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Naranja mecánica

Enviado el 13/09/2017

Ni Anthony Burgess hubiera imaginado un escenario tan distópico como este: un escenario de tres partes, en la que sólo una controla al resto como tristes marionetas. En esta distopía peruana, los titiriteros condicionan la conducta de sus marionetas con terapias y censuras aversivas, y violencias legitimadas.

Esta distopía impone un orden y moralidad conveniente sólo para un grupo (incluso reprimiendo derechos irrenunciables de minorías), provocando el rechazo de unos pocos y la ultraviolencia, a veces sin dirección, de los espectadores que se encuentran fuera de los escenarios; ¿y para qué? Para ser enfrentada, nuevamente, por su violencia legitimada, ordenada y reglada a su antojo. Es decir, mismos escenarios hipócritas, naranjistas caóticos, naranjas doblegadas; y una violencia asolapada, que al final, sigue siendo violencia.

Y es que, lo que buscan los titiriteros o naranjistas, al estilo Burgess, es mantener espectadores analfabetos, doblegar la libertad y pensamiento libre a través del condicionamiento e intimidación mayoritaria; y considerar a sus pares como seres conductuales, cosificándolos, y reduciéndolos a simples naranjas a quienes poder exprimir a su antojo.

Pero, al igual que en “La Naranja Mecánica”, el condicionamiento puede tener un fin; y bien podría ser, la cuestión de confianza, el camino hacia la libertad humana. Y entiéndase que, no se trata de defender a un gabinete o a una ministra, que buena o mala, una censura más sólo retrocederá lo poco avanzado: si decapitas un ministerio, paralizas los brazos y su trabajo realizado. Empezar de cero de nuevo.

La cuestión de confianza al igual que la censura, es un mecanismo constitucional de control; y luego de un abuso de control por parte del Legislativo (interpelación, y cesura, a diestra y siniestra) que condiciona la tarea de gobernar y el papel de gobernante a su antojo, es justificable una contra-respuesta a esta, y si ha de ser necesario, llegar hasta una disolución del parlamento y a su terapia correctiva conductual.

El mensaje de Burgess es bien simple, y lo debemos tener claro: el ser humano es libre, y la violencia, la maldad, y la conducta son elecciones libres también; y es imposible aplicar pseudo moralidades mecánicas, pues, el ser humano no es una naranja.

Y en este punto me pregunto, ¿es mejor ser un gobernante y ciudadano con errores y libertades, o una naranja más, adiestrada, sin voluntad ni derechos?

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