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Censos e identidades étnicas: ventajas y peligros

Enviado el 12/10/2016

Desde el año 1940 se dejó de considerar a la variable étnica dentro de los censos nacionales,  hecho que desde cierta perspectiva podría considerarse un avance dado que se dejó de utilizar  a las ‘razas’ en los documentos oficiales; sin embargo, esto tuvo poca relevancia en cuanto a desterrar las prácticas racistas de nuestra sociedad.  En ese año las autoridades reconocieron la dificultad para establecer criterios  evidentes en cuanto a las diferencias entre ‘blancos’ y  ‘mestizos’, optando por unir ambas categorías en los resultados finales. Así, en 1940 la población del Perú era 52.89% blanca o mestiza; 45.86% indígena; 0.68% asiática y 0.47% negra.  Desde esa fecha y hasta principios de este milenio no se registró mayor debate en cuanto a la pertinencia o no de considerar esa variable,  pero en los últimos años diversos esfuerzos han  logrado que ese aspecto sea nuevamente incorporado en el censo. Así, en el 2017 se nos preguntará por nuestros orígenes étnicos, por primera vez en la historia podremos decidir si queremos o no reconocernos como descendientes de un grupo en particular. Anteriormente no se podían escoger libremente las categorías ya que entre los funcionarios, las normativas y las costumbres, los censos registraban más bien las percepciones de los demás antes  que la mirada de los censados.

¿Es eso positivo? En principio sí. En nuestro país miles, quizá millones, de ciudadanos se identifican con sus orígenes étnicos, a quienes sistemáticamente se les ha negado el derecho de reconocerse parte  de una comunidad. Por otro lado, como muchas investigaciones han demostrado, muchos de estos compatriotas son parte de colectivos sistemáticamente ignorados, que históricamente han sufrido explotación y marginación, razones por las cuales su situación social, económica y cultural es muy desventajosa. Sin duda el censo permitiría reconocer con mayor precisión tanto su dimensión como su ubicación para lograr una mejor acción estatal.  Desde esta perspectiva el censo es una herramienta valiosa e imprescindible para la construcción de políticas que favorezcan a estas poblaciones.

Sin embargo, como suele ocurrir, hay peligros que deben ser debatidos y que merecen ser resueltos antes del  2017 para no repetir errores del pasado y que no contribuyen en nada a avanzar en la lucha contra el racismo imperante. La primera dificultad seria es la propia autodefinición en un país con múltiples orígenes. Si bien es cierto que la posibilidad  del auto reconocimiento es uno de los logros más importantes, este aspecto es muy complejo en la realidad peruana. ¿Cuántos habitantes de nuestro país podrían reconocerse como descendientes ‘puros’ de algún grupo? Además, si así fuera, corremos el grave peligro de establecer como criterio cierta pureza que por contraposición nos remite a mestizos, devolviéndonos al mundo colonial de las castas. Este hecho supone que la población tendrá que decidir en función de reconocerse en mayor o en menor parte integrante  de alguno de los grupos establecidos como originarios. Este aspecto conlleva el segundo peligro de tener que establecer algunos criterios para que las personas se auto identifiquen. ¿Qué aspectos se van a ofrecer? Por ahora parece que el color de piel u otros atributos externos son los que se muestran como los más obvios. En otros lugares, como en los Estados Unidos, los ancestros fueron obligados por ley  a reconocerse como ‘negros’, lo cual hoy permite que muchos norteamericanos puedan reconocerse como afros.  En nuestro país desde la etapa republicana y la abolición de la esclavitud se abandonó el uso de categorías étnicas en la documentación, salvo el caso de quienes pagaban la contribución indígena y de castas, situación que hace difícil, sino imposible, establecer con claridad los orígenes étnicos leídos como ‘razas’ en las poblaciones del pasado.  Por ejemplo, en el caso de los afrodescendientes, lo más frecuente es que los antepasados republicanos fueran anotados en los registros sin ninguna categoría étnica adicional, lo cual no permite establecer con claridad genealogías. Con estas dificultades, ¿cuáles deben ser los criterios que cada persona debe considerar para auto reconocerse?

En tercer lugar, muchas de las prácticas culturales que sustentan las identidades étnicas están distantes de la ‘pureza’, teniendo la gran mayoría algún aspecto que proviene de otro ambiente cultural. Instrumentos musicales, formas líricas, alimentos, juegos, religión, etcétera, muchas veces provienen del mundo occidental o de otras migraciones, lo cual no significa que su uso o adaptación le resten originalidad. Lo que sí es cierto es que algunos grupos en particular (negros, chinos, japoneses, etcétera) destacaron en el desarrollo de algunos elementos culturales que ahora son identificados como parte de sus tradiciones, pero que fueron producto de intensos intercambios culturales. Como ejemplo quisiera tomar una práctica polémica ciertamente, pero que más allá de esa característica me interesa por lo revelador de su origen. En la localidad de la Quebrada en Cañete se celebraba como parte de las tradiciones de origen afrodescendiente el ‘Festival del curruñau’, caracterizado por la ingesta de gato en homenaje a Santa Ifigenia.  Desde el año 2013 esa festividad se encuentra prohibida por orden judicial. Hoy en día esta cuestionada práctica se encuentra asociada con esa comunidad cañetana de origen afro; sin embargo, las fuentes coloniales y republicanas guardan silencio al respecto, lo que indica, posiblemente, que no fue en esa época en la cual se generó esta costumbre. Cabe señalar que para otros aspectos igualmente cuestionados las mismas fuentes sí  contienen información, tales como la sexualidad, hechicerías, etcétera.  Lo más probable es que esta práctica haya sido introducida por la población china, con menos prejuicios para consumir animales considerados mascotas, quienes al convivir con grupos de origen afro trasmitieron el polémico gusto, dando origen a una tradición considerada ahora  afroperuana.

Entonces, si la apariencia no es el factor más adecuado para definir identidades, dado que nos devuelve al mundo de las castas, y los elementos culturales tampoco son puros ¿qué sentido tiene hablar de identidades étnicas? La solución debería consistir en reconocer que los habitantes peruanos nos identificamos con algunas prácticas que son reivindicadas como parte del acervo cultural de algunos sectores, sin que esto implique apariencia personal alguna. Lo valioso de la experiencia peruana es que todos los grupos fueron receptivos para la incorporación de elementos en principio foráneos, enriqueciendo y al mismo tiempo manteniendo sus propias identidades. Por ello, pretender ahora reducir esa riqueza a algunas variables en particular sería ir contra ese proceso, sería ir, en definitiva, contra la historia.

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Si bien soy uno de los que ya en esos años notaron lo que para nosotros nos parecen roles contradictorios, ser paqo y alto misayoj al mismo tiempo que ser lider campesino de las federaciones, aparentemente en esa region y en esos tiempos los dos papeles y las dos funciones no eran incompatibles entre si. En mi libro tengo una pregunta directa a Fico Garcia si lo consideraba lider campesino o un alto misayoq, y Fico contesto que los dos. Si bien en la pelicula aparece mas como alto ... Leer más >>
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