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Un peruano pregunta

Enviado el 08/02/2012

Alfredo Quintanilla

¿Estamos marchando al desastre y no nos damos cuenta? Y no lo digo por el calentamiento global,  la crisis económica de los países centrales ni por la amenaza de agresión israelí contra Irán. ¿El debate de políticos sobre la lealtad a los programas y los votos que los sustentaron, es secundario? ¿Basta con haberle cerrado la puerta electoral al Movadef para que el pensamiento de Abimael Guzmán Reynoso (alias Gonzalo) desaparezca? ¿Representa el fujimorismo, responsable de crímenes contra la humanidad, la autoridad moral a la que debemos recurrir para combatir al senderismo redivivo? ¿Por eso Alan García Pérez (que tiene pendiente el juicio de la masacre de Accomarca) pide el indulto para Alberto Fujimori ¿Por eso vacila el inquilino de Palacio, pensando en el futuro indulto al hermano o en que,  tal vez, el crecimiento económico (que ya no es seguro que continúe) aliviará las tensiones y nos volverá a todos un poco pragmáticos (y sin moral)?

¿Por qué no podemos derrotar a las expresiones políticas de los criminales de ambos bandos y erguirnos como una sociedad democrática, segura de haber saldado cuentas con el pasado? ¿Acaso porque la verdad de la casi guerra que vivimos es relativa y moldeable para cada oído o cada bolsillo? ¿Puede resistir nuestra precaria democracia, con los demócratas medio arrinconados, al enfrentamiento de senderistas con fujimoristas aliados con los apristas? ¿Y los demócratas,  qué hacemos? ¿Miramos? ¿Nos refugiamos en la defensa de la gastronomía criolla? O es que también apostamos a que la estabilidad económica morigere todos los apetitos y todas las pasiones, eche un poco de tierra al pasado y olvidemos todo…

Gustavo Faverón ha criticado la desmedida reacción de miles de peruanos en contra de la opinión del escritor Iván Thays sobre la comida criolla cuando, por contraste, “proposiciones como “hay que perdonar a un ex dictador genocida” o “es aceptable que el Estado asesine gente inocente para mantener el orden” no son respondidas con furia semejante”

Puedo ensayar una respuesta: Porque no hemos podido, como nación, como multitud -y no como una capa ilustrada- vencer al aprismo y a la cultura política criolla. Y no se ha podido saldar esas cuentas con el aprismo de la hiperinflación y de las masacres que engendraron a la dictadura siguiente, por varios factores: una prensa que sólo le da asesinatos, calatas y fútbol al gran público y cero de información relevante; un sentido común que ve la política como intrínsecamente sucia y, por tanto, la deja en manos de los políticos profesionales, sin capacidad de controlarlos; una teología católica conservadora que genera beatas y beatos que pecan duro contra el prójimo en público y se golpean el pecho en privado (“ha cometido un pecado pero no un delito”, Luis Bedoya Reyes dixit); una burocracia endeble que no cumple la ley sino las órdenes de los pequeños jefes. Pero también, una socialización temprana que, para enfrentar las barreras de la discriminación, cría a “Pepe el vivo”, al oportunista, al que no es “chicha ni limonada”, al melifluo, al que critica a media voz y por la espalda,  en resumen, al que no se pelea con nadie, porque calcula que a la vuelta de la esquina puede necesitar favores de su temporal adversario. Ese “pacto infame de hablar a media voz” de los criollos ya había sido criticado por González Prada y recibió un sustancioso análisis de parte de Sebastián Salazar Bondy en su crítica a Lima, la horrible. Esa cultura política criolla que opta por el mal menor, que reelige al que fracasó;  por no hacer el esfuerzo y darse el trabajo de iniciar algo nuevo. Esa cultura criolla que prefiere al caudillo que exhibe la tele, porque razonar, exigir virtudes o trayectoria, cansa. Esa cultura política que ama la forma pero no la sustancia.

Causa indignación el cinismo del senderismo que aboga por la amnistía hablándole directamente a los que cometieron las masacres, como si millones de peruanos estuviéramos pintados en la pared y como si nuestro dolor fuera teatro, infeliz referencia de un poderoso que vela por el interés de su gremio y no por el interés general. Subleva el cinismo del que fue librado de los juicios de corrupción, no porque fuera declarado inocente por un juez, sino porque la ley dictó la prescripción del delito (otra jugarreta de los políticos y abogados criollos que se cubren las espaldas). Indigna el cinismo de los que se niegan a arrepentirse de los crímenes y robos del pasado y trapean el piso con la palabra “democracia”, confiando en el cubileteo parlamentario para volver al poder.

Cuando los nazis fueron derrotados, la transición a la democracia tuvo que resolver el problema de erradicar su ideología de las mentes de sus cómplices, que eran los alemanes y austriacos de a pie. Transición que no ha terminado (a veces se retrocede, como en el caso peruano) como lo prueba la fuerza del neonazismo en Austria. Theodor Adorno llegó a la conclusión que había una socialización básica en las familias que construía una personalidad autoritaria lista para recibir y cumplir órdenes sin dudas ni murmuraciones, de pensamiento simple y dogmático, intolerante a la contradicción, porque le generaba angustia. Como en terreno abonado, sobre esas personalidades autoritarias se impuso el nazismo. A describir esas contradicciones de la transición democrática alemana (y también de su milagro económico) dedicó su literatura Heinrich Böll, como lo están haciendo en el Perú  Colchado, Cueto, Thays y otros, en sus novelas sobre la guerra interna. A esa re-visión ha hecho una contribución inmensa la CVR con su Informe, texto que prevalecerá, sobre los denuestos de una Derecha Bruta y Achorada  y su “Napoleón” de Larco Herrera.

Vuelvo a preguntar ¿estamos caminando al abismo? “El verdadero suicidio de la democracia es, entonces, no hacer los cambios necesarios para canalizar las demandas sociales embalsadas por décadas; seguir ganando elecciones para gobernar con el programa de los que las pierden” ha escrito Cecilia Méndez y creo que tiene razón. ¿Qué podemos hacer los enterados, pero sin Poder, los náufragos con experiencia?

 

Comentarios (1)

Creo que mucho, buen amigo,

Creo que mucho, buen amigo, en primer lugar levantar la voz para despertarnos del letargo en que se vive con una opinión pública centrada en una prensa sensacionalista y poco reflexiva. Levantar la voz para escucharnos a nosotros mismo: ¿a dónde estamos yendo?
Hay miles de personas que se incorporan con la marcha del agua y aún no reaccionamos. Algunas voces sueltas que comienzan a reconocer a la CVR, Pero sigue primando el silencio o hablar a media voz para no ganarse enemigos. Hacernos creer que toda voz que se deja escuhcar es antiminera, mientras los medios de comunicación siguen con los accidentes y los crímenes, y se sigue silenciando los problemas de fondo.
Tu pegunta también es la mía y de muchos que no escriben por no comprometerse o no entrometerse para no distraer los ruidos de la prensa millonaria. ¿A donde vamos? ¿Estmos suicidando o queremos enterrar la democracia? Quizás se añora otros tiempos de la corrupción y la violencia.
Somos el país de los mudos o sólo preferimos pensar y no hablar...

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Comentario Destacado
es verdad los que compran el oro a los mineros informales estan haciendo de las suyas pagando el precio q ellos kieren y en realidad el precio no a cambiado quisiera saber si es verdad que a ellos les estan descontado el 20 porciento de la venta del oro q ellos compran porq esa es la escusa q ellos ponen o dicen q nadies quiere comprar el precio en ica esta entre 50 y 70 el cual antes estaba en 100 y 120 Leer más >>
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