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La excesiva libertad del poder económico ha terminado afectando el bienestar de la ciudadanía

Enviado el 06/12/2017
Por: 
Omar Rosel

La medida de prisión preventiva dictada por el Primer Juzgado de Investigación Preparatoria Nacional contra Fernando Camet Piccone (JJ Camet), José Castillo Dibós (ICCGSA) y Hernando  Graña Acuña, Gonzalo Ferraro Rey y José Graña Miró Quesada (Graña y Montero), por haber entregado dinero para sobornar al ex presidente Alejandro Toledo para la entrega de la buena pro de la construcción de la Carretera Interoceánica Sur, revela el nivel de corrupción a la que hemos llegado. Al respecto Noticias SER conversó con Carmen Ilizarbe, Directora Ejecutiva del Centro de Investigaciones Sociológicas, Económicas, Políticas y Antropológicas (CISEPA).

¿Cómo definiría al contexto político que vive nuestro país, que deja muy mal parado a diversos ex gobernantes, organizaciones políticas partidarias y también empresarios?

Me parece que es un momento en el que se hace visible que nuestro sistema político, así como el modelo económico, generan una situación crítica que nos reclama acciones de cambio en el país. Estamos viendo que la corrupción afecta a todos los presidentes de los últimos años que fueron elegidos democráticamente. Lo otro es que no se han establecido mecanismos que nos permitan asegurar la transparencia y las buenas prácticas gubernamentales. Y no han garantizado que los gobernantes y los políticos prioricen el bienestar público y la transparencia de sus actos. Asimismo, estamos viendo que la excesiva libertad del poder económico ha terminado afectando al bienestar de la ciudadanía. Nuestra sociedad sufre porque no tenemos controles suficientes a nivel político.

¿Cuál es la explicación para que desde el 2001, fecha que se recuperó la democracia, no se logrado construir esos controles?

Aquí vamos a entrar en un terreno que suena como clisé, que es el problema de que no tenemos partidos, así como la pérdida de legitimidad de las instituciones representativas. El hecho que el sistema de partidos haya colapsado a fines del siglo pasado y que no se haya podido reconstituir en lo que va de este siglo, es sintomático expresa una crisis muy profunda. Ya no tenemos partidos políticos con programas, con planes que respondan a la ciudadanía y que desarrollan programas para mejorar las condiciones de vida y la situación del país en general. Lo que tenemos son políticos que se venden como productos al mejor postor y cuando llegan a los cargos no sienten la responsabilidad de responder por sus promesas.

¿Cómo calificaría la respuesta de las diversas bancadas parlamentarias a este contexto político, porque tampoco parecen tener respuestas para salir de esta situación?

Lo que tenemos en el Congreso, es una situación bastante irregular: Una bancada mayoritaria con una fuerza descomunal, desproporcional, y que es un problema de nuestro sistema electoral. Así tenemos una bancada que opera de manera arbitraria en función de sus intereses, porque no sabemos cuál es el programa del fujimorismo, más allá de liberar a Fujimori. Es una organización que no es transparente, que no rinde cuentas y que se ha dedicado a boicotear las labores del gobierno central. La propia bancada del gobierno es una bancada pequeña que no está consolidada ni es unitaria, y hasta resulta difícil entender porque se dispersan. Luego tenemos la pequeña bancada del APRA, que no estaría en el Congreso si no fuera por el pequeño empujón del PPC y juega para sus objetivos particulares, a veces al lado del fujimorismo, y otras intentando distanciarse un poco. Y una izquierda que se ha partido y que es difícil entender las razones de la división. El Congreso ha dejado de ser hace mucho tiempo el espacio de deliberación, de reflexión, de apertura a la ciudadanía y de legislación de cuestiones importantes para el país. Y en este período eso se expresa de manera grotesca.

La forma como viene actuando la el fujimorismo, ¿les restará réditos ante la ciudadanía?

Creo que sí, porque la imagen de un fujimorismo, que no acepta las reglas del juego básicas de la democracia, que significa que una derrota electoral tiene que aceptarse y hay que esperar hasta la próxima elección si quiere ser gobierno. Su mandato no es, como dijo Keiko Fujimori, hacer oposición, sino legislar y representar las necesidades de una población diversa y eso no lo está haciendo el fujimorismo y, creo que eso lo está sintiendo en la población. El Perú tiene problemas muy grandes y el fujimorismo lo que hace es obstaculizar al gobierno. Por otro lado, la lideresa del fujimorismo, está claramente involucrada en el escándalo de Odebrecht y tenemos una comisión que trabaja para lavarle la cara, mientras intentan en el escenario mediático que la política sea un espectáculo. Hacen una telenovela con un tema importantísimo que corresponde a la acción del Poder Judicial, no al del Congreso.

A pesar de lo que se ha ido revelando sobre aporte s de Odebrecht en las campañas y pago para direccionar licitaciones ¿por qué la ciudadanía no se moviliza con fuerza?

Yo creo que hay una sensación de desesperanza y desilusión muy fuerte, es un golpe duro pensar que la democracia que tanto nos costó recuperar y que es relativamente joven se encuentre en esta situación, porque todos esperaban que las cosas funcionen mejor. Esta coyuntura también debería implicar lecciones importantes para nosotros y entender que la política democrática exige la participación activa de la ciudadanía y activa quiere decir informada, enterada, vigilante y propositiva.  Para eso hay que tomar todos los espacios que se puedan para participar de forma responsable en las decisiones públicas, porque en los últimos años, en el Perú, se han creado un conjunto de mecanismos que favorecen la participación ciudadana, que operan con defectos, y que debemos asumirlos como ciudadanos y ciudadanas.  No solamente debe ser nuestro interés reclamar por protestar, por vocear nuestro descontento, sino tenemos que empezar a ocupar los espacios que la democracia nos exige. Tenemos que ensanchar el espacio de la praxis política para que no solamente sea de las organizaciones político-electorales o de los poderes económicos y financieros, tenemos que hacerla más nuestra.

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