cuanta pesadilla para nuestro
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Se llama Oreja de Perro a la zona sur del distrito de Chungui, situado en la provincia de La Mar, al noreste de Ayacucho, donde el Estado peruano hasta antes de los años de la reforma agraria se hacía presente con mecanismos de control perversos a través de los hacendados, quienes detentaban todo el poder.Maternity Wedding Dresses
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Terribles testimonios de una
Terribles testimonios de una crueldad sin razones y sin límites. Cuanta impunidad será enterrada con el paso del tiempo por la indiferencia de los encargados de la justicia del Perú.
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